Consejos para sobrevivir a las comidas de Navidad

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Se ha calculado que para digerir los alimentos consumidos de forma habitual en la cena de nochebuena o fin de año, se necesita mucho más tiempo del habitual, concretamente entre 10-12 horas con el fin de conseguir una digestión apropiada. Evidentemente este espacio de tiempo nadie lo cumple por que a una cena abundante le sigue una comida tanto o más copiosa.

Excesos
Este y otros datos hacen que ya algunas semanas antes de esas fechas, el estómago e intestino griten algo así como “¡Socorro, llega la Navidad!”. Unos y otros claudicaremos ante platos abundantes y bien surtidos que, junto a las prolongadas sobremesas ahogadas en generosos vinos y licores, facilitarán el desfallecimiento del estómago e intestino, hasta que protesten en forma de pirosis (acidez de estómago), naúseas, vómitos, cólicos, diarreas, etc.

Los excesos no solo se producen en cantidad (estos días multiplicamos por 3 ó 4 nuestras necesidades calóricas diarias), sino también en calidad por dos motivos fundamentales. El primero, al excedernos en salsas, especias, condimentos, picantes, café, alcohol, etc. El segundo, porque con frecuencia reducimos nuestras exigencias de calidad ante la elevada demanda de los productos que compramos, y que podemos pagarlo con alguna que otra gastroenteritis.

Mejor prevenir…
Hay ciertas reglas básicas que pueden ayudarle a proteger su aparato digestivo y colaborar en el disfrute de estos días: planifique de antemano las comidas familiares y otros compromisos para que no se sucedan una detrás de otra; el estomago también tiene derecho a “oxigenarse”. Evite el consumo excesivo de alimentos; recuerde que la cantidad no hace la calidad y, por supuesto, nunca el bienestar. Mastique bien los alimentos para que luego el estómago tenga menos trabajo; no consuma alcohol de forma aislada, hágalo siempre acompañado de alimentos y procurando no mezclar distintas bebidas alcohólicas.

Tampoco conviene abusar de los alimentos picantes, los presentados a temperaturas extremas o los excesivamente condimentados. Las bebidas gaseosas y el exceso de alimentos también son malos compañeros en el estómago, ya que favorecen la salida de ácidos hacia el esófago y la faringe, en dirección a la boca; el consumo de infusiones después de la comida ayuda a una mejor digestión. Por último, nunca se acueste antes de 2-3 horas después de la última comida, tiempo suficiente para que se realice la actividad gástrica más importante.

Bebidas alcohólicas
Durante estos días quien más quien menos, consume algo de alcohol “forzado” por el ambiente. Recuerde que el valor calórico de estas bebidas es muy elevado (una copa de whisky equivale casi 3 yogures), con lo cual “ocupa” el lugar de auténticos alimentos; razón suficiente para no consumir alcohol antes de las comidas y hacerlo con moderación dentro de ellas. Si después tiene que conducir debe saber que bastan 2-3 vasos de vino para dar positivo en el control de alcoholemia, amén de afectar su integridad neurológica (reflejos, atención y concentración se reduce).

Las mezclas son muy agresivas para el estómago y aunque de forma inmediata puedan no afectarle, a la vuelta de la esquina pueden estar esperándole problemas hepáticos, de tensión arterial, hipercolesterolemia, etc. Si no es capaz de ordenar su actividad durante estos días, tenga por seguro que los excesos le pasarán factura en forma de dolores de cabeza, resacas, enfriamientos, ronqueras, afonías, acidez gástrica, diarrea, calambres musculares por fatiga, etc.

Remedios caseros
Por si estos desagradables visitantes le hicieran compañía, tenga a mano infusiones de manzanilla, limonada alcalina, miel, infusiones de lavanda o caramelos de menta. En cualquier caso es fundamental que guarde las oportunas horas de reposo (entre 6-8 como mínimo), en especial después de las noches “movidas”. Si puede, no olvide hacer algo de ejercicio cada día (andar, correr, nadar, etc.) para desintoxicar su organismo. Con estas sencillas normas le garantizamos que disfrutará de una entrada en el nuevo año feliz y dichosa.

