Muchas nueces y poco ruido
Ricas, energéticas y muy decorativas, las nueces son los frutos de un árbol denominado nogal. Recubiertas de una cáscara dura, su interior y parte comestible tiene el aspecto de un pequeño cerebro humano. Se utilizan frecuentemente como ingrediente para múltiples salsas; como parte de relleno de carnes y aves; acompañando queso, miel y, por supuesto, a solas, a modo de tentempié. Porque, aunque parezca mentira, este pequeño alimento es una potententísima fuente de energía.
En efecto, las nueces aportan proteínas, grasas e hidratos de carbono. Pero hay que tener cuidado en la cantidad que se consume, ya que contienen una enorme cantidad de calorías, nada menos que 600 por cada 100 gramos, casi la mitad de las que se requieren en una dieta de adelgazamiento. Hay que aclarar, sin embargo, que esas grasas son del tipo insaturado. De hecho se ha demostrado que consumir diariamente 85 gramos de nueces, si éstas se utilizan en lugar de las grasas saturadas como parte de una dieta con bajo contenido en grasa, disminuye el colesterol en sangre. Y, por lo tanto, reduce el riesgo de padecer enfermedades cardíacas.
Nutritivas y calóricas
Algo parecido sucede con la mayor parte de los frutos secos, familia a la que pertenecen las nueces. Los frutos secos se consumían hace miles de años, ya que constituían un alimento básico de los pueblos cazadores-recolectores. Y es que son alimentos muy nutritivos y que carecen de preparación. Aunque la cantidad de materia grasa y calorías varían según la especie, la mayoría de ellas contienen más de 550 calorías por cada 100 gramos. Por el contrario, las castañas sólo contienen 170 calorías en ese mismo peso.
Su valor nutritivo no acaba ahí. Los frutos secos proporcionan vitaminas del complejo B, fósforo, hierro, cobre, potasio y proteínas (entre tres y diez gramos), lo que equivale a comer algunos de los nutrientes que se obtienen de los animales. Esa es la razón de que sea uno de los alimentos básicos en las dietas vegetarianas, a pesar de que sus proteínas no son de la calidad de las de origen animal, ya que no contienen todos los aminoácidos que necesita el organismo para producir sus propias proteínas.Si se comen crudos, los frutos secos, además, proporcionan una buena cantidad de vitamina E. Este ingrediente se pierde cuando se tuestan.
Otros frutos secos
Además de las nueces, a las que ya hemos hecho referencia, los frutos secos más conocidos y de los que más se consumen, son las almendras. Junto con las anteriores, los más calóricos, ya que contienen 620 calorías por cada 100 gramos. En cuanto a las proteínas, cuenta con 20 gramos aproximadamente, en esa misma cantidad. Se ofrecen con cáscara, peladas, laminadas, fileteadas o molidas.
Las avellanas, que aportan unas 550 calorías por cada 100 gramos, son una fuente excelente de magnesio y cobre. Se consumen frescas, tostadas, con o sin cáscara, molidas y picadas. Los cacahuetes son los frutos secos con más proteínas (23gr/100gr) y los más económicos. Las castañas proporcionan menos calorías que el resto de los otros frutos secos y tienen el doble de almidón que las patatas. Se comen en puré, en almíbar, secas y pilongas.
Carne no, gracias. Soy vegetariano
Modelos, naturistas, actores y actrices, maestros filósofos, ecologistas, secretarias…, cada vez es más habitual conocer a gente que se declara vegetariana. Pero no nos confundamos, no se trata de una moda reciente, sino de una teoría que está casi a punto de cumplir dos siglos. La palabra vegetarianismo nació aproximadamente en 1838, lo que no quiere decir que no hubiera vegetarianos con anterioridad, sino que antes de esa fecha se hablaba de comida vegetal y dieta vegetal.
Pero no todo el mundo sabe exactamente en qué consiste la alimentación de un vegetariano. Básicamente se puede decir que los vegetarianos son aquellos que excluyen de su dieta cualquier tipo de comida de procedencia animal. De este modo, además de no comer carne (ni roja ni blanca), tampoco consumen aves ni pescado; aunque sí huevos y productos lácteos. Al contrario que los “vegan” , o vegetarianos estrictos, que consumen exclusivamente alimentos de origen vegetal.
