Por favor, el libro de reclamaciones

11 noviembre, 2008 · Archivado en Vivir · Comenta 

El libro de quejas o reclamaciones es de obligada disposición al público y a las autoridades competentes. El usuario español cada día está más acostumbrado a reclamar y a hacerlo bien y en esta sana costumbre han tenido muchos que ver las organizaciones de consumidores y usuarios.

Estas, además de ayudar a sus socios a resolver problemas en el terreno de la legalidad, conciencian a la sociedad con consejos prácticos sobre sus derechos y deberes como consumidores.

Reclamar, un derecho del consumidor
Las organizaciones de consumidores alertan sobre las condiciones y características que debe tener el libro, que debe estar foliado y sellado en todas sus hojas por la administración competente, y cuya existencia se debe anunciar mediante carteles bien visibles, expuestos en los lugares reservados para exhibir la publicidad.

Cualquier espectador puede utilizar el libro de reclamaciones cuando observe alguna infracción a lo dispuesto en las reglamentaciones vigentes. Para hacerlo sólo tendrá que mostrar su Documento Nacional de Identidad y anotar en el libro sus datos personales: nombre, apellido y dirección.

Causas de reclamación
Por lo general, los ciudadanos recurren a la protesta por escrito cuando el espectáculo o actividad no se desarrolla en su integridad o en la forma, condiciones y horarios anunciados. También cuando los precios de las localidades o de los artículos que se expenden en el establecimiento exceden de los marcados en las listas expuestas al público, o cuando se infringe la obligación de exponer dichas listas.

Asimismo, es causa de reclamación el hecho de que el local carezca de los servicios exigidos u omita las medidas de seguridad, higiene y comodidad impuestas en los reglamentos; o cuando no tenga las correspondientes licencias de obra y de apertura y funcionamiento o cualquiera de esas funciones se realice defectuosamente. Las licencias deben estar expuestas al conocimiento público en lugares preferentes y selladas por la Administración competente.

Se puede exigir el libro de reclamaciones si en la celebración del espectáculo o en la realización de la actividad se omiten las medidas de seguridad inherentes a su propia naturaleza. También está justificada su petición en los casos en los que no se exhibe, con la debida visibilidad, la clasificación por edades o ésta es inadecuada a juicio del espectador.

Daños y responsabilidad
Por su parte, la empresa está en la obligación de responder por los daños que, en relación con la organización o como consecuencia de la celebración del espectáculo o la realización de la actividad, se produzcan a los que en él participen o a los que lo estén presenciando. Este tipo de daños pueden imputarse a la empresa por imprevisión, negligencia o incumplimiento de las obligaciones establecidas en la legislación vigente.

Lógicamente, para que la empresa pueda desarrollar su actividad tiene que cumplir con las obligaciones impuestas por la legislación en materia de propiedad intelectual, además de poseer las licencias necesarias para llevar a cabo ésta.

En cuanto a la entrada a determinados espectáculos o recintos, muchos de ellos exhiben carteles en los que se expresa claramente que “Queda reservado el derecho de admisión”, con lo que, la empresa que organiza el espectáculo en cuestión, puede prohibir la entrada al interior de su recinto a aquellas personas que no cumplan unas normas específicas impuestas por la propia sala; este es el caso de muchas discotecas donde sólo se permite el paso a aquellas personas que van vestidas de una determinada manera.

Prevenir el envejecimiento

11 noviembre, 2008 · Archivado en Salud · Comenta 

Esta circunstancia hace que después de un año, y salvo las células del sistema nervioso o neuronas, todas las células del cuerpo humano se han renovado; son distintas, han cambiado. Esta velocidad de división viene marcada y definida por el material genético de cada una de éstas, por su ADN. Sin embargo, este material genético y las propias células pueden verse lesionadas por factores externos, acelerando así su velocidad de “recambio”. En esta situación, el número de células desciende y, en el caso de la piel, se pierde la flexibilidad, aparecen las arrugas, etc.

De la misma manera que sucede con un trozo de hierro cuando permanece a la intemperie, el cuerpo se oxida si se expone a elementos como el tabaco, los contaminantes ambientales, el sedentarismo, etc. Ya en 1.956 el Dr. Harman postuló la denominada teoría del envejecimiento basada en la oxidación de las células. Para entender cómo se produce este proceso hay que recordar que la actividad constante de nuestras células fabrica una serie de elementos residuales denominados radicales libres.