Tradiciones navideñas

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El final del año significa renovación y mejora; superar lo antiguo e inútil y esperar lo nuevo alejando malas influencias y tristes augurios. Las tradiciones populares y paganas que evidencian estos buenos deseos se vieron asociadas inevitablemente a la historia cristiana. Adoptadas por ésta e interpretadas según los designios de Dios. Las ancestrales costumbres han variado según los pueblos y las épocas hasta entrelazar un tejido tradicional que es común al mundo cristiano y que se asocia a otras comunidades a través de los medios de comunicación.

El árbol
Se cree que el origen está en la costumbre escandinava de decorar la casa y el establo con ramas de hojas perennes en el Año Nuevo para ahuyentar al demonio. La versión navideña por excelencia, con distintos adornos y regalos, procede de Alemania, donde, en un principio simbolizaba el árbol del Paraíso. La influencia luterana hizo que sustituyera al católico Belén. Después, en el siglo XIX, se fue implantado en las Cortes europeas por mediación de Elena de Orleans en Francia y del príncipe Alberto en Inglaterra. Desde entonces se extendió por el imperio victoriano. Los misioneros estadounidenses lo llevaron a China y Japón y en este siglo, las películas se han encargado de incluirlo en las casas más católicas.

Los belenes o pesebres
Han sido desde siempre la escenografía del nacimiento de Cristo. El Renacimiento constituyó un gran impulso para la tradición artística de los pesebres. Los reformistas protestantes atacaron estas manifestaciones como semirreligiosas, lo que provocó una reacción católica, especialmente entre los jesuitas, para hacer de la tradición un arte y llevarlo a todos los hogares. Durante los siglos XVII, XVIII y XIX en las casas de los más ricos se invertían fortunas en los belenes, y los más modestos se conformaban con construir sus figuras con los trajes regionales de cada provincia o con hacer belenes portátiles, que iban pasando de casa en casa.

Los regalos
Los presentes mutuos ya se realizaban entre los primeros cristianos durante la Navidad para demostrar la generosidad, la alegría por el nacimiento de Cristo y el deseo de compartir. En el siglo XVIII surgieron en Alemania las tarjetas de felicitación con lo que se preservó la tradición de manera mucho menos costosa.

Las uvas
Tradición española que tiene que ver con el concepto bíblico de vid: vida. Cada fruto de la vid representa fortuna y buenos augurios, por ello se comen con el Año Nuevo.

Otras costumbres
En algunos países del norte de Europa se suponía que la semilla del helecho florece la noche de Navidad y el que la recoja esa noche puede obligar al diablo a que le traiga un saco de monedas. Entre los gallegos era tradición que al término de la cena salieran los chiquillos a apedrear los árboles para que diesen abundantes frutos. Es curioso que un ritual muy similar se registre en Japón durante el fin de año. Por otro lado, en Siria y en Egipto, al llegar la medianoche salían los sacerdotes al exterior de los templos gritando: “¡La Virgen ha parido! ¡La luz está aumentado!”.

Alimentos precocinados

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Pastas, ensaladas, croquetas, empanadillas, menestras, paellas…La lista de alimentos precocinados es cada vez más amplia, al igual que su público. Es indudable que la posibilidad de hacer una sopa en tres minutos, o una paella en diez y sin manchar ni una cazuela ni un mueble en toda la cocina, es una idea más que tentadora; pero la prisa no siempre es buena consejera de la alimentación saludable.

No es oro todo lo que reluce y este tipo de productos no son los más indicado, al menos para consumirlos todos los días. Aunque sea una verdadera lástima, hay que reconocer que las comidas preparadas no son tan nutritivas como las caseras, esas que, en ocasiones, llevan toda una mañana. La razón de esto es que generalmente dichos alimentos ya están cocidos, por lo que pierden una gran cantidad de nutrimentos. Además, cada vez que se calientan abandonan buena parte de su aporte de vitaminas.
Otro de sus inconvenientes es que suelen ser platos muy condimentados y a veces demasiado fuertes, por lo que provocan digestiones pesadas. Por otro lado, contienen más azúcar y sal que los que se realizan en casa, entre otras cosas, porque el sodio se utiliza desde hace siglos como conservante y se sigue haciendo.

Sal y calorías
Desde hace apenas tres o cuatro años han proliferado los preparados que van precedidos de etiquetas con denominaciones del tipo “sin colesterol” o “light”. Incluso en estos alimentos, la cantidad de sal es casi siempre más elevada de la necesaria.