Beneficios
Parece evidente que al suprimir de la dieta los alimentos animales y, por lo tanto, algunos nutrientes necesarios, se pueden producir ciertas deficiencias. Sin embargo, por otro lado, según determinados estudios realizados en Inglaterra, las personas con alimentación vegetariana tienen una probabilidad 40% menor de desarrollar cáncer a una edad temprana.
Del mismo modo, al tratarse de personas más delgadas y que consumen menor cantidad de grasas saturadas procedentes de productos animales, su nivel de colesterol en sangre es notablemente inferior al de los que comen carne y, por lo tanto, también padecen menos enfermedades cardíacas.
En este tipo de dietas se suele aumentar el consumo de fibra y carbohidratos complejos, lo que equivale a una mayor protección contra las enfermedades del intestino. Al mismo tiempo, este aumento significa que la comida pasa más rápidamente por el tracto digestivo y, por lo tanto, disminuye la posibilidad de padecer estreñimiento. Los vegetarianos tienen también menos riesgo de desarrollar cálculos biliares.
Detractores
La polémica está servida, ya que sus detractores aseguran que todas esas ventajas del vegetarianismo no se deben al hecho de no comer carne, sino al enorme incremento del consumo de alimentos vegetales como frutas, verduras frescas, cereales, legumbres y frutos secos, con los beneficios que ello conlleva.
La realidad es que ser vegetariano es una decisión que se debe tomar con absoluta libertad, eso sí, sabiendo exactamente sus posibles consecuencias y beneficios, así como la mejor manera de remediar las deficiencias de determinados minerales y vitaminas que provocan la falta de carne. Por ejemplo, la deficiencia de vitamina B12 puede causar anemia y el deterioro irreversible del sistema nervioso. La falta de vitamina D puede tener como consecuencia la deformación de huesos en los niños, además de incrementar la posibilidad de desarrollar osteoporosis en los adultos.
Alimentos enriquecidos
Pero para paliar la falta de determinadas vitaminas y otros componentes nutricionales, las casas dedicadas a la comercialización de productos vegetarianos ya se encargan de que los alimentos que ofrecen sean ricos en proteínas de origen vegetal. De esta forma, se complementa la dieta alimenticia en su parte nutricional y se facilita la preparación de platos manteniendo la sensación de gusto al paladar al que estamos acostumbrados por nuestro habitual régimen alimenticio.
Todos los días, por lo menos una naranja.
Sabrosas, refrescantes y asequibles, las naranjas son además una inagotable fuente de salud gracias a su alto contenido en vitamina C. Para comprobarlo, basta con este sencillo y clarificador dato: la cantidad diaria recomendable para el organismo de esta vitamina es de 60 mg; 100 gramos de naranja aportan nada menos que 50 mg.
Comiendo una naranja diaria conseguirá tener una piel sana; y es que la vitamina C, entre otras muchas cosas, ayuda a formar colágeno, esencial para la epidermis. Existen otras frutas cuyo aporte es mayor, pero que no ofrecen tantas opciones a la hora de ingerirlas. Las naranjas se puede comer en gajos, preparadas con azúcar y, por supuesto, exprimidas en un minuto y convertidas en un nutritivo zumo.
Otra de sus innumerables ventajas es que ayuda a prevenir los catarros, las anginas, las gripes y otras enfermedades infecciosas, ya que mantiene las defensas del organismo contra las infecciones bacterianas. Por otro lado, como antioxidante puede evitar el daño de los radicales libres y, por lo tanto, colabora en la inhibición de ciertos tipos de cáncer.
La mayoría de sus virtudes salutíferas son conocidas por casi todos, pero el hecho de que sea beneficiosa en el control del nivel de colesterol en la sangre puede ser una novedad para mucha gente. Esta propiedad se debe a los tegumentos que se encuentran entre los gajos y que contienen pectina. Este componente no es más que fibra soluble de la dieta que también se haya en manzanas, limones y grosellas.