Estos elementos, si no son eliminados de manera adecuada y constante, desestabilizan la actividad celular. Su acumulación puede provocar que las enzimas o proteínas especiales que dirigen la mayor parte de actividades celulares alteren la membranas formando en ellas poros o túneles que la convierten en inservible; incluso tienen capacidad para lesionar el material genético facilitando la llegada del envejecimiento precoz y de las lesiones tumorales o cancerosas..

Incrementar los riesgos
Dentro de los factores que favorecen producción masiva de radicales libres, y con ello del envejecimiento precoz, hay que citar situaciones psicológicas como el estrés, nerviosismo, angustia, ansiedad. También hay que tener en cuenta ciertos hábitos nocivos, como la alimentación rica en grasa, el consumo de tabaco y el sedentarismo; y los factores ambientales como los rayos ultravioleta, la contaminación ambiental o los pesticidas. Si observamos a nuestro alrededor, comprobamos que la piel de las personas muy expuestas al sol envejece de forma precoz; los individuos con dietas ricas en grasa animal muestran más problemas cardiovasculares y respiratorios y las profesiones que tienden al sedentarismo posibilitan un mayor deterioro articular y muscular.

Ahora bien, ¿de qué manera se deteriora el organismo?. Los músculos son uno de los primeros elementos en verse afectados. Los radicales libres, la inactividad y una mala circulación de la sangre, hacen que las fibras musculares pierdan elasticidad y se conviertan lentamente en cuerdas tendinosas que, además de tener poca resistencia para hacer frente al esfuerzo, “tiran” de las articulaciones y “doblan o encorvan” el cuerpo.

Cuidar la alimentación
Lo mismo sucede con los vasos sanguíneos: los radicales libres facilitan que la grasa circulante en la sangre, sobre todo si es de origen animal, sea “pegajosa” y se una a las paredes de los vasos sanguíneos obstruyendo las arterias lentamente. ¿Sabía que, debido a la mala alimentación, a partir de los 20 años todos tenemos “manchas” de grasa en las grandes arterias del organismo?.

Para romper este círculo vicioso (organismo-factores agresivos-radicales libres-degeneración celular-más radicales libres-más envejecimiento…) hay que reducir la incidencia de los factores nocivos evitando su práctica (alcohol, tabaco, “tueste” al sol, sedentarismo, alimentación grasa). Por otro lado, hay que facilitar al organismo la eliminación de los radicales libres con una alimentación a base de verduras y hortalizas, ejercicio físico y descanso nocturno, ya que es sobre todo durante este periodo cuando el organismo limita al mínimo la producción de radicales y al mismo tiempo se dedica a eliminar o neutralizar aquellos que se han producido.

Prevenir el cáncer de mama

10 noviembre, 2008 · Archivado en Salud · Comenta 

La mayor parte de las células se reproducen de continuo para desarrollar, reparar o reemplazar los órganos y tejidos. El cáncer supone una alteración de esta tarea celular que, por misteriosas causas, inicia un proceso anormal de crecimiento incontrolado.

En los países occidentales el cáncer de mama se ensaña con una de cada diez mujeres, y acapara cerca del 20% de todos los tumores que afectan a la población femenina, donde entre los 50 y los 65 años, supone la principal causa de muerte. Pese a la artillería médica desplegada en las tres últimas décadas en desarrollo de técnicas contra el cáncer de mama, su incidencia ha aumentado un 1% anual.

Entre sus desencadenantes más habituales, son determinantes los trastornos hormonales asociados a los estrógenos. En términos de riesgo mamario, se considera crucial la fase comprendida entre la primera regla y el inicio de la menopausia, un periodo que hoy se prolonga mucho. También se hacen notar como amenaza: la ausencia de embarazo, un primer embarazo tardío y las irregularidades menstruales.

Incremento del riesgo
La existencia de antecedentes familiares muy cercanos, normalmente suele ser la madre o la hermana, también incrementa de dos a cuatro veces el riesgo de padecer esta enfermedad.

Además, se detecta una frecuencia hasta cinco veces mayor entre mujeres que llevan una alimentación rica en grasas saturadas. En los próximos años asistiremos a una revolución medico-hormonal en la prevención del cáncer de mama con empleo de sustancias bloqueantes de la acción cancerígena. Otros frentes preventivos se centran en los hábitos alimenticios y en el papel de los factores genéticos para detectar a aquellas mujeres que presentan alto riesgo.

Por fortuna, esta enfermedad ha dejado ser sinónimo de muerte y su diagnóstico precoz es todo un salvaconducto en una batalla librada contra reloj. La autoexploración y las revisiones ginecólogicas periódicas, que deben incluir el examen de las mamas, resultan imprescindibles.