El valor energético de estos alimentos es mayor que el de los frescos, por lo que hay que tener mucho cuidado con los posibles aumentos de peso. De hecho, mucha gente engorda cuando se independiza, y la razón no es otra que el aumento de consumo de este tipo de preparados. Por eso, es importante controlar los kilos en las épocas en las que la alimentación tenga como base los alimentos precocinados, y que todos los nutricionistas recomiendan que sean las menores posibles.

Colesterol
Las grasas saturadas -principales culpables de los niveles altos de colesterol en sangre- son demasiado abundantes en los preparados alimenticios debido, sobre todo, en las salsas, los condimentos o, sencillamente, los ingredientes que se emplean en su fabricación. Por eso, y por la gran cantidad de aditivos que llevan, no conviene abusar del consumo de estos productos. Es mucho más sano cocer los alimentos o hacerlos a la plancha.

Duración
Los alimentos precocinados suelen estar compuestos, entre otras cosas, de conservantes, colorantes, antiapelmazantes, etc. Aunque también llevan alimentos frescos también, lo hacen en cantidades mucho menores. En cualquier caso, los aditivos tienen determinados beneficios, como el mayor tiempo de conservación. Ésta es, precisamente, una de sus grandes ventajas: se mantienen en perfecto estado durante varios meses.

Otras ventajas
Pero su larga duración no es su única virtud; la comodidad y la variedad son sus compañeros de viaje. Y, por si eso fuera poco, además ofrecen la posibilidad de probar algunos platos pertenecientes a la cocina internacional que, de otro modo, no degustaríamos.

En definitiva, los precocinados no son los alimentos más nutritivos del mercado, pero tampoco hay que considerarlos como una lacra. Simplemente hay que consumirlos de forma ocasional y no como base de la dieta.

Alimentación y deporte

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La práctica de ejercicio produce un gran desgaste de energía. Esa es la razón por la que los deportistas tienen unas necesidades alimenticias algo diferentes a las de las personas que llevan una vida sedentaria. De hecho, el gasto energético de un adulto sedentario está entre las 2.000 y las 3.000 kilocalorías diarias, mientras que el de un individuo que practica bastante deporte aumenta en unas 500 o 1000 kilocalorías.

Los alimentos mágicos que consiguen un mayor rendimiento son sólo un mito. Para que un atleta obtenga los mejores resultados y no sólo a corto plazo –lo que generalmente sería perjudicial para la salud-, debe llevar de forma habitual una dieta adecuada para ese sobre esfuerzo y para que éste no pase factura al cabo de un tiempo.

A pesar de que todo esto parece evidente y fácil de asimilar, no es así. Un estudio realizado en 1997 por la doctora Elena Quintas afirmaba que las atletas españolas no suelen seguir una alimentación adecuada a sus necesidades. Incluso llegaba a afirmar que no presentan “hábitos alimentarios más saludables que la población sedentaria”.

Una de las características de su alimentación la marca la gran cantidad de carbohidratos que deben ingerir, hasta el 67% en caso de deportistas de resistencia, de modo que en una dieta de 3000 kilocalorías, unas 1.900 deben proceder de estos nutrientes. Y es que es la principal fuente de energía para el organismo, ya que goza de una alta rentabilidad.

Se almacenan en forma de glucógeno en el hígado y el músculo. Esta sustancia es la que, por un lado, alimenta el cerebro a base de glucosa; y por otra abastece las necesidades del músculo para realizar el trabajo derivado del desarrollo de la actividad deportiva.

La importancia de los lípidos
Cuando se acaba con las reservas de glucógeno, el cuerpo echa mano de los lípidos (triglicéridos), menos rentables energéticamente que los anteriores, pero mucho más abundantes. Además, son el mejor combustible en pruebas de larga duración. Al aumentar la cantidad de carbohidratos hasta un 70%, el consumo de grasas debe representar el 30% de la dieta aproximadamente.

Este porcentaje sólo es recomendable superarlo en caso de deportes de resistencia y nunca más del 35%. Se aconseja que por lo menos dos quintas partes de las grasas que se consumen sean vegetales. Hay que tener en cuenta que los lípidos, además, aportan vitaminas liposolubles A, D y E.

Dos son las razones por las que las proteínas son importantes para los deportistas. Por un lado, su participación como enzimas en las reacciones metabólicas; por otro, su escasa participación como sustrato energético. De hecho, sólo funcionan así cuando se han agotado las reservas de lípidos e hidratos de carbono. La cantidad media recomendada para deportistas de resistencia y velocidad está entorno a 1,5 o 1,7 gramos por kilo de peso.