La mandarina. Muy similar a la naranja es la mandarina, pero de menor tamaño y forma achatada. Una de sus ventajas con respecto a la anterior es que se pela con facilidad, empleando los dedos, lo que la convierte en una de las frutas favoritas de los niños. Su pulpa, dulce, aromática y delicada, es menos ácida que la de la mayoría de los cítricos; y su cáscara tiene un sabor fino y exótico.
El limón. De la familia de los cítricos la mayoría de la gente prefiere las ya mencionadas naranjas, las mandarinas o incluso las toronjas. El limón, debido a su sabor menos dulce, es menos apreciado. Esta fruta se utiliza básicamente para aliñar el pescado, la paella o como componente de salsas y bebidas. Sin embargo, esta fruta tiene mayor cantidad de vitamina C (80 mg. por cada 100 g.) y muy pocas calorías.
El pomelo. Aún más ácido y, sobre todo muy amargo, es el pomelo, otro miembro de la familia de los cítricos. Su zumo se incluye en numerosas dietas de adelgazamiento porque actúa como diurético. Además, tiene propiedades estomacales, antisépticas, tónicas y digestivas. Su corteza puede ser amarilla o de un tono rosado. En español al pomelo se le llama toronjo, pero realmente no es la misma fruta; éste es un antepasado de esta última.
La toronja. Muy apreciada en algunos países asiáticos y de reciente comercialización en Europa, puede ser esférica o tener forma de pera. No es tan jugosa como el pomelo, aunque su cáscara es muy aromática.
La lima. También recibe el nombre de lima agria o lima limón. De uso similar al limón, contiene menos vitamina C que éste, y se utiliza habitualmente para aromatizar ponches, cócteles tropicales, acentuar el sabor de judías y sopas de verduras, y es indispensable en el ceviche peruano.
¿Qué son los alimentos transgénicos?
Los alimentos transgénicos son el resultado de una tecnología que trabaja en el traspaso de genes entre diferentes especies, creando nuevos organismos inexistentes en la naturaleza. Desde los tiempos más remotos, el hombre ha modificado las especies con el fin de obtener animales o vegetales más adecuados al consumo. El cruce de determinadas especies para lograr híbridos es algo cotidiano tanto en la agricultura como en la ganadería.
Los supermercados están llenos de verduras que parecen hijas de la coliflor y la lechuga, o naranjas que por dentro son como limones. Pero lo innovador es la aplicación de esas técnicas de manipulación genética a los alimentos. Lo que en un principio nació en los laboratorios de grandes multinacionales estadounidenses como el gran remedio al hambre en el mundo no son más que unos alimentos más ricos en nutrientes, más fuertes y resistentes a plagas y enfermedades y que además, poseen un mayor periodo de conservación.
Objetivo y tipos
Razones más que pesadas e interesantes por las que cientos de estos alimentos copan las estanterías de los grandes supermercados, optimizando así las producciones de dichos productos. Si uno piensa que dentro de 50 años se calcula que la población mundial alcanzará los 10.000 millones de habitantes, cabe dentro de la lógica que muchos recursos tecnológicos vayan destinados a alimentar a semejante humanidad, entre ellos la ingeniería genética.
Los transgénicos se pueden clasificar en tres grupos: los organismos que se pueden utilizar como alimento y que han sido sometidos a ingeniería genética (plantas manipuladas genéticamente); los que contienen un ingrediente o aditivo derivado de un organismo sometido a ingeniería genética y aquellos que se han producido utilizando un producto auxiliar para el procesamiento (por ejemplo, enzimas) creadas por medio de la ingeniería genética.
Polémica
El problema, y causa de las constantes polémicas y campañas en contra de grupos ecologistas, es que aún se desconocen las consecuencias a medio plazo de la ingestión de dichos alimentos. Por otro lado, estos productos dañan el medio ambiente, causan alergias y son resistentes a ciertos antibióticos. A día de hoy, estos artículos se comercializan sin etiquetado distintivo (por la presión de los grandes compañías) y en muchas ocasiones mezclados con los normales (ocurre a menudo con los vegetales).