Se estima que el cáncer de mama puede evolucionar durante 10 ó 15 años antes de manifestarse clínicamente. La mamografía es el mejor sistema de detección, ya que puede advertir su presencia antes de que se haga notar. A partir de los 40-45 años, conviene someterse a esta prueba de forma periódica, aunque las mujeres con antecedentes directos deberán adelantar este tipo de controles a los 35.

Tratamientos
Hasta hace unos años el único tratamiento posible era la mastectomía o extirpación del pecho afectado. Hoy se ha impuesto la cirugía conservadora, siempre y cuando lo permita el tamaño y las condiciones del tumor. En estos casos se procede a extirparlo en compañía de 1-2 cm de tejido sano y de los glangios axilares que correspondan.

A continuación entran en escena otras dos armas: la quimioterapia y la radioterapia. La primera implica un tratamiento con fármacos muy potentes cuya misión es detener la división de las células tumorales. Su agresividad también ataca al tejido normal y suele implicar efectos secundarios serios, aunque pasajeros y reversibles, como vómitos, cansancio y caída del cabello.

La radioterapia emplea energía radiante de alta intensidad con objeto de eliminar selectivamente las células cancerosas, más sensibles que los tejidos circundantes. La solución última es la mastectomía seguida de la quimioterapia. Tan dramática solución se ha visto aliviada por la cirugía plástica, que obra milagros con sofisticadas técnicas de implantación de prótesis.

La importancia de un buen desayuno

10 noviembre, 2008 · Archivado en Comer · Comenta 

Hoy en día, son muchas las personas que al levantarse, prefieren realizar un desayuno ligero y no perder demasiado tiempo en preparar uno energético y nutritivo. Son habituales frases del tipo: “no puedo desayunar” o “por las mañanas no me entra nada en el estómago”. Este hecho se agudiza si la persona se levanta muy temprano.

Las prisas o la falta de apetito fomenta el conformarse con hacer malos desayunos, muy poco nutritivos e incompletos. La mayoría de las personas consiguen, a duras penas, beber un café con leche y, como mucho, un par de galletas o una pieza de bollería, sin darse cuenta, que no ingerir alimentos de este tipo durante el desayuno, constituye un error nutricional. Desayunar bien es fundamental en la dieta diaria y, algo más sencillo, en la actividad de las primeras horas de cada día.

Hay que desayunar bien
No es de extrañar que en numerosas ocasiones a media mañana las personas suelan sentirse desganadas y como sin fuerza. Para que esto no suceda, se debe entender que el desayuno es una de las tres comidas importantes del día. De hecho, según afirman los expertos en nutrición, el desayuno debe aportar nada menos que entre el 20% y el 25% de la energía que necesitamos cada día para vivir.

Hay que tener en cuenta, además, que entre la última ingesta de comida que se realiza un día y la primera del siguiente pasan muchas horas. Es decir que el desayuno es algo así como el combustible necesario para empezar a funcionar; y ese combustible debe ser muy completo y nutritivo para que cumpla enteramente su función. Esa es la razón de que sea necesario incluir alimentos que aporten glúcidos, proteínas, vitamina C y B, y minerales, especialmente calcio.

Una gran variedad
Hay muchos tipos de desayunos (varían según las costumbres de cada país), pero se puede decir que hay uno básico en el que se incluyen varios alimentos indispensables. Los dietéticos y naturistas recomiendan empezar con algo de fruta. Se puede comer una pieza fresca o, si lo prefiere, un zumo; en este caso, es recomendable que sea natural y recién exprimido para que contenga todas sus vitaminas en óptimas condiciones.

Siempre se debe incluir un lácteo, puede ser tanto un vaso de leche, como un yogur o un trozo de queso fresco. Para comer, es recomendable acompañar la comida con algún alimento farináceo como el pan, los cereales, algo de bollería o galletas. Aunque son más sanos los cereales y las tostadas, no hay porqué renunciar a la bollería; la solución será consumirla con moderación y dar prioridad a otros alimentos más sanos y que aporten menos grasas saturadas. En muchos casos es recomendable incluir algún producto que contenga fibra.

No cabe duda de que si además de los alimentos nombrados hasta ahora, se ingieren productos como huevos (duros, escalfados, revueltos), fiambre y varios tipos de quesos, el desayuno se convertirá en una fabulosa fuente de energía. Los expertos recomiendan hacer un alto en el camino por las mañanas, robarle un poco de tiempo a la cama, e invertirlo en hacer y disfrutar de un reconfortante y sabroso desayuno. Su organismo se lo agradecerá y rendirá, a buen seguro, de forma doble.

