Nacimiento del bebé: primeros consejos
Ya hay un nuevo ser en la familia y las responsabilidades abruman más que nunca. Lo primero que hay que plantearse es que hay que disfrutar del bebé y no angustiarse por cosas que son superfluas: un cuco para dormir, pañales para estar seco y ropa para estar limpio es más que suficiente.
Es verdad que la mayoría de los padres prevén con meses de antelación cualquier contingencia con el fin de cubrir todas las necesidades del pequeño y de ellos mismos. Se puede preparar el cuarto, cambiar el armario, pintar la habitación y comprar todos los utensilios imaginables; sin embaro, hay que tener presente que todo eso es secundario y que, si llega el caso, se puede pasar sin ellos. Hay otras necesidades que son más importantes.
Organizarse bien
En los primeros días, la nueva madre va a necesitar mucho apoyo. Es ella la que se queda sola en casa porque en muchos casos el padre tiene que volver a trabajar y la que deberá enfrentarse a una serie de tareas que le van a resultar tan nuevas como agotadoras; además, siempre sentirá que le falta tiempo. El apoyo de la madre, la suegra o de cualquier otro familiar o amiga que haya tenido hijos puede convertirse en una bendición; le permitirá descansar, más cuando aún esté convaleciente del parto, y sus consejos aliviarán en parte el estrés que supone cuidar al bebé.
Poco a poco, la nueva madre se irá organizando; para ello es imprescindible que se imponga, dentro de lo posible, un horario aunque será el crío el que marque las tomas y las horas de sueño. Un bebé hace hasta ocho tomas de leche diarias, este número se va reduciendo según pasan los meses; el resto del tiempo-unas 20 horas-está durmiendo. Es recomendable aprovechar el espacio entre tomas para comer, ducharse o dormir y, tras los primeros diez días, si no hace frío, sacar al bebé a la calle con frecuencia para que la luz del sol -que nunca debe ser directa- le aporte vitaminas y le prevenga la ictericia.
Comprar con sentido
Además del tiempo, el espacio tampoco suele resultar suficiente cuando la familia crece. No conviene apresurarse a comprar; lo mejor es analizar con detenimiento qué será realmente útil o qué ayudará a ganar tiempo. Conviene disponer de un buen surtido de biberones y chupetes ya que se ensucian a menudo; además habrá que cambiar las tetinas según el desgaste, la capacidad de succión o los gustos del bebé.
El cambiador/bañera también merece la pena; impedirá que la madre se deje los riñones cada vez que baña o cambia al bebé. Por el contrario se puede prescindir del calentador de biberones si se dispone de un microondas y un buen termo para salir de casa. El humidificador sólo es necesario para ambientes secos o con calefacción alta.
¿Es realmente necesario el esterilizador? Los aparatos que lo hacen con vapor son muy cómodos, pero no imprescindibles; además, esterilizar en agua hirviendo sólo llevará unos minutos. Los comunicadores, esos aparatos que permiten oír al pequeño a distancia, tampoco son de vital importancia. La cuna se empieza a utilizar a partir del tercer o cuarto mes; hasta entonces es mejor usar el cuco porque se puede trasladar a cualquier lugar y el bebé se siente más protegido.
Los celos ¿matan o alimentan?
Toda relación hunde sus raíces en el tumultuoso mundo de las pasiones y nos lanza a una aventura emocional de cuyo desarrollo no siempre somos dueños. Los celos serían uno de esos mil rostros que adopta el amor sin nuestro consentimiento. Cupido agudiza el sentido de la posesión y nos dejamos invadir por un sentimiento de codicia hacia el ser querido en la creencia de que nos pertenece en cuerpo y alma. En las empresas del corazón no queremos a nadie por socio, y gozar del otro en régimen de exclusividad se convierte en el privilegio pactado de un egoísmo consentido.
Frente a los caprichos de la Fortuna, el miedo a perder al amado en brazos de un tercero se cuela por las fisuras de nuestra autoestima y se proyecta sobre el pasado, el presente y el futuro. Alimentar este temor lleva a contemplar al resto de los mortales como posibles rivales y a entrar en una espiral de competencia. Al calor de lo que se vive como una traición u ofensa larvada acuden en cortejo la inquietud, la sospecha y la desconfianza.