Los científicos arguyen que han de pasar muchos más controles y estudios de calidad para su comercialización que los llamados tradicionales (nadie controla los cruces que un agricultor quiera hacer en sus patatas). Sirva como ejemplo el caso del tomate MacGregor, el primer alimento transgénico comercializado: la empresa productora tuvo que hacer decenas de pruebas durante cuatro años hasta que obtuvo el permiso.
En EEUU los alimentos transgénicos y los cultivos manipulados genéticamente son habituales, y en Inglaterra son partidarios de ellos (a pesar de la férrea oposición del príncipe Carlos, que en más de una ocasión ha lanzado diatribas en contra de ellos y a favor de los cultivos biológicos). En Francia, Austria, Luxemburgo o Dinamarca son reacios a su producción. España, de momento, insiste en la obligatoriedad de informar al consumidor a través del etiquetaje.
Ajos, fuente de salud
Hace apenas un siglo, los soldados acudían a las campañas bélicas con numerosos ajos en sus mochilas que luego empleaban para tratar las heridas utilizando su “zumo” (aplicaban sobre la herida unas gotas del líquido resultante de machacar un diente de ajo). Por otro lado, hay que tener en cuenta que el ajo representa un gran almacén de vitaminas A, B y C y colabora de forma decisiva en el buen estado de la piel, una mejor defensa frente a las infecciones y un mayor equilibrio para el estado de los nervios.
Ahora bien, como todo lo bueno, también tiene algún aspecto negativo. Existen algunos inconvenientes que deben ser considerados para reducir su empleo en determinadas situaciones. El más importante es su efecto anticoagulante; que restringe su ingestión a aquellas personas que tienen problemas de coagulación de la sangre y tardan en dejar de sangrar cuando se producen una herida. Igualmente, no es recomendable utilizarlo -sobre todo crudo- días antes de una intervención quirúrgica, ya que se corre el riesgo de que las heridas producidas en el quirófano tarden más en cerrar.
Otro problema es su característico olor que, al favorecer la formación de una serie de gases que acompañan al aire que expulsamos desde los pulmones, permanece durante horas. Para reducir su presencia basta con masticar unas hojas de perejil o media manzana, neutralizando la formación de estos gases. Por último, el ajo es un alimento de difícil digestión, razón por la cual las personas que sufren problemas gástricos (úlcera, gastritis) deben consumirlo en compañía de otros alimentos y particularmente al principio de la comida.
Beneficios y virtudes
Sin embargo los beneficios del ajo son mucho mayores que sus inconvenientes, razón por la cual es considerado como “el hipocolesterolemiante y antibiótico natural”. Para aquellas personas con antecedentes de infarto de miocardio, angina de pecho, tensión arterial alta, concentraciones de colesterol en sangre elevadas, antecedentes de embolias y/o trombosis, nada mejor que ingerir ajo crudo con regularidad. Es suficiente con tomar medio o un diente crudo al día (acompañando a otros alimentos como ensaladas, carne asada, verduras) durante 3 semanas, repitiendo este ciclo cada 3-4 meses al año.
El consumo habitual (un diente de ajo crudo cada dos días es la frecuencia aconsejable) ayuda a reducir el azúcar que sobra en la sangre, con lo cual las personas diabéticas necesitan utilizar menores cantidades de fármacos hipoglucemiantes e incluso de insulina. Sobre la piel la utilidad del ajo para evitar las heridas es más que notable. Para proteger la zona lesionada basta con añadirle 1-2 gotas de ajo previamente triturado o machacado, aunque también puede utilizarse en forma de emplasto: se machaca un diente de ajo sobre una gasa o compresa y luego se aplica directamente sobre la herida, renovando el emplasto dos veces al día (mañana y noche).
Impotencia y arrugas
Algunos investigadores también asocian al ajo efectos beneficiosos contra la impotencia. Hay que recordar que muchos casos de impotencia se deben a una mala circulación de la sangre que dificulta su llegada al pene y en consecuencia la erección. En estos casos se aconseja tomar durante 15 días seguidos un diente de ajo crudo al día. Este ciclo de 15 días se debe repetir cada 2-3 meses.