La fruta, también de primer plato

9 noviembre, 2008 · Archivado en Comer · 1 Comentario 

La Organización Mundial de la Salud recomienda que se incluya en la dieta diaria tanto de adultos como de niños y ancianos por lo menos cinco raciones de fruta o verdura fresca. Y es que sus virtudes son muchas. Por eso, es necesario adquirir la costumbre de su consumo y tenerla presente a diario. Es muy importante que esta práctica sea inculcada a los más pequeños.

El momento del día más estandarizado para comer fruta es después de la comida, es decir, consumirla como postre. Así se sirve tanto en restaurantes como en la mayoría de los hogares, y a ello nos acostumbran desde la más tierna infancia. Pero esta fórmula tiene un inconveniente nada desdeñable: en muchas ocasiones, al finalizar el almuerzo, llegamos sin apetito y la idea de ingerir una pieza de fruta resulta muy poco atractiva.

Hace unos años se popularizó la teoría de que consumir la fruta al comienzo de la comida, en lugar de al final, ayudaba a adelgazar. Los especialistas han aclarado que esa idea no se ajusta a la realidad. Lo que sucede es más bien que al llenar el estómago con fruta se elimina la sensación de vacío y el apetito desciende, por lo que se come con mayor moderación.

Pero este sistema tiene otras importantes ventajas. Y es que de este modo ya no vale la excusa del “ya no tengo hueco ni para fruta”. Además, según los naturistas, este hábito puede ayudar a mejorar la digestión ya que aseguran que la metabolización de la fruta al final de la comida provoca pequeños trastornos.

Una vieja costumbre
A pesar de que a mucha gente le parecerá un tanto extraño comer fruta a modo de aperitivo o de primer plato, esta costumbre lleva en vigor mucho más tiempo del que se piensa. Como ejemplos, están el veraniego melón con jamón, el popular arroz a la cubana con plátano frito, el asado de jamón cocido relleno de jugosa piña y clavos o los aguacates aliñados con gambas.

Del mismo modo, emplear frutas como ingredientes de ensaladas es una costumbre cada vez más habitual en nuestra cocina. Las más corrientes son las manzanas, naranjas, kiwis y piñas, aunque la imaginación lleva a utilizar granadas, peras, uvas pasas, melones, higos chumbos…Y casi siempre con excelentes resultados. También tienen una utilización creciente los vinagres aromatizados con frutas como la frambuesa, la uva o la manzana.

Esta tradición de mezclar los sabores dulces, azucarados y en ocasiones ácidos de la fruta con alimentos de paladar salado y amargo (lechuga, escarola, queso, canónigos, espinacas…) era la marca de la casa culinaria árabe, aquella que durante siglos marcó en gran parte las costumbres alimenticias que hoy en día se conservan.

De hecho, actualmente el boom gastronómico oriental está inundando la mayoría de las cocinas del continente europeo. Una de las bases de esa cocina es la mezcla dulce-salado. En muchos restaurantes es ya signo de modernidad cocinar una ensalada de naranja, manzana o pasas junto con lechuga y pequeños trozos de queso.

Mi hijo ha descubierto el sexo

9 noviembre, 2008 · Archivado en Familia · Comenta 

La adolescencia provoca una revolución hormonal en el organismo de los que hasta hace semanas eran sólo unos niños.

Los cambios se reflejan en sus músculos, en su cara, en su voz, en su carácter y en los nuevos impulsos sexuales, que muchas veces son desconcertantes para el joven y que suelen ser canalizados en forma de agresividad y estrés.

Una nueva etapa
Ha comenzado un proceso de descubrimiento en el que los padres deben asumir un papel de guía. El objetivo fundamental es hacer del sexo un elemento natural al que hay que enfrentarse sin traumas, aunque también con ciertas precauciones. En la actualidad, los hijos comienzan a entender y a conocer el sexo antes de que su cuerpo esté preparado para disfrutar de él. Los medios de comunicación, el cine o Internet son ahora los vehículos que abastecen de sexo a una población que lo demanda.

Los niños y niñas también reciben ese bombardeo, lo que despierta en ellos una curiosidad precoz, y les aboca a realizar su propia interpretación de una realidad que aún no saben manejar. Después, con los amigos y amigas construirán un mundo fantástico de relaciones con el sexo contrario en el que no sabrán muy bien cómo ubicar la sexualidad.