Dentro de un orden, los celos forman parte de un juego de halagos mutuos; nos enorgullece despertar ese sentimiento en el ser querido, a quien devolvemos el cumplido con las mismas; pero resulta peligroso emplearlos como estrategia para estimular el interés del otro. Con eso de que la confianza mitiga el deseo y el temor aviva sus llamas, en ocasiones exploramos nuestra capacidad de conquista para que la alarma se dispare. ¡Ojo, esta táctica puede volverse en contra y desencadenar consecuencias no deseadas!.
Los celos fundados o infundados acechan a cualquiera, pero no todo el mundo sabe dosificar su efervescencia. Un temperamento apasionado no concibe el amor sin ellos y sucumbe a su embrujo de una forma visceral, mientras que los de talante frío invocan a la razón para no caer en lo que consideran una bajeza. La seguridad que nos inspira la relación que tenemos entre manos también influye a la hora de alentarlos o desecharlos.
Como pájaro de mal agüero, la suspicacia anida en el corazón celoso; con sus radares siempre alerta capta el mínimo detalle y su mente calenturienta pone el resto. En su afán por dar crédito a todo lo peor, adopta el papel de policía y mantiene a su pareja bajo sospecha permanente. La vehemencia de esta pasión conduce a los celos patológicos, una enfermedad obsesiva que destruye todo entendimiento amoroso. Recuerde que aunque en pequeñas dosis pueden ser afrodisíacos, abusar de ellos resulta letal para el amor.
Los niños ante el divorcio
Según un reciente estudio, más de la mitad de las parejas que se han casado en la década de los noventa verán fracasar sus matrimonios y deberán sufrir la separación. Si es verdad, como parece, que el número de divorcios aumenta, es evidente que también se ven involucrados en ellos un mayor número de niños. Y esa suele ser la primera preocupación para la pareja que decide romper su unión: ¿qué pasa con los hijos?
Los pequeños no lo entienden
Es a partir de los cuatro o cinco años cuando los niños son conscientes de que papá y mamá tienen problemas y cuando sufren el divorcio. La primera reacción de los hijos es el desconcierto por una situación que saben que existe, pero que no entienden.
Ellos han conocido a sus padres siempre juntos y no pueden darse cuenta de los problemas que provoca el hecho de que ahora comiencen a ver menos a su padre o a su madre. El niño, además, suele ser víctima de crisis nerviosas o depresivas si la tensión entre los cónyuges se traslada a los otros miembros de la casa por discusiones o enfrentamientos violentos.
Poco después, los pequeños suelen negarse a admitir lo que ya es un hecho: insisten en la reconciliación de los padres o protestan cada día porque no pueden ven al progenitor que se ha ido de casa. Este periodo puede resultar más o menos largo en función de la manera en que se haya producido el divorcio; en definitiva, según los padres hayan logrado explicar y hacer lo menos dolorosa posible la situación.
Evitar que presencie discusiones
Si realmente no se quiere hacer que el hijo sufra por los problemas de sus padres es necesario excluirlo de la tensión que se genera por esta causa; eso no quiere decir que no sepa que existen graves diferencias. Cuanto mayor es el niño, mejor puede asimilar el hecho de que existen problemas, siempre que no los perciba a través de gritos, insultos y discusiones violentas. Si éstas se producen, no debe ser delante de los hijos; si el motivo de la discordia es su educación, algo que han hecho mal o su custodia tras el divorcio, las medidas de precaución deben extremarse.
Separación amigable
Varios estudios de psicología infantil desarrollados en Estados Unidos y la Unión Europea han demostrado que el niño sufre mucho más en situaciones en que los padres son infelices juntos que posteriormente, cuando vive sólo con uno de los dos y ve al otro en un nuevo ambiente e, incluso, con una nueva pareja. Estas reacciones no son difíciles de entender; los niños quieren sentir que sus padres son felices; lo contrario les provoca muchas alteraciones.
Si la separación es amigable a sus ojos, la tensión generada desaparecerá. El pequeño percibe que su papá y su mamá ahora sonríen y juegan con él más que antes; además ahora tiene dos casas que son suyas, dos cuartos, dos armarios de juguetes y en cada visita su progenitor le tiene preparado un programa de diversiones que antes, cuando vivían juntos, solía disfrutar con mucha menos frecuencia.