Desde antiguo el ajo ha sido utilizado para tratar problemas de la piel y concretamente arrugas que se encuentren pegadas directamente a la piel, sin un tronco o pie que las estreche en la parte inferior. Muchas de estas arrugas se encuentran relacionadas con virus y el ajo colabora en su desaparición; para ello debe cortarse un diente de ajo por la mitad y, con la parte central, el corazón, frotar un par de minutos sobre la arruga. Repetir esta operación dos veces al día hasta que desaparezca la lesión.
Por último, el ajo también es beneficioso para tratar los callos y durezas, e incluso para favorecer la actividad de la memoria. En el caso de las durezas lo aconsejable es utilizar emplastos: machacar en un mortero 4 dientes de ajo, añadir un poco de aceite de oliva y dejar reposar la mezcla durante 10 minutos. Verter la mezcla sobre una gasa o compresa y aplicar manteniéndola 24 horas. Pasado este tiempo levantar la venda y, una vez reblandecida la lesión, eliminarla con la ayuda de una lima de piel, piedra pomez, etc.
En el caso de la memoria se ha comprobado que el ajo contiene una serie de sustancias que ayudan a formar los neurotransmisores o “mensajeros” que van de una neurona a otra en el cerebro, facilitando su trabajo, con lo cual se favorece en último extremo la capacidad de memoria, aprendizaje, inteligencia, etc., aunque sea de una forma leve.
Quesos y denominación de origen
Según la Real Academia Española de la Lengua, el queso es un producto obtenido por maduración de la cuajada de la leche con características propias para cada uno de los tipos según su origen o método de fabricación. Esta es la definición académica, pero no sirve de mucho cuando uno acude a un mercado y encuentra cientos y cientos de tipos de queso de aspecto y sabor muy distinto: fuertes, suaves, lisos, enmohecidos, azules, con agujeros, de corteza consistente…
No es de extrañar tanta variedad ya que, aunque la materia prima fundamental siempre es la leche, ésta puede provenir de nada menos que cincuenta razas de animales diferentes. La más utilizada es la de oveja, vaca y cabra, pero en algunos países se elabora con leche de llama, camello y reno. Además, en cada zona del mundo la elaboración sigue procesos completamente dispares.
Cuajada y suero
Una vez obtenida la leche, entra en acción el maestro quesero, el artífice que consigue convertir el queso en un producto duradero y apto para el consumo. El paso fundamental es la coagulación, proceso que consiste en separar la leche en dos partes: por un lado, la cuajada -compuesta por sólidos, proteínas y grasas-; por otro, el suero, constituido básicamente por agua.
Este trabajo (las bacterias fermentan y agrían la leche) lo realiza el cuajo, una enzima que tienen todos los animales mamíferos en el estómago. Su descubrimiento fue fortuito y se produjo cuando los pastores advirtieron que al guardar leche en odres fabricados con estómagos de cordero, ésta se agriaba separándose en cuajada y suero. Gracias a este hallazgo los pastores pudieron elaborar quesos que duraran todo el invierno, además de posibilitar que la cuajada se pudiera cortar con una consistencia suave, y mejorar su textura y el sabor.
Esta parte del proceso es la razón por la que los vegetarianos prescinden de este nutritivo alimento; por ello, cada vez es más frecuente la utilización de productos vegetales y hongos para provocar la coagulación.
Clasificación
Una buena forma de clasificar los quesos es a través de la corteza, ya que ésta facilita todas las pistas necesarias para conocer la textura, el gusto y la intensidad del sabor de lo que se oculta debajo. Los que no tienen corteza ni mohos visibles son los Quesos Frescos, que contienen una alta cantidad de humedad y se caracterizan por que son muy suaves y tienen muy poca grasa. El Camembert y el Brie son dos ejemplos de Quesos de Corteza Blanda y Blanca; se elaboran en ambientes húmedos para que casi no pierdan suero, lo que favorece el desarrollo de su tan característico moho blanco, o penicillium.
También de moho, pero en este caso gris azulado, es la capa de los Quesos de Corteza Natural, como los Crottin de Chavignol o Saint-Marcellin), categoría a la que pertenecen casi todos los quesos de leche de cabra fabricados en Francia.