El calcio y el hierro son vitales en la dieta de cualquiera. Los especialistas recomiendan que el consumo del primero se aumente en los deportistas adolescentes, cuyos requerimientos son mayores al estar en fase de crecimiento, ya que es determinante en la solidez de la estructura ósea. La carencia de hierro disminuye el rendimiento, la concentración, la fuerza y la potencia, al tiempo que aumenta el cansancio.

¿Cómo influye la inflación en la economía doméstica?

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La palabra inflación aparece casi todos los días en los medios de comunicación. Sin embargo, hay personas que creen que se trata de algo que solo debe preocupar a los economistas y grandes empresarios. Nada mas lejos de la realidad; la inflación afecta por igual a toda la sociedad.

¿Qué es la inflación?
Según el Diccionario de Economía y Negocios, de la auditora Arthur Andersen, es: “La elevación general del nivel de precios que normalmente es medida con el Indice de Precios al Consumo (IPC). Produce una disminución del poder adquisitivo del dinero, y no afecta a todos los sectores o personas por igual, pues los precios o las rentas no crecen en igual proporción para unos u otros”.

Pero, ¿por qué hay inflación? Sus causas son variadas y además, ni siquiera todos los economistas se ponen de acuerdo para conjuntarlas, aunque sí coinciden en señalar un grupo de ellas como las más importantes.

Causas de la inflación
En primer lugar los expertos en economía apuntan como una causa importante en el desarrollo de la inflación, que el nivel de ingresos, del país aumente, ya que esto motiva que la gente gaste más dinero y los precios se elevan, debido a la ley de la oferta y la demanda.

Esta ley funciona de forma muy mecánica; existen más compradores, mientras los productores fabrican más para satisfacer esa demanda y los vendedores, llevados por la alta demanda de los consumidores, suben los precios de los productos.

Otra causa importante que los economistas citan es el hecho de que algunos factores necesarios para la producción incrementen su precio, por ejemplo, que suba la gasolina o que los trabajadores exijan subida de salarios. El empresario repercutirá esas subidas en los precios que se incrementarán.

Y otro de los factores que incluyen la mayoría de los expertos es el aumento de los beneficios empresariales. Esto es, que los empresarios quieran aumentar su cuota de beneficios, para lo cual, si hay una buena demanda, pueden aumentar los precios y por lo tanto, ganar más sin disminuir sus ventas.

Consecuencias
El hecho de que haya inflación significa que con el mismo dinero de antes, se pueden comprar menos cosas, con lo cual, el consumidor pierde poder adquisitivo. Además, no todos los productos tienden a cambiar de igual forma sus precios, con lo cual se dan distorsiones en el mercado; algunas consecuencias son que no se sabe qué es lo más demandado y se producen artículos que nadie compra.

Por otra parte, en una economía abierta al mercado exterior, la inflación hace que el precio de los productos nacionales sea más alto que los extranjeros, con lo que el consumo de artículos nacionales descenderá a favor de los importados de fuera, más baratos en relación con los productos del país.

Efecto bola de nieve
Pero los principales efectos negativos para el bolsillo de los consumidores son los que se derivan de las políticas económicas que intentan frenar la inflación. Estas políticas las lleva a cabo el Banco Central Europeo en todos los países de la Unión Europea; el objetivo último es disminuir el consumo y que así bajen los precios. Para lograr esto se encarecen los tipos de interés, con lo cual por ejemplo una hipoteca que esté a está a tipo variable o, pedir un crédito personal costará más que antes de que creciera la inflación. El resultado es una cadena que afecta a toda la sociedad.

Al subir los tipos de interés del dinero, los empresarios, por ejemplo, pedirán menos prestado y de esta forma, invertirán menos porque hacerlo será más caro y, si se invierte menos, se producirá también menos, con lo que no se contratará menos mano de obra y aumentará el paro.

Pautas de consumo
Para medir la inflación se utiliza el IPC, que está compuesto por el precio de distintos bienes que conforman la cesta de la compra habitual. Actualmente, los grupos de bienes de primera necesidad –alimentos, calzado y textil-, van perdiendo peso en la cesta de la compra para aumentar el consumo de grupos como la vivienda, transportes y comunicaciones. Y es que cada época y sociedad tiene sus prioridades, que son las que realmente harán subir la inflación si se encaracen productos que se consideran relamnete necesarios o que s econsumen con asiduidad.