Solteros: saber, querer y poder
Las connotaciones negativas de la soltería han pasado a la historia. Solterones y solteronas fueron hasta ayer mismo una especie de lacra social que no cuadraba con los estrechos esquemas del “ser felices y comer perdices” al hilo de una única opción: casarse y tener hijos. Aquel estado “incivil” les convertía en ciudadanos de segunda y forjó en torno a ellos una oscura leyenda de esterilidad, soledad y olvido. Hoy los solteros son una clase ascendente y todo un símbolo de modernidad que, con otra propuesta de hogar, hace añicos la imagen de la familia tradicional.
El fenómeno se dispara en las grandes ciudades. París, donde la mitad de sus hogares son unipersonales, ha sido bautizada como “capital de la soledad” por los demográfos franceses. La sociedad de las familias da paso a la sociedad de los individuos llevando hasta sus últimas consecuencias eso de que cada uno en su casa y Dios en la de todos. Más de millón y medio de españoles, (1.520.900 personas, para ser exactos) practican este nuevo concepto de familia, según el censo de 1996.
Sus protagonistas son jóvenes urbanos con un futuro profesional más o menos resuelto y ciertas garantías económicas. Todo un lujo que pocos pueden permitirse en estos tiempos de incertidumbre laboral, donde acceder a una vivienda e independizarse se ha convertido en un privilegio. La mujer se apunta al carro y culmina la revolución inagurada en los albores de este siglo que se acaba. Ellos hacen su pinitos como amos de casa y se defienden bastante bien. Ambos comparten un proyecto de vida: ser autosuficentes.
En la era del individualismo a ultranza no está de moda ser débil y dependiente emocionalmente, pero no todo el mundo vale para llevar las riendas de tan desangelada familia. Eso sí, quien saborea las mieles de vivir en soledad cae rendido en sus brazos y, llegado el momento de compartir, le cuesta renunciar a sus encantos. En este ermitaño hogar se es dueño del espacio y el tiempo. Nadie te limita, oprime o exige, pero con las mismas tampoco nadie te espera, necesita o ni mima.
Las carencias se salvan con perros y gatos, a golpe de música, televisor y radio y algún capricho ocasional. Entre sus efectos secundarios destaca el volverse un maniático de cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa y el hábito de cultivar el monólogo interior hasta el punto de que luego cuando hablas no te reconoces. Lo que se lleva más cuesta arriba es cocinar para uno mismo y encima comer solo. A la hora de ligar, los chicos ya no preguntan a las chicas que si estudian o trabajan para romper el hielo. La frase mágica es: “¿Vives sola?”.
Los niños y las videoconsolas
El de las videoconsolas es una negocio de dimensiones gigantescas que mueve millones de euros en todo el mundo. Las compañías del sector han encontrado un filón interminable en esta diversión virtual que reta a los usuarios a demostrar sus habilidades visuales, reflejos, coordinación e intuición.
Cada cierto tiempo, un nuevo chip o un nuevo procesador mucho más avanzado que el anterior permite producir nuevas consolas que requieren nuevos y más sofisticados juegos. Es decir: se tira la consola y los juegos viejos y se compra la novedad para enfrentarse a retos aun más reales. El proceso no tiene fin y los gastos tampoco. Pero, ¿qué familia se resiste?
Sentido común y mesura
Varios especialistas en psicología adictiva han señalado los riesgos del uso frecuente de los vídeojuegos; en cualquier caso, aún no se ha comprobado que este tipo de ocio cree una psicopatología semejante. De hecho, la mayoría de los psicólogos concluye que no existen diferencias significativas en la estructura de la personalidad de los usuarios de vídeojuegos respecto a los que no los utilizan.
Juan Alberto Estallo, psicólogo del Instituto Psiquiátrico de Barcelona y experto en nuevas tecnologías, considera que los vídeojuegos no presentan secuelas adversas en la conducta de los individuos a medio y largo plazo. Un estudio del especialista concluye que la práctica regular y sostenida de estos juegos no supone ninguna modificación especial en las actividades sociales, ni produce problemas físicos.