Afrontar los cambios
Para Donald Mosher, psicólogo de la Universidad de Connecticut (EE UU) y experto en sexología: “Los padres deben comprender que sus hijos ya no se creen que los niños vienen de París. Probablemente no entiendan el proceso biológico, pero saben que nacen de la madre y que en ello el padre ha tenido algo que ver. Por lo tanto, hay que aproximarse al tema desde que son pequeños, antes de que el bombardeo de los medios les cree un mundo irreal. Deben saber que los bebés son fruto de una unión de un hombre y una mujer, y que esa unión es placentera y gratificante.”

Además, añade que “más tarde, cuando descubran su propia sexualidad, la información puede ampliarse tanto en lo que respecta a las opciones morales de esos actos -si así lo creen conveniente los padres- como a los riesgos de los mismos”.

Comprensión ante todo
Los jóvenes deben entender que para ellos el sexo será algo hermoso si es felizmente compartido, que nunca puede generar un sentimiento de culpa algo que es un impulso natural y que el final de ese descubrimiento tendrá lugar sólo cuando encuentren a la persona deseada. Los padres pueden mostrar el camino, pero serán los hijos quienes lo recorran por sí mismos.

Para Laura Grossi, psicóloga infantil, es fundamental que esa guía, asimismo, les enseñe los peligros “embarazos indeseados, enfermedades de transmisión sexual y, también, por qué no, las posibles decepciones y fracasos de la vida sexual”.

Prevenir los peligros
Estos últimos peligros no se pueden evitar, pero los primeros sí. Nunca un precepto moral debe poner en peligro las vidas de los hijos. Hay que ser conscientes de que ellos no siempre se comportan como los padres desean y, si es así, al menos deben conocer los medios para que la práctica del sexo sea segura.

Un estudio realizado en la Universidad de Edimburgo demostró que tener más información sobre el sexo no implicaba un mayor número de contactos sexuales. Se llevaron a cabo varias encuestas entre jóvenes de entre 16 y 20 años de toda Gran Bretaña. Los resultados señalaron que los encuestados con menor formación sexual iniciaban sus relaciones antes que los que habían recibido una mayor información al respecto en una proporción de tres frente a uno.

Las virtudes de la lechuga

8 noviembre, 2008 · Archivado en Comer · Comenta 

En cada 100 gramos de lechuga, 95 corresponden a agua, casi 2 a azúcares, algo más de uno a proteínas y apenas 0´25 gramos a grasa. Por esta razón 100 gramos de lechuga apenas tienen quince kilocalorias, 5 veces menos que un yogur natural.

Los notables efectos beneficiosos que la lechuga puede proporcionar al organismo sólo se encuentran asegurados cuando se consume cruda, ya que al cocerla o calentarla, tal y como sucede con todas las frutas, verduras, hortalizas, la mayor parte de las vitaminas, antioxidantes, anticancerígenos, etc, se destruyen. Igualmente no conviene tenerla mucho tiempo en remojo, por que también se disuelven y desaparecen algunos de sus componentes.

Las sustancias más relevantes que se encuentran en la lechuga son la fibra (casi 1 gramo de fibra insoluble por cada 100 gramos de producto lo que facilita de forma notable el tránsito intestinal); cerca de 1 gramo de diversos minerales entre los que destacan el magnesio (fundamental para el hueso y la actividad del sistema nervioso) y el calcio (imprescindible para el hueso y en la prevención de la osteoporosis). Igualmente encontramos abundante vitamina B1, B2, B6 y C, junto con antioxidantes como los carotenos y la clorofila.

Son precisamente estos últimos elementos los que confieren las propiedades más notables a la lechuga: la clorofila, los carotenos, el ácido fólico que también incluye en pequeñas cantidades, etc. Así por ejemplo la probabilidad de infarto se reduce considerablemente en las personas que de manera habitual consumen lechuga fresca casi todos los días.

Efectos anticancerosos
Algunas de las razones para conseguir este efecto se relacionan con la fibra, ya que gracias a ella el tránsito de los alimentos es más rápido por el intestino y la absorción del colesterol “malo” es más lenta y menor, con lo cual no invade la sangre y se deposita en menor cantidad sobre las paredes de las arterias.