Por qjemplo, las familias de hoy adquieren mayor cantidad de bienes duraderos, como consecuencia del desarrollo de la industria productiva nacional.

Y es que el desarrollo de la economía está íntimamente ligado al desarrollo de la sociedad; de hecho, el crecimiento económico ha provocado cambios en la sociedad que se reflejan en el consumo como el incremento del tiempo libre y ocio, desarrollo de los grandes núcleos urbanos, etc.

Mantenimiento del coche en el invierno

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Las condiciones meteorológicas adversas pueden llegar a ser mortales en la carretera si no se toman las precauciones necesarias.

Los datos publicados por al Dirección General de Tráfico apuntan a noviembre, diciembre, enero y febrero, como los meses en los que más accidentes se producen durante las horas comprendidas entre el crepúsculo y el alba.

En 1998 la climatología fue la responsable de que el mes de diciembre fuera el segundo en cuanto a accidentes mortales se refiere, superado únicamente por agosto, período en el que mayor movilidad de coches hay en las carreteras, por ser el mes de vacaciones por excelencia.

Según datos del Departamento de Asistencia en carretera del RACE en España, los accidentes motivan en invierno –período de los meses que van de noviembre a febrero- el 13% de los servicios de asistencia, mientras que en los meses estivales -de junio a septiembre- los siniestros suponen únicamente el 10% de los servicios prestados.

A pesar de que durante esos cuatro meses de invierno se presta una menor cantidad de servicios (–18%) con respecto al verano, el número total de accidentes sufre un aumento del 6%.

El peligro de la reducción de visibilidad
Indudablemente, los dos elementos más incómodos para la conducción en invierno son la reducción de la visibilidad –por lo que hay que procurar que los faros estén en perfecto estado- y la disminución de la adherencia entre el neumático y la calzada –es importante vigilar la profundidad del dibujo-.

La reducción de visibilidad es consecuencia directa de la disminución del número de horas en las que se dispone de luz natural suficiente –el riesgo de sufrir un accidente es varias veces superior con escasa visibilidad-.

Neumáticos
En cuanto al tema de los neumáticos, el conductor es el que debe estar atento a las condiciones de la calzada para ver si ésta presenta grava, hojarasca, acumulación e agua, nieve o placas de hielo.

La grava y la hojarasca, sobre todo cuando está húmeda, pueden ser muy deslizantes. Las primeras gotas de agua caídas sobre la calzada seca, pueden reducir más que considerablemente la adherencia al mezclarse con la suciedad acumulada sobre la vía, convirtiéndose en algo muy peligroso.

Cuando llueve copiosamente y se forman charcos en la carretera hay que extremar las precauciones ya que el vehículo puede hacer aquaplaning -si el neumático no consigue evacuar el agua que hay debajo, se forma una pequeña ola por delante de la banda de rodadura-.

El aquaplaning se produce cuando la rueda planea por encima de ella y no mantiene el contacto con el suelo. La primera consecuencia con la que se encontrará en este caso, es que perderá el control de la dirección. Este fenómeno aparecerá antes si los neumáticos no están en buen estado.

Condiciones óptimas
Por eso es importante que el dibujo esté perfectamente señalado y la presión sea la adecuada. La profundidad del dibujo debe ser controlada regularmente. La medida mínima legal es de 1,6 milímetros, según el Reglamento General de Vehículos.

Pero en circunstancias con lluvia intensa o agua nieve esta profundidad no ofrece garantías de seguridad, los expertos recomiendan cambiar las ruedas en invierno mucho antes.

Para la mayoría de los entendidos en la materia, lo ideal es que tengan tres o cuatro milímetros de profundidad. Los neumáticos más modernos tienen un indicador de desgaste.

En el Reglamento antes citado también se señala que los vehículos equipados con neumáticos de nieve están exentos de utilizar cadenas. Para saber si su coche los lleva busque en el flanco de estos las inscripciones M+S, MS o M&S, lo que indica que la cubierta ha sido especialmente diseñada para su utilización sobre barro y nieve.