Riesgo de adicción
Aún así, el riesgo de la adicción existe; un pequeño porcentaje de la población emplea una gran parte de su tiempo de ocio con las consolas y gasta fuertes cantidades de dinero en comprar nuevos equipos y juegos. Para evitarlo es bueno imponerse unos límites, que deben valer tanto para los padres como para los hijos. La primera norma es fijar un máximo de entre una y dos horas diarias para dedicar a los vídeojuegos y sustituir los de carácter agresivo por otros más didácticos.
Otra buena costumbre a seguir es no permitir que esa actividad impida realizar cualquier otra tarea social; y tampoco está de más que padres e hijos jueguen juntos, ya que impedirá que el usuario se aisle.
Por último, es aconsejable que los niños vean en los vídeojuegos un punto de encuentro con otros niños y no una forma solitaria de diversión. Por eso es conveniente que se reúnan en casa unos cuantos amigos y realicen competiciones y torneos, resultará más divertido y les ayudará a relacionarse. En cualquier caso, siempre debe limitarse el tiempo de uso.
Castigos físicos: ¿si o no?
Hay diferentes tipos de padres. Unos creen que no hay nada como una buena bofetada a tiempo y otros creen que la fuerza del dialogo lo puede todo. Para algunos la disciplina es un mal necesario y para otros el único método; todos coinciden en que sin ella no se puede educar a un niño. Pero, ¿dónde están los límites entre libertad y disciplina?
En este siglo, un nuevo modelo educativo basado en la tolerancia y el respeto a la libertad del niño vino a cuestionar la severidad y el castigo, la disciplina y la obediencia que marcaban la relación entre los adultos y los más jóvenes. Y ahora se reabre el debate: ¿hay que pegar a los hijos?
Demasiado frecuente
Para muchos, dar una bofetada a un crío en determinadas circunstancias es saludable. “Un bofetón puede ser educativo si se da en las condiciones debidas. Pero ha de ser ocasional y hay que explicar por qué se hace”, afirman algunos padres.
Según el Ministerio de Educación, los padres de más de un millón y medio de menores tienen acusada tendencia a emplear el castigo físico; de ellos, medio millón sufre habitualmente malos tratos. En última instancia, el menor está amparado por el Código Penal y el Civil, que precisan que es facultad del padre corregir a sus hijos, pero sin someterlos a castigos desproporcionados.
Regulado por la ley
Donde existen claras normas de comportamiento es en la relación entre el menor y sus maestros. El Ministerio establece que “todos los alumnos tienen derecho a que se respete su integridad física y moral y su dignidad personal, no pudiendo ser objeto de tratos vejatorios o degradantes. Tampoco podrá ser objeto de castigos físicos o morales”. En cualquier caso, todos los educadores vuelven a incidir en la importancia de la disciplina y, también, en la dificultad para imponerla al niño.
Los modelos más tolerantes, conscientes de que sus teorías tienen ciertos defectos formales, también intentan inculcar la disciplina como un ejercicio de autocontrol; pero no siempre funciona. En definitiva, la cuestión última sería qué clase de persona se quiere formar: obediente y tranquila, espontánea y con iniciativa… Incluso sabiendo el tipo de adulto que se desea confiar a la sociedad, no se conoce una fórmula segura para que el experimento tenga éxito. Quizá el secreto esté en los genes.
Fiestas de cumpleaños: casi un lujo
Los hijos comienzan su agitada vida social casi antes de empezar a andar. Empiezan asistiendo a las fiestas de cumpleaños del retoño de la amiga de mamá, pero a estos les siguen las celebraciones de los aniversarios de sus compañeros de tenis, inglés y karate y, por supuesto, las de sus compañeros de cole. A final de curso, la apretada agenda del pequeño habra hecho su pequeña aportación a la relación de gastos familiares; unos costos que se incrementarán de forma considerable si el pequeño es un gran relaciones públicas.
Obligación social
Si a lo largo del curso el pequeño asiste a una media de veinte cumpleaños, los padres tendrán que reservar un presupuesto especial para este tipo de eventos. A estas fiestas no se puede ir con las manos vacías y, hoy por hoy, no es posible encontrar un regalo más o menos aceptable por menos de 9 euros.