En el caso de sus efectos anticancerosos hay que recordar que muchos de sus elementos tienen una triple actividad preventiva en el caso de los tumores y del cáncer. La vitamina C y los carotenos son estimulantes del sistema inmunitario con lo cual cuando aparece una célula extraña, aberrante, es más fácil que sea detectada y destruida. Estas mismas sustancias, junto con el ácido fólico, colaboran de forma decisiva en la reproducción de las células en óptimas condiciones, asegurando que la descendencia de las células de nuestro cuerpo sea rápida y en buenas condiciones, sin alteraciones o aberraciones.

La clorofila, los carotenos, las vitaminas, actúan como elementos antioxidantes, o lo que es lo mismo, impiden el envejecimiento precoz de las células y en particular de las que se encuentran más expuestas a los agresores externos, como es el caso del pulmón, mama, útero, corazón, aparato digestivo, etc. Gracias a ellos los residuos o basura celular que diariamente se forma a partir del trabajo de las células es eliminada de forma inmediata, impidiendo que se acumule y altere las funciones propias de nuestros órganos y sistemas.

Osteoporosis
Recientemente se ha comprobado, tanto en animales de experimentación como en mujeres, que la probabilidad de desarrollar tumores de mama es mucho menor en el caso de aquellas que consumen habitualmente lechuga fresca y cruda, frente a aquellas en las que no se da esta circunstancia ó no utilizan de forma habitual otras verduras “primas-hermanas” de la lechuga como es el caso del repollo, las coles de bruselas, la coliflor o las espinacas, que, a la postre, tienen los mismos beneficios para la salud que la ésta e incluso algo superiores en algunos casos.

Mención aparte merece el caso de la osteoporosis. La lechuga incluye en su composición una cantidad importante de calcio y magnesio, además con la particularidad de que son absorbidas fácilmente y van casi directamente al hueso para formar las sales minerales imprescindibles en la adquisición de la dureza y densidad ósea. Este es un tipo de calcio que se “pega” con facilidad en el hueso(lo mismo que sucede en el caso de la cebolla), razón por la cual una dieta rica en lechuga y cebolla cruda es un buen seguro frente a la osteoporosis.

Por último debemos recordar que la lechuga tiene efectos calmantes y sedantes y asegura un buen reposo para el organismo, reduciendo los estados de nerviosismo e irritabilidad. Si quiere conciliar el sueño con facilidad nada mejor que comer un poco de lechuga (no menos de 100 gramos) en la cena. En el caso de la piel y por su elevado contenido en antioxidantes, puede librarle de las manchas que aparecen con el tiempo. Para ello solo tiene que cocer unas hojas de lechuga durante 2 horas, colar el líquido resultante y mojar en él una gasa que luego aplicará, dos veces al día, sobre la zona de la piel afectada. No obstante este es solo un ejemplo de los numerosos remedios que se pueden conseguir con esta verdura.

Los mandamientos de la alimentación sana

7 noviembre, 2008 · Archivado en Comer · 1 Comentario 

Debería sorprendernos que nuestros hijos no desfallezcan a media mañana y baje notablemente su rendimiento escolar; algo bastante normal si se tiene en cuenta que con frecuencia sus desayunos son muy escasos. Este es quizás el primero de los grandes errores en la alimentación: una primera comida del día que apenas se acerca al 10% del total de la jornada, cuando en condiciones normales debería incluir, como mínimo, entre el 20% y el 25% de la misma.

Empezar bien el día
Un desayuno eficaz debe componerse de leche, cereales, pan normal o tostado, algún zumo y un poco de embutido. Bajo estas condiciones, estamos asegurando una adecuada alimentación para la primera parte del día, después del “vacío” que suponen las horas nocturnas. Este hábito, sobre todo para los más jóvenes, es fundamental.

En segundo lugar, hay que recalcar el hecho de que a lo largo del día, tanto las personas adultas como los más pequeños, ingerimos muchas más calorías de las que necesitamos, razón por la cual las calorías sobrantes se van acumulando debajo de la piel, alrededor de nuestros órganos, en forma de grasa. Ésta dificulta la normal actividad de nuestro cuerpo y, poco a poco, se nota con el paso de los años.

Picoteo
El sobrepeso y la obesidad es la primera razón a la hora de buscar el origen de los problemas articulares que, como la artrosis, afectan a varios millones de personas. En este sentido lo primero que debe hacer es evitar el “picoteo”, comer entre horas, así como utilizar lo menos posible alimentos con muchas calorías.

Para ello le proporcionamos una pequeña escala de las calorías de los alimentos, clasificándolos de mayor a menor, y considerando siempre 100 gramos de cada producto.