Interior del coche
Pero no sólo las condiciones externas pueden ser peligrosas, hay que tener cuidado con las del interior del habitáculo, sobre todo con la calefacción que en los días de invierno suele ir bastante alta.

El exceso de calor reduce la resistencia del conductor ya que puede producir somnolencia. Lo aconsejable es una temperatura normal y por su puesto nada de conducir con abrigos o excesiva ropa ya que puede restringir la capacidad de movimiento e incluso llegar a perjudicar el funcionamiento del cinturón de seguridad.

Es importante que en esta época del año incluya en el kit habitual de su vehículo una rasqueta, imprescindible para eliminar la capa de hielo que se forma en los cristales cuando las temperaturas son muy bajas –esto es una recomendación especial para los coches que no pasan la noche en garajes-.

Para evitar que las escobillas del parabrisas se adhieran al vidrio, se pueden dejar levantadas o apoyadas sobre el parabrisas con la parte metálica en contacto con el cristal, o interponer un cartón o trapo entre las escobillas y el vidrio.

Tenga en cuenta las recomendaciones de la mayoría de los fabricantes que aconsejan cambiar las escobillas cada seis meses para que cumplan fielmente su servicio, aunque dan un margen de 18 meses como límite de seguridad.

Alergias: plantas que atacan

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Esto es lo que sucede con el polen de las plantas, flores de los árboles, etc. Hay que partir de la base de que el polen está representado por unas diminutas partículas microscópicas que miden entre 2 y 250 micras de diámetro por término medio, casi lo mismo que una célula de nuestro cuerpo.

Cuando este polen entra en contacto con las personas alérgicas, en lugar de ser neutralizado con anticuerpos o inmunoglobulinas tipo G, entran en contacto con otros anticuerpos tipo E.

Estos anticuerpos, a su vez, estimulan la secreción en diversas zonas del cuerpo (ojos, nariz, bronquios, piel) de una sustancia llamada histamina. Pero, ¿que es la histamina?.

La histamina
Este elemento, una vez “activado” en el seno del proceso alérgico, tiene 3 grandes efectos que son los que al final justifican la mayoría de los síntomas típicos de los procesos alérgicos.

Irrita las terminales nerviosas con las que entra en contacto, razón por la cual surge el prurito o picazón.
Facilita la dilatación o ensanchamiento de los vasos sanguíneos, con lo cual se hacen más permeables y pierden pequeñas cantidades de líquido desde el torrente circulatorio, surgiendo las abundantes secreciones que inundan las fosas nasales (rinorrea), los ojos (lagrimeo), ronchas o habones en la piel, incremento del moco en los bronquios (típico del asmático), etc.
La histamina también precipita una cierta contracción de la musculatura lisa o músculos involuntarios presenten en los bronquios de pequeño tamaño, dificultando la entrada del aire y con ello la respiración (situación típica del asmático).
Atendiendo a estos datos resulta más que comprensible el tratamiento habitual de la sintomatología alérgica, a base de los llamados antihistamínicos. Estos fármacos bloquean o impiden la liberación de histamina, o simplemente limitan sus efectos.

Causas
Por desgracia, a día de hoy no se conocen los mecanismos exactos por los cuales unas personas padecen alergias y otras no, aunque se les atribuye un cierto carácter hereditario.

Durante la primavera, el aire se enriquece de forma considerable de estas sustancias extrañas capaces de provocar reacciones alérgicas, como es el caso del polen de roble, del álamo, del olmo o del arce, esporas de hongos como el aspergillus fumigatus y multitud de pólenes de hierbas diversas.

El denominador común de estas sustancias es su transporte aéreo. En consecuencia afectan a las fosas nasales, la conjuntiva ocular (parte externa de los ojos), los bronquios e incluso la propia piel.

Enfermedades
Por esta razón las alergias a las plantas se manifiestan por síntomas de estos órganos en forma de rinitis, conjuntivitis, bronquitis, asma, lesiones dérmicas, etc, todas ellas con carácter estrional y que se repiten con cierta frecuencia.

La rinitis es el cuadro más frecuente ya que afecta al 20% de la población. Sus síntomas más frecuentes son abundantes secreciones nasales (rinorrea), muchos estornudos, picor en las fosas nasales, congestión nasal, etc.

Con frecuencia este proceso también se denomina fiebre del heno y puede cronificarse o prolongarse durante la mayor parte del año. En el caso de la conjuntivitis se aprecia lagrimeo, color rojizo en los ojos, hinchazón o edema de ojos y párpados, fotofobia (molestias por la luz), etc.