Si la celebración la organiza alguien del círculo más cercano de amigos el presupuesto puede dispararse hasta las 18 euros. En cualquier caso, y por aquello de dar cifras medias, no es disparatado calcular en 180 euros el presupuesto destinado a este menester.
Locales especializados
Si decide celebrar el cumpleaños de su hijo en algún local acondicionado para estos eventos, reste otras 180 euros a su cuenta. Esta cifra está calculada para una celebración matutina (más barata) a la que acudan de doce a catorce invitados. Los gastos variarán, siempre al alza, dependiendo del número de niños, del local y de la hora.
Los parques infantiles especialidados suelen disponer de piscinas de bolas, toboganes y un sinfín de aparatos de plástico para que los niños se diviertan a su aire sin demasiado peligro. Son una buena opción para los padres que prefieren evitar la presencia de veinte infantes en casa y desean librarse de la ardua tarea de recoger y limpiar el desorden resultante. A la comodidad de los padres hay que añadir el disfrute de los niños, que saltan y brincan a sus anchas, comen sólo lo que les apetece y se llevan su imprescindible bolsa de chucherías como recuerdo.
Un negocio con filón
La proliferación de locales de este tipo en la mayoría de las ciudades da una idea de la gran aceptación que están teniendo y de lo bien que resuelven la papeleta, aunque aprovechen demasiado el tirón y sus precios sean excesivos. Las dos horas que suele durar la fiesta vienen a costar entre los 9 euros y los 12 euros por niño.
En caso de que se quieran sustituir los toboganes y las piscinas de bolas por una mini discoteca con espectáculo de pompas de jabón, payasos, títeres, guiñol, una película, karaoke y piñata, la broma puede salir por unas 12 euros por niño; en el precio queda incluida la grabación en vídeo de la fiesta.
Espectáculo en casa
Dependiendo del número de asistentes, es posible que casi salga más económico contratar un espectáculo en casa. En estas fiestas a domicilio suele haber payasos, títeres, magia y animación con juegos por espacio de una hora; los precios varían entre las 100 euros y las 150 euros. Es cuestión de hacer números y decidirse. Si al niño o niña le dan miedo los payasos, algo bastante frecuente entre los más pequeños, es mejor olvidarse de esta última opción.
La fiesta más económica es la de toda la vida: una tarta con velas, emparedados, una piñata y, para que no se aburran, como animadores pueden servir el padre y algún amigo o familiar caritativo. En este caso, los gastos no superarán las 60 euros; pero este tipo de saraos sólo es recomendable para padres enrollados y con mucha marcha, de lo contrario pueden acabar de los nervios. Tenga en cuenta que la fiesta se prolongará, como mínimo, durante dos horas; ciento veinte largos minutos en los que no se podrá bajar la guardia.
Es importante tener juegos de reserva y un montón de ideas originales para poner en práctica en caso de emergencia, como pintarles la cara a los pequeños o jugar a los marcianos con pistolas de papel de aluminio. Si se acepta esta opción, lo mejor es celebrar el cumpleaños del niño un sábado, así se tendrá todo el domingo para recuperarse de la fiesta.
Caramelos y tarta
El tema de los gastos se completa con otro pequeño detalle, los caramelos para los compañeros de la clase. Si en el colegio permiten los pack de cumpleaños -algunos los prohiben y prefieren que se lleve una bolsa de caramelos para repartir entre todos- y se prefiere decide comprarlos, ha de saberse que cuestan unos 25 euros, suponiendo que en la clase del niño haya 35 niños y que cada uno de ellos salga por unos 0.75 euros. Si en el colegio o guardería es costumbre llevar una tarta, hay que añadir unos 15 euros más, pero también puede recurrirse a la tarta casera.
Si el homenajeado es el propio hijo, no hay que olvidarse del pertinente regalo. Como se trata de su cumpleaños no vale cualquier cosa; tal vez una bicicleta, una casa de muñecas, un coche teledirigido, una muñeca que llora, come y hace pipí a la vez o su primer ordenador. Llegado a este punto, y si no queda presupuesto, lo único que queda por decir es que se puede pagar en plazos.