Aceites: 900 kilocalorías por cada 100 gramos, destacando que es mejor el aceite de oliva que el resto ya que aumenta la HDL o colesterol “bueno” en la sangre.
Derivados lácteos en general: 600 kilocalorías, destacando las mantequillas, margarinas, quesos, etc. Son más recomendables las grasas de origen vegetal (margarinas) que las de origen animal, sobre todo por que apenas estimulan el aumento en el cuerpo del colesterol “malo” o LDL.
Dulces en general: que tienen cerca de 400-500 kilocalorías por cada 100 gramos (para que se haga una idea necesitará andar 45 minutos a paso ligero para eliminar las calorías proporcionadas por un pastel generoso.
Carnes: 350 kilocalorías, aunque las blancas aportan algo menos de energía que las rojas. En este punto hay que distinguir cómo se prepara el alimento, ya que las frituras aportan más calorías y menos nutrientes que las carnes a la plancha, al horno o cocidas.
Pan: por lo general 300 kilocalorías por 100 gramos, mucho más si se acompaña de salsas.
Los grandes olvidados
El tercero y más importante de los errores dietéticos es la excesiva utilización de productos que apenas nos benefician. Las frutas, verduras, cereales y hortalizas son los grandes olvidados de nuestra alimentación en favor de la carne, pescado y huevos fritos. Aquellos alimentos son los que presentan mayores cantidades de vitaminas, minerales (hierro, magnesio, yodo, flúor, manganeso, calcio), betacarotenos, clorofila, proteínas y grasas de origen vegetal, además de reportar las calorías que justas.

Con las sustancias, el cuerpo consigue no solo los elementos que necesita para su reparación y recambio, sino también sustancias antioxidantes, otras que eliminan los radicales libres y productos residuales o “basura” de las células, con los que han demostrado efectos preventivos en numerosas enfermedades y particularmente frente al cáncer de mama, útero, colon, estómago, pulmón y próstata.

Por ello, la alimentación diaria debe incluir en un 70% frutas, cereales, verduras y hortalizas en general; un 20% leche y derivados, huevos, carnes o pescados (preferentemente asados, al horno, a la plancha, cocidos, pero nunca fritos); y un 10% pan o cereales, dulces, etc. Practique estas normas básicas en su alimentación y será una persona distinta.

Muchas nueces y poco ruido

6 noviembre, 2008 · Archivado en Comer · 1 Comentario 

Ricas, energéticas y muy decorativas, las nueces son los frutos de un árbol denominado nogal. Recubiertas de una cáscara dura, su interior y parte comestible tiene el aspecto de un pequeño cerebro humano. Se utilizan frecuentemente como ingrediente para múltiples salsas; como parte de relleno de carnes y aves; acompañando queso, miel y, por supuesto, a solas, a modo de tentempié. Porque, aunque parezca mentira, este pequeño alimento es una potententísima fuente de energía.

En efecto, las nueces aportan proteínas, grasas e hidratos de carbono. Pero hay que tener cuidado en la cantidad que se consume, ya que contienen una enorme cantidad de calorías, nada menos que 600 por cada 100 gramos, casi la mitad de las que se requieren en una dieta de adelgazamiento. Hay que aclarar, sin embargo, que esas grasas son del tipo insaturado. De hecho se ha demostrado que consumir diariamente 85 gramos de nueces, si éstas se utilizan en lugar de las grasas saturadas como parte de una dieta con bajo contenido en grasa, disminuye el colesterol en sangre. Y, por lo tanto, reduce el riesgo de padecer enfermedades cardíacas.

Nutritivas y calóricas
Algo parecido sucede con la mayor parte de los frutos secos, familia a la que pertenecen las nueces. Los frutos secos se consumían hace miles de años, ya que constituían un alimento básico de los pueblos cazadores-recolectores. Y es que son alimentos muy nutritivos y que carecen de preparación. Aunque la cantidad de materia grasa y calorías varían según la especie, la mayoría de ellas contienen más de 550 calorías por cada 100 gramos. Por el contrario, las castañas sólo contienen 170 calorías en ese mismo peso.

Su valor nutritivo no acaba ahí. Los frutos secos proporcionan vitaminas del complejo B, fósforo, hierro, cobre, potasio y proteínas (entre tres y diez gramos), lo que equivale a comer algunos de los nutrientes que se obtienen de los animales. Esa es la razón de que sea uno de los alimentos básicos en las dietas vegetarianas, a pesar de que sus proteínas no son de la calidad de las de origen animal, ya que no contienen todos los aminoácidos que necesita el organismo para producir sus propias proteínas.Si se comen crudos, los frutos secos, además, proporcionan una buena cantidad de vitamina E. Este ingrediente se pierde cuando se tuestan.