De color marrón anaranjado y de aspecto pegajoso son los de Corteza Lavada, como el Herve y el Munster. Su olor y su sabor van de lo intenso a lo extremadamente fuerte. Los Quesos Semiblandos tienen una corteza que oscila de marrón rosada a gris oscura, algo elástica al tacto. Su proceso de fermentación es bastante lento y por lo tanto tiene menor proporción de humedad que otros. Dentro de esta categoría están el Raclette y el Desmond.
Los Quesos Duros, como el Manchego o el Gruyère, tienen la corteza gruesa y generalmente encerada, aceitada o envuelta en tela. El Roquefort, Gorgonzola, Cabrales o Stilton, son Quesos Azules, cuya corteza varía desde una pelusa fina hasta una arenilla gruesa, y suelen presentarse envueltos en papel de aluminio.
Y por último, los Quesos Aromatizados, similares a los que se utilizan como base para su elaboración, pero con ingredientes añadidos para darle sabor: Gouda con comino, Cheddar con dátiles y nueces y Raclette con granos de pimienta.
El vino blanco, ¿sólo para los pescados?
La asociación de un tipo de vino, según su color, con un tipo concreto de alimentos está más que generalizada. Los vinos blancos se presentan como acompañamiento para el pescado y la carne blanca; los tintos, para las carnes rojas; y los dulces, para los pasteles. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, estas reglas no escritas no se cumplen con el mismo rigor que antaño. Esta libertad de elección es un paso adelante, pero esto no quiere decir que se deba hacer de forma aleatoria.
Antes de decidirse por un caldo u otro, conviene tener en cuenta varios factores. Depende, entre otras cosas, de qué platos se van a tomar y en qué orden; no es lo mismo que el queso sea el plato principal a que sea el postre. Como decía un célebre gastrónomo galo, “una cena y una comida sin queso es como una mujer bella a la que le faltara un ojo”.
Una de las claves para que la mezcla sea correcta consiste en calcular, y posteriormente equilibrar, el peso y la intensidad de ambos sabores. De modo que si se elige una receta ligera, como pollo con un suave condimento, su gusto desaparecerá ante un vino pesado y de fuerte personalidad. Y al contrario, un plato fuerte con salsas muy condimentadas, no le dejará saborear un delicado caldo.
Cuando se trate de una receta que lleve vino, la combinación perfecta será acompañarlo de idéntico licor, a no ser que se sea un vino de cocina de poca calidad, en cuyo caso se servirá uno similar, pero superior.
Combinaciones imposibles
El grado de acidez, salinidad y dulzura de las comidas es de vital importancia. De este modo, una salsa de naranja irá bien con un vino un poco ácido y una receta salada regará mejor con un caldo un poco dulce. En cualquier caso, el gusto de cada comensal es el que impera a la hora de elegir qué vino verter en su copa. Y al que le guste el vino tino para regar un lenguado, que le aproveche.
El problema más acuciante llega con los alimentos imposibles de combinar, porque los hay. El vinagre, las alcachofas o el chocolate ponen a prueba al mejor de los sumilleres, que llegan incluso a renunciar a tales exquisiteces con tal de no intentarlo. Pero se pueden buscar soluciones. Una de las mejores combinaciones para el vinagre es el agua, aún mejor si tiene gas. Cuando se quiera utilizar para una ensalada, se puede recurrir al truco de sustituirlo por vino propiamente dicho, o por un aceite de nuez o de avellana.
En el caso de las alcachofas, su problema se debe a la cinarina, una sustancia que segrega esta verdura y que consigue que el vino adquiera un sabor metálico y algo amargo. La mejor solución es acabar con la cinarina echando unas gotas de limón sobre la comida… Y listo.
Para el chocolate, si es puro o en trufas, la mejor manera de no acabar con su sabor al tiempo que con el del vino, es tomarlo con agua o algún licor. Sin embargo, cuando se trata de una mousse, no hay razón para renunciar a los caldos; un vino dulce, por ejemplo, o un moscatel semi dulce bien fresquito son un acompañamiento perfecto.
La vida secreta de las coles
Sabrosas, llenas de vitaminas, fáciles de cultivar y de cocinar, las coles forman parte de nuestra dieta desde mucho antes de lo que podamos imaginar. Y es que esta hortaliza crecía silvestre en Europa, aproximadamente 400 años antes de Cristo. Ya los griegos y los romanos las consumían, no tanto como plato cocinado (las flatulencias que producen no les terminaban de convencer), pero sí para rebajar los efectos que produce el alcohol.