Niños hiperactivos: sin descanso
En el colegio es incapaz de atender en clase, todo le distrae y con frecuencia interrumpe a la profesora cuando está hablando. La inquietud de su mente es extraordinaria. Este comportamiento refleja todos los síntomas que caracterizan al trastorno por déficit de atención con hiperactividad.
Aunque no existen datos exactos, se cree que en España, entre un 3% y un 5% de los niños sufre este problema, que es una de las principales causas de fracaso escolar.El comportamiento de estos niños altera la convivencia familiar, los padres se ven desbordados ante una máquina que nunca descansa, pero en muy pocas ocasiones el problema se identifica como tal.
Posibles causas
Esta disfunción biológica, que hace que el niño “no pare quieto y no preste atención a las cosas”, surge por problemas en el parto y fue reconocida como tal en los años cincuenta.
Los factores genéticos tampoco están descartados. Según las investigaciones del psicólogo Russell Barkley, de la Universidad de Massachusetts, el 40% de los niños con déficit de atención e hiperactividad tiene un padre que sufre este mismo trastorno, y un 35% tiene un hermano que lo padece. Además, si el hermano es un gemelo idéntico, este porcentaje asciende hasta el 92%. Sin embargo, hasta ahora el gen o los genes en cuestión no se han descubierto. Lo que sí parece estar claro es que el problema es más común entre los varones, en una proporción dos o tres veces superior.
¿Hiperactivo o hipercinético?
No es fácil diagnosticar este trastorno en un niño. Al fin y al cabo, ¿cómo se puede distinguir un mal comportamiento por causas puramente ambientales, de un trastorno mental que supuestamente tiene un origen fisiológico? El problema se complica al no existir ningún marcador biológico fiable que los distinga. Esta indefinición lleva a que, en muchas ocasiones, los términos hiperactivo e hipercinético se utilicen indistintamente, cuando tienen poco que ver.
Ambos se refieren a niños que se mueven mucho pero, mientras en el segundo de los casos sólo ocurre en momentos o situaciones determinadas, los hiperactivos “lo son las 24 horas del día y los 365 días del año y sufren el problema desde el nacimiento. En ellos el movimiento no es el problema en sí, sino el aspecto más visible de su déficit de atención; “es como si tuviesen un motor interno”.
Cuando el interés es muy grande, el niño consigue mantener la atención, pero a costa de moverse. “La capacidad de atención del hiperactivo es muy reducida por ello, para procesar la información que recibe, necesita recargar estos niveles y lo hace cambiando de actividad o moviéndose”.
Acertar en el diagnóstico
El TDAH suele ir acompañado de dificultades en el aprovechamiento escolar y tiende a confundirse muchas veces con problemas de conducta. La experiencia de estos niños en la escuela generalmente suele ser desastrosa. Se les castiga frecuentemente por no prestar ninguna atención en clase, muchos de ellos repiten cursos y una tercera parte ni siquiera consigue el título del bachillerato y en ocasiones se asegura que “a un hiperactivo no se le puede tratar disciplinariamente, ya que si no se añade una tensión suplementaria que genera estrés y ansiedad”.
El problema no se supera con la edad, el TDAH es una condición crónica cuyos efectos suelen perdurar, con intensidad variable, a lo largo de toda la vida. Pero si se identifica de forma prematura, con 5 ó 6 años, y se le somete a un tratamiento adecuado basado en programas para mejorar la atención, un asesoramiento a los padres y -sólo en determinados casos- fármacos (estimulantes, y no tranquilizantes como cabría pensar), el desarrollo en su etapa de adulto será totalmente normal.
Aprender a discutir
Lo mejor que puede hacer alguien para mejorar la salud de su relación es aprender a discutir. La evasión del conflicto es el principal profeta del divorcio. No batallar, dejar pasar los problemas y evitar los conflictos es lo peor que se puede hacer. Al final, las tensiones terminan por librarse. Las parejas tienen que aprender a discutir sus diferencias sin que afecten a su relación.
No hay que olvidar que el desacuerdo forma parte de una buena relación. La mayoría de las parejas discute por las mismas cosas: dinero, las tareas del hogar, el tiempo, el sexo, las prioridades y los niños. Algunas diferencias son irreconciliables. No haga de ellas el centro de su relación. Una pareja que intenta reparar el daño de una discusión tiene más posibilidades de seguir.