El asma precipitado por las plantas, por el polen, se denomina también asma extrínseco alérgico y es de los más frecuentes. Afecta sobre todo a los niños y se caracteriza por la aparición brusca, en forma de ataques, de dificultades para respirar, jadeos, tos seca y finalmente, expectoración de moco abundante y trasparente.

Cuando la reacción alérgica tiene lugar en la piel suele manifestarse por manchas sonrosadas en la piel (eritemas), máculas o ronchas en las zonas de la piel expuestas al aire, picor, etc.

El año que viene todos gordos

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Se acabaron los tiempos en que la hermosura se entendía en kilos. Hoy triunfa un ideal de belleza descarnada que trae de cabeza a un buen número de personas, quienes en aras de esa delgadez soñada, viven obsesionados con la báscula.

Más allá de los cánones estéticos imperantes, la obesidad constituye un problema de primer orden en los países ricos, donde afecta a un 30% de su población. Según la Organización Mundial para la Salud (OMS), se trata de la enfermedad estrella del siglo XXI y la segunda causa de muerte tras los trastornos cardiovasculares.

La Sociedad Europea para el Estudio de la Obesidad ha lanzado la voz de alarma al descubrir que 1/3 de los ciudadanos europeos tienen problemas de sobrepeso y uno de cada diez es obeso.

España ocupa el séptimo lugar en este ranking, mientras que Italia se erige en el país con menor población obesa dentro de la Comunidad. Los estudios demuestran que un 40% de la sociedad española está por encima de su peso ideal y que un 13,4% de los españoles con edades comprendidas entre los 25 y 60 años son obesos, una cifra que amenaza con seguir incrementándose.

Mala alimentación
Las causas de esta enfermedad metabólica hay que buscarlas en los malos hábitos alimenticios que hemos importado de otros países de nuestro entorno, en especial de EEUU, donde se considera la enfermedad nacional.

Como la depresión, el estrés o el insomnio, la obesidad es otra de las plagas modernas relacionadas con el estilo de vida que imponen los tiempos: vida sedentaria, comidas inadecuadas y a deshoras, ritmo frenético, imposiciones estéticas, presiones laborales, consumo compulsivo…

En nuestras sociedades no se muere de hambre sino de gula, un deseo impulsivo de comer más asociado con la ansiedad que con el apetito. Este trastorno alimenticio acarrea graves consecuencias médicas, sociales, económicas y psicológicas.

Un problema a estudiar
Ante la envergadura del problema, en el año 1985 se celebró en EEUU la primera conferencia médica sobre los riesgos de la obesidad para la salud. Allí se puso de manifiesto la mala influencia de la grasa sobre el sistema cardiovascular, la hipertensión arterial, la diabetes mellitus de tipo 2 y los accidentes cardiovasculares y cerebrales.

Junto a su predisposición hacia el desarrollo de estas enfermedades, la obesidad acorta la vida e introduce un mayor riesgo de padecer de cáncer de mama y endometrio entre la población femenina y de próstata entre la masculina.

La grasa, que por término medio constituye el 40% del consumo energético diario, es el gran enemigo a combatir. La obesidad supone un incremento de los tejidos grasos que se alojan en nuestro cuerpo y que se traduce en un aumento de peso. Estos no deben superar el 15% de la masa corporal de los hombres, ni el 30% en las mujeres.

Para establecer el grado de obesidad se recurre al Índice de Masa Corporal (IMC), una fórmula que consiste en dividir el peso en kilos por la altura en metros cuadrados. El resultado obtenido se compara con los siguientes baremos: entre 18,5 y 25 se considera el peso normal; entre 26 y 30 se puede hablar de obesidad de grado 1; y entre 31 y 40 de obesidad de grado 2. Más allá de 40 entramos en el peligroso terreno de la obesidad mórbida. El IMC ideal para los varones es de 23, mientras que entre las féminas se estima en torno al 21,5.

Guía para diseñar la cocina ideal

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El mercado de la decoración viene marcado por una pautas o normas generales de distribución de estancias. Tanto fabricantes como decoradores tienen claros algunos principios básicos.

Las placas, por ejemplo, deben disponer de fogón o encimera a ambos lados para mayor comodidad. El fregadero tiene que estar cerca del lavaplatos y lo más lejos posible de los aparatos eléctricos.