Pero, además de por su interesante pasado, las coles se caracterizan por sus virtudes alimentarias y nutritivas. Son muy ricas en magnesio y potasio, y tienen un alto contenido en vitaminas A, B y C (de esta última casi tanta como el limón y la naranja). Por si eso fuera poco, parece que alivia los dolores que produce la úlcera gástrica. Y, lo más sorprendente de todo, protege contra el cáncer. Según unas investigaciones realizadas en Japón y Estados Unidos, existe relación entre el consumo frecuente de este alimento y el fin del crecimiento de pólipos precancerosos en el colon. Por otro lado, también se dice que ayuda a acelerar el metabolismo de estrógenos en la mujer, lo que puede significar que protege en cierto modo contra los cánceres relacionados con hormonas.
Para todos los gustos
Para que no haya confusión entre todas las especies que se pueden encontrar en el mercado, se ofrece a continuación una clasificación de las más importantes. Parecida a las endibias, la col marina tiene las hojas de color verde pálido. Se puede comer cruda acompañada de salsa vinagreta, cocida o salteada con ajo. Los tallos blanqueados se consumen como los espárragos. Por su parte, la col de Bruselas se distingue porque es de tallo hipertrofiado y con muchos cogollos. Sólo se puede comer previamente cocida.
Las hojas de la col negra son lisas, gruesas y con muchos nervios (el sabor de los nervios centrales es poco agradable). Cuando se utiliza en ensalada, añade un ligero sabor picante. Una de las características de la col rizada son sus grandes y fibrosas hojas, de marcado sabor.
El repollo, la lombarda y la berza (que se cultivan en el norte de Europa y son las más resistentes a las bajas temperaturas), son de hojas lisas. El brécol y la coliflor son las variedades más populares. Ambas son de inflorescencia apretada, al igual que el romanescu, que tiene un sabor suave y delicado.
Para terminar, los colinabos no son exactamente una especie, sino la parte inferior del tallo de una col. En España su utilización en platos no es muy frecuente; en cambio, en el resto de Europa se suelen comer fritos -como si de patatas se tratara- o rallados servidos en ensalada.
La alimentación de los celíacos
Las tiendas de alimentación dedicadas a enfermos celíacos son algo realmente novedoso en nuestro país. Las primeras se abrieron en torno a 1993. Hace muy poco tiempo que se comenzó a oir hablar con cierta asiduidad de la denominada celiaquía y, por eso, la mayoría de la gente no sabe en qué consiste. Esta enfermedad es un trastorno intestinal causado por la sensibilidad al gluten, una proteína que se encuentra en cereales como el trigo, el centeno, la cebada o la avena.
Uno de los mayores problemas de esta afección es que, aunque el gluten no sea una proteína muy conocida, está presente en muchísimos alimentos y, lo que es peor, de consumo muy habitual. Entre estos alimentos se encuentran el pan, las galletas o la cerveza. Por eso, son muchas las ocasiones en las que esta alergia obliga a cambiar los hábitos alimentarios de algún miembro de la familia.
La dolencia se presenta tanto en niños como en adultos, en estos últimos cada vez es más habitual. En los bebés, puede aparecer pocos meses después de empezar a consumir alimentos que contengan esta proteína. En otros casos, sin embargo, la enfermedad no se manifiesta hasta la edad adulta; a pesar de que se padece desde hace mucho tiempo, probablemente desde la infancia, o bien se ha carecido de síntomas, o estos han sido realmente leves.
Síntomas
En los más pequeños, la sintomatología pasa por problemas gástricos frecuentes, así como por su falta de recuperación. También es frecuente que sufran inflamación abdominal, diarrea, anemia y pérdida de peso. Cuando se da en personas de más edad padecen de fatiga, depresión, malestar general, úlceras bucales, dermatitis e incluso infertilidad.
Estos terribles problemas se producen porque el gluten causa un daño en la mucosa intestinal y provoca que el intestino pierda sus vellosidades y, por lo tanto, no sea capaz de absorber los nutrientes. Las consecuencias más graves son desnutrición, retraso en el crecimiento, anemia y alteración de las características de las heces.