Ocho preguntas sobre el fitball
Es divertido, beneficioso para la salud y para todas las edades. Así es el Fitball, una serie de ejercicios que se realizan con un balón gigante.
¿Qué es el fitball?
El Fitball es un balón gigante con el que mediante diferentes ejercicios se puede mejorar el equilibrio y la coordinación además de aportar fuerza y tono muscular. Es divertido, beneficioso para la salud y para todas las edades. Al ser una gran esfera y proporcionar una base inestable, puede prevenir también lesiones de espalda, con especial atención a lumbares y pelvis. Sin duda un revulsivo en los ejercicios de gimnasio.
¿Dónde surge la idea de los balones gigantes?
Comenzaron a popularizarse en Suiza allá por los años 60 y, más tarde, se extendieron por el resto de Europa, América y Australia. En los años 60 la fisioterapia se valía de estos balones para realizar programas de rehabilitación y tratar afecciones neurológicas, de espalda, rodilla y hombros, y como tratamiento de problemas de equilibrio y postura.
A finales de los 80, gracias a su versatilidad, comenzaron a utilizarse en actividades de fitness. Desde esta fecha se usan en un gran número de países para mejorar no sólo la condición física (flexibilidad, fuerza y resistencia) sino también ciertas capacidades coordinativas como pueden ser el equilibrio, la actitud postural y/o coordinación dinámica general.
¿Dónde se puede utilizar?
El fitball se puede utilizar tanto en gimnasios como en su casa; el único requisito es tener una bola gigante y espacio suficiente como para realizar los correspondientes ejercicios.
¿Qué ejercicios se pueden practicar en el fitball?
Para hacerlo más ameno es recomendable una música apropiada para la ocasión. Unos 20 ó 30 minutos de ejercicios entre 3 y 4 veces por semana bastarán para obtener un efecto positivo en los músculos, el sistema cardiovascular y el ámbito psico-emocional. Dependiendo de la postura que se tome se estará trabajando una u otra parte del cuerpo. Se comienza con estiramientos para el buen funcionamiento del cuerpo.
¿Son complicados los ejercicios?
El FitBall puede funcionar como una alternativa a la silla tradicional, la simple actividad de sentarse sobre un FitBall conlleva un ejercicio ligero que hace que nuestro cuerpo deba realizar constantes ajustes para mantenerse en equilibrio sobre él, así se fortalecen los músculos de la espalda. La técnica del rebote conlleva sentarse erguido sobre el balón fijando la atención en el control del tronco y la postura.
Estando de pie sobre una pierna se trabajan los cuadriceps. Si se pone de rodillas sobre el balón se trabaja la parte superior de la espalda, brazos y hombros. Estar tumbado sobre el balón permite movimientos para el fortalecimiento de los músculos de la espalda, glúteos y los isquiotibiales, etc.
¿Qué provoca en el organismo la utilización del fitball?
Con el desarrollo de estas actividades se gana fuerza y tono muscular y se mejoran el equilibrio y la coordinación. Además, al proporcionar una base inestable, puede prevenir lesiones de espalda, con especial atención a lumbares y pelvis, por eso es muy recomendable en el embarazo.
¿Quién lo puede utilizar?
Es un excelente trabajo de bajo impacto por lo que lo pueden practicar personas de todo tipo, desde niños hasta mayores de avanzada edad. Resulta muy atractivo para los niños por su novedad: para la tercera edad, por la posibilidad de ajustar la práctica a sus posibilidades personales; y para los principiantes por su simplicidad.
¿Qué inconvenientes tiene el fitball?
Uno de los principales inconvenientes del FitBall es el de su mantenimiento y almacenamiento. Una bola gigante o fitball cuesta entre 30 y 50 euros, pero el mayor problema reside en la elección del tamaño correcto según la estatura y/o proporciones corporales. A la hora de elegir el tamaño, hay que probarlo; es necesario sentarse sobre el fitball y fijarse que el ángulo lateral que formen las piernas entre caderas, rodillas y tobillo sea de 90 grados. Por ejemplo, si una persona mide 1,50 metros le corresponderá un fitball de 45 cm de diámetro. Si mide 1,70 m, 65 cm, y así sucesivamente.