Otros frutos secos
Además de las nueces, a las que ya hemos hecho referencia, los frutos secos más conocidos y de los que más se consumen, son las almendras. Junto con las anteriores, los más calóricos, ya que contienen 620 calorías por cada 100 gramos. En cuanto a las proteínas, cuenta con 20 gramos aproximadamente, en esa misma cantidad. Se ofrecen con cáscara, peladas, laminadas, fileteadas o molidas.

Las avellanas, que aportan unas 550 calorías por cada 100 gramos, son una fuente excelente de magnesio y cobre. Se consumen frescas, tostadas, con o sin cáscara, molidas y picadas. Los cacahuetes son los frutos secos con más proteínas (23gr/100gr) y los más económicos. Las castañas proporcionan menos calorías que el resto de los otros frutos secos y tienen el doble de almidón que las patatas. Se comen en puré, en almíbar, secas y pilongas.

El peligro de los cincuenta en las relaciones

6 noviembre, 2008 · Archivado en Familia · Comenta 

Generalmente, los años aportan estabilidad y armonía a la pareja. Se conocen más, cada uno disfruta de lo mejor del otro y acepta y sobrelleva mejor sus defectos. Pero las relaciones más duraderas pasan por crisis que pueden acabar con ellas o modificarlas hasta el punto de convertir la convivencia en una experiencia desagradable.

La peor de las crisis suele coincidir con el umbral de los 50 años. Y no porque sea una edad que dé lugar a cambios psicológicos, aunque también puede ocurrir, sino porque es en esa época de la vida cuando tienen lugar algunos acontecimientos que provocan la inestabilidad emocional de los cónyuges.

Síndrome del nido vacío
En primer lugar, los hijos empiezan a abandonar el hogar. Lo que durante años había sido una grata rutina, desaparece súbitamente: ni desayunos en familia, ni ruido, ni discusiones, ni conversaciones que daban una alegría especial a la casa. Aunque este hecho afecta mucho a los padres, son las madres las que sufren más la separación.

Es lo que se conoce como “síndrome del nido vacío”, que tiene como principales síntomas una cierta sensación de inutilidad y abandono que puede provocar cuadros depresivos. El hombre acepta mejor la marcha de los hijos, pero para él representa la madurez y la cercanía de la vejez. El problema se acrecienta si esta situación coincide con la pérdida de cabello, la falta de nuevas expectativas laborales o con algún fallo en su vida sexual.

Cambios fisiológicos
Por otra parte, la llegada del climaterio como precedente de la menopausia provoca una serie de cambios hormonales que perturban enormemente a la mujer; estas transformaciones deben ser entendidas por la pareja. Del mismo modo, las mujeres deben ser tolerantes con los cambios que sufren sus compañeros que, aunque menores, también padecen una pequeña revolución.

A pesar de no ser tan rápidos o extremos como la menopausia en las mujeres, los varones que superan la barrera de los 50 también sufren la disminución de sus niveles hormonales, según ha quedado de manifiesto en una investigación realizada en la universidad estadounidense de San Luis Missouri. Comparando los calores característicos de la menopausia y su tratamiento con estrógenos, el Dr. John Morley, director del estudio y profesor de Geriatría, asegura que en el caso de hombres se acusan pérdida de memoria, falta de deseo sexual y hasta osteoporosis, “el suministro de testosterona puede, en algunos casos, aliviar los síntomas”, asegura.

Transtornos emocionales
Si la paciencia y el apoyo son fundamentales para que la mujer no padezca una crisis emocional, también lo es que ésta conozca las alteraciones que se operan en su pareja. De no ser así, la suma de todo ello puede llevar a ambos a poner en serios aprietos una unión de muchos años. El hombre necesita sentirse de nuevo joven, lo que suele identificar con un cambio radical en su vida; la mujer, por su lado, se vuelve más exigente e inconformista en la búsqueda de un nuevo lugar como madre madura.

Estas transformaciones pueden llevar a un mayor conocimiento de ambos y hacerlos aún más complementarios. Si es así, probablemente a partir de entonces se vivirán algunos de los mejores años de la vida en común. Pero en otras circunstancias la crisis desemboca en ruptura. En estos casos, el hombre busca establecer cuanto antes una nueva relación en la que apoyarse. La mujer, en cambio, al haberse vuelto más exigente, tendrá más dificultades para formar de nuevo una pareja estable, pero si lo consigue logrará una armonía que había perdido.

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