Detección y diagnóstico
De cualquier modo, la enfermedad no siempre se manifiesta en toda su plenitud. A veces, en los niños se descubre porque simplemente no crecen al ritmo que el resto de los críos de su edad. En los adultos, se puede manifestar con episodios diarréicos frecuentes durante años. Muchas veces, éstos son los únicos síntomas que presenta la enfermedad.
El diagnóstico se obtiene a través de una biopsia, en la que se toma una muestra del intestino delgado. Una vez examinada, y en caso de dar positivo, el paciente debe someterse a una estricta dieta sin gluten. Un tiempo después, la biopsia debe repetirse para comprobar que las vellosidades se han recuperado. Si es así, el diagnóstico queda confirmado. Entonces, el enfermo debe someterse a una dieta sin gluten a lo largo de toda su vida. Durante los primeros meses, algunos médicos recomiendan tomar complementos vitamínicos para reforzar la alimentación.
Claves para engordar
Existen numerosas dietas y ejercicios que permiten la reducción del peso, pero también las hay orientadas al efecto contrario: engordar. Se trata de regímenes más complejos, pero cuyo seguimiento para la consecución de sus objetivos es igual de importante.
A pesar de esto, no es la alimentación lo único que influye en la capacidad de coger peso. Factores como el ejercicio, el estrés o la propia predisposición del organismo son esenciales.
Cinco comidas
Lo más importante es seguir una dieta muy estricta dividida en 5 comidas diarias: desayuno, media mañana, almuerzo, merienda y cena. Algunos incluso incluyen una sexta comida, antes de acostarse, a base de líquidos.
Picoteo calórico
También es recomendable la ingestión entre horas de frutos secos y zumos de todo tipo, que tienen un aporte calórico muy elevado.
Control de calorías
La cantidad de calorías mínima debe ser de unas 2.000 a 2.300 calorías al día, aunque dependiendo de la rapidez con la que se quiera subir peso estos parámetros pueden aumentar hasta las 2.500 calorías. Esto es mucho teniendo en cuenta que el consumo medio de calorías al día, recomendada por los médicos y dietistas, es de aproximadamente 1.800 calorías/día.
Agua en abundacia
El agua es otra de las claves de estas dietas y su presencia debe ser constante a lo largo de toda la jornada. Se recomienda que al menos se ingieran 2-3 litros de agua diarios, con el fin de suavizar en el estómago el fuerte efecto que la ingestión constante de grasas puede producir.
Alimentos que abren el apetito
Dentro de las dietas para engordar hay que priorizar aquellos alimentos que abren el apetito como pueden ser la nata, la mantequilla o las harinas de trigo, además del azúcar. El pan también es base fundamental dentro de las comidas, siendo bueno el consumo de al menos 200 gramos al día.
Ricas calorías
Los alimentos más ricos en calorías son las patatas, arroces, cereales, salsas y sopas. También se puede incluir en este grupo las legumbres y los pescados ahumados. Entre las salsas más usadas está la mayonesa que usa para acompañar todo tipo de carnes y pescados, eso sí, siempre rebozados. Estas mismas carnes pueden ir con salsas espesas.
Frutas y verduras
Aunque no sirven para ganar peso, no hay que olvidar incluir las verduras y frutas entre los alimentos a consumir ya que sirven como estabilizadores dentro de cualquier tipo de dieta, ya sea para engordar o para adelgazar. Lo más conveniente es aderezarlos con aceite de oliva, nunca de girasol, y en ocasiones de soja.
Suplementos dietéticos
Los complementos para las comidas son esenciales, sobre todo para aquellos que realizan un ejercicio físico. Su uso adecuado puede ser beneficioso, siempre que sea recetado por un especialista. Sirven para reforzar las dietas y, en su caso, para generar músculo.
Algunos de estos suplementos más eficaces son las proteínas en polvo la creatina monohidratada y las bebidas energéticas. En ningún caso los anabolizantes deben ser usados para aumentar peso, ni músculo, ya que pueden provocar problemas cardíacos.