La campana o extractor debe tener salida al exterior para descongestionar la estancia lo antes posible y así descargarla de olores y humos. El frigorífico, si es bajo, puede ir situado en la misma distribución del fogón. Si se trata de una nevera de mayor tamaño, resulta más práctico y decorativo, que acompañe a mobiliario de altura como el escobero o la despensa. Las tomas de agua deben ir siempre debajo del mueble fregadero.

La perfecta alimentación del bebé

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A la hora de seleccionar el tipo de alimentación más adecuada para el bebé, la Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia natural o materna, por ser éste el tipo de leche más completa para el bebé, la que mejor le protege y alimenta, además de reportar notables beneficios psicológicos a madre e hijo.

Las leches artificiales, a pesar de tener cada día una calidad más contrastada, no pueden equipararse a la materna, y sobre todo al calostro o leche de los primeros días. Durante estos 5 primeros meses de vida el número de tomas se reduce mes a mes, al tiempo que aumenta la cantidad administrada en cada una de ellas. Los primeros treinta días las tomas serán, aproximadamente siete; para el quinto mes se habrán reducido a cuatro.

A partir de entonces la leche materna no puede aportar todos los nutrientes que el bebé necesita para su crecimiento y desarrollo, razón por la cual es el momento de ir introduciendo nuevos alimentos.

El destete
Este cambio no tiene una fecha fija ya que depende de múltiples factores. Este es el momento del destete, proceso que hay que realizar de manera lenta, para evitar alteraciones digestivas e incluso emocionales al bebé. Debe ser la madre quien facilite la introducción de cada nuevo alimento, ya que eso aportará confianza al pequeño. Las primeras papillas hay que proporcionárselas con tiempo y paciencia.

Las papillas, en general, deberán estar bien trituradas por que el bebé se está iniciando en el uso de la cuchara y hasta los 8-9 meses no masticará perfectamente. Es importante introducirle en la masticación, ya que de lo contrario puede aferrarse a las papillas y durante los años siguientes negarse, por comodidad, a ingerir otro tipo de alimentos. Al principio todos los lactantes digieren con dificultad las papillas con cereales e incluso modifican sus deposiciones, pero pronto se acostumbran.

La papilla de frutas
La papilla de frutas es otro de los alimentos que se pueden introducir a partir del 5-6 mes, sobre todo cuando las de cereales son bien admitidas. Los primeras días hay que proporcionarle cantidades pequeñas, unas pocas cucharadas serán suficientes, y no insistir en caso de que las rechace. Eso sí, para elaborarlas hay que lavar las frutas previamente, quitarles la piel, eliminar las semillas o pepitas que se encuentren en su interior y utilizarlas a una temperatura adecuada.

Las primeras papillas de frutas incluyen poca cantidad; por ejemplo, media manzana, medio plátano bien maduro y un poco de leche o agua tibia. En este momento, 5-6 meses, el bebé puede consumir pequeñas cantidades de papillas de verduras de color blanco o naranja (con patata, calabaza, zanahorias, calabacín, puerro).

Verduras y carnes
Hasta los 10 meses no se puede recurrir a las verduras de color verde (tienen mucha fibra y facilitan la formación de gases). La yema de huevo y algunos derivados lácteos pueden ser introducidos también a partir de los 5-6 meses. En el caso del huevo, la cantidad recomendada es de una cuarta parte de la yema cocida no más de 2 veces por semana. Hay que esperar hasta los 11-12 meses para utilizar toda la yema e incluso la clara, sin llegar a superar medio huevo entero por semana.

Por lo que se refiere a los derivados lácteos elaborados a partir de la leche adaptada para bebés, podemos encontrar quesos frescos y yogures. Sólo a partir de los 12 meses conviene introducirles los derivados lácteos de uso habitual.

La carne, en general, se aporta desde los 7 meses, ya sea blanca (pollo) o roja (ternera, vaca, añojo) ya que son bien aceptadas cuando se preparan pequeñas cantidades (20 gramos). Se pueden preparar a la plancha o cocidas, y bien trituradas o mezcladas con las papillas de verduras. El pescado debe esperar al mes siguiente, elaborándose de forma similar a la carne. Finalmente las pastas, arroz y legumbres pueden comenzar a prepararse a partir de los 10-12 meses.

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