Alergias: plantas que atacan

13 Noviembre, 2008 · Archivado en Salud · Comenta 

Esto es lo que sucede con el polen de las plantas, flores de los árboles, etc. Hay que partir de la base de que el polen está representado por unas diminutas partículas microscópicas que miden entre 2 y 250 micras de diámetro por término medio, casi lo mismo que una célula de nuestro cuerpo.

Cuando este polen entra en contacto con las personas alérgicas, en lugar de ser neutralizado con anticuerpos o inmunoglobulinas tipo G, entran en contacto con otros anticuerpos tipo E.

Estos anticuerpos, a su vez, estimulan la secreción en diversas zonas del cuerpo (ojos, nariz, bronquios, piel) de una sustancia llamada histamina. Pero, ¿que es la histamina?.

La histamina
Este elemento, una vez “activado” en el seno del proceso alérgico, tiene 3 grandes efectos que son los que al final justifican la mayoría de los síntomas típicos de los procesos alérgicos.

Irrita las terminales nerviosas con las que entra en contacto, razón por la cual surge el prurito o picazón.
Facilita la dilatación o ensanchamiento de los vasos sanguíneos, con lo cual se hacen más permeables y pierden pequeñas cantidades de líquido desde el torrente circulatorio, surgiendo las abundantes secreciones que inundan las fosas nasales (rinorrea), los ojos (lagrimeo), ronchas o habones en la piel, incremento del moco en los bronquios (típico del asmático), etc.
La histamina también precipita una cierta contracción de la musculatura lisa o músculos involuntarios presenten en los bronquios de pequeño tamaño, dificultando la entrada del aire y con ello la respiración (situación típica del asmático).
Atendiendo a estos datos resulta más que comprensible el tratamiento habitual de la sintomatología alérgica, a base de los llamados antihistamínicos. Estos fármacos bloquean o impiden la liberación de histamina, o simplemente limitan sus efectos.

Causas
Por desgracia, a día de hoy no se conocen los mecanismos exactos por los cuales unas personas padecen alergias y otras no, aunque se les atribuye un cierto carácter hereditario.

Durante la primavera, el aire se enriquece de forma considerable de estas sustancias extrañas capaces de provocar reacciones alérgicas, como es el caso del polen de roble, del álamo, del olmo o del arce, esporas de hongos como el aspergillus fumigatus y multitud de pólenes de hierbas diversas.

El denominador común de estas sustancias es su transporte aéreo. En consecuencia afectan a las fosas nasales, la conjuntiva ocular (parte externa de los ojos), los bronquios e incluso la propia piel.

Enfermedades
Por esta razón las alergias a las plantas se manifiestan por síntomas de estos órganos en forma de rinitis, conjuntivitis, bronquitis, asma, lesiones dérmicas, etc, todas ellas con carácter estrional y que se repiten con cierta frecuencia.

La rinitis es el cuadro más frecuente ya que afecta al 20% de la población. Sus síntomas más frecuentes son abundantes secreciones nasales (rinorrea), muchos estornudos, picor en las fosas nasales, congestión nasal, etc.

Con frecuencia este proceso también se denomina fiebre del heno y puede cronificarse o prolongarse durante la mayor parte del año. En el caso de la conjuntivitis se aprecia lagrimeo, color rojizo en los ojos, hinchazón o edema de ojos y párpados, fotofobia (molestias por la luz), etc.

El asma precipitado por las plantas, por el polen, se denomina también asma extrínseco alérgico y es de los más frecuentes. Afecta sobre todo a los niños y se caracteriza por la aparición brusca, en forma de ataques, de dificultades para respirar, jadeos, tos seca y finalmente, expectoración de moco abundante y trasparente.

Cuando la reacción alérgica tiene lugar en la piel suele manifestarse por manchas sonrosadas en la piel (eritemas), máculas o ronchas en las zonas de la piel expuestas al aire, picor, etc.

El año que viene todos gordos

13 Noviembre, 2008 · Archivado en Salud · Comenta 

Se acabaron los tiempos en que la hermosura se entendía en kilos. Hoy triunfa un ideal de belleza descarnada que trae de cabeza a un buen número de personas, quienes en aras de esa delgadez soñada, viven obsesionados con la báscula.

Más allá de los cánones estéticos imperantes, la obesidad constituye un problema de primer orden en los países ricos, donde afecta a un 30% de su población. Según la Organización Mundial para la Salud (OMS), se trata de la enfermedad estrella del siglo XXI y la segunda causa de muerte tras los trastornos cardiovasculares.

La Sociedad Europea para el Estudio de la Obesidad ha lanzado la voz de alarma al descubrir que 1/3 de los ciudadanos europeos tienen problemas de sobrepeso y uno de cada diez es obeso.

España ocupa el séptimo lugar en este ranking, mientras que Italia se erige en el país con menor población obesa dentro de la Comunidad. Los estudios demuestran que un 40% de la sociedad española está por encima de su peso ideal y que un 13,4% de los españoles con edades comprendidas entre los 25 y 60 años son obesos, una cifra que amenaza con seguir incrementándose.

Mala alimentación
Las causas de esta enfermedad metabólica hay que buscarlas en los malos hábitos alimenticios que hemos importado de otros países de nuestro entorno, en especial de EEUU, donde se considera la enfermedad nacional.

Como la depresión, el estrés o el insomnio, la obesidad es otra de las plagas modernas relacionadas con el estilo de vida que imponen los tiempos: vida sedentaria, comidas inadecuadas y a deshoras, ritmo frenético, imposiciones estéticas, presiones laborales, consumo compulsivo…

En nuestras sociedades no se muere de hambre sino de gula, un deseo impulsivo de comer más asociado con la ansiedad que con el apetito. Este trastorno alimenticio acarrea graves consecuencias médicas, sociales, económicas y psicológicas.

Un problema a estudiar
Ante la envergadura del problema, en el año 1985 se celebró en EEUU la primera conferencia médica sobre los riesgos de la obesidad para la salud. Allí se puso de manifiesto la mala influencia de la grasa sobre el sistema cardiovascular, la hipertensión arterial, la diabetes mellitus de tipo 2 y los accidentes cardiovasculares y cerebrales.

Junto a su predisposición hacia el desarrollo de estas enfermedades, la obesidad acorta la vida e introduce un mayor riesgo de padecer de cáncer de mama y endometrio entre la población femenina y de próstata entre la masculina.

La grasa, que por término medio constituye el 40% del consumo energético diario, es el gran enemigo a combatir. La obesidad supone un incremento de los tejidos grasos que se alojan en nuestro cuerpo y que se traduce en un aumento de peso. Estos no deben superar el 15% de la masa corporal de los hombres, ni el 30% en las mujeres.

Para establecer el grado de obesidad se recurre al Índice de Masa Corporal (IMC), una fórmula que consiste en dividir el peso en kilos por la altura en metros cuadrados. El resultado obtenido se compara con los siguientes baremos: entre 18,5 y 25 se considera el peso normal; entre 26 y 30 se puede hablar de obesidad de grado 1; y entre 31 y 40 de obesidad de grado 2. Más allá de 40 entramos en el peligroso terreno de la obesidad mórbida. El IMC ideal para los varones es de 23, mientras que entre las féminas se estima en torno al 21,5.

Prevenir el envejecimiento

11 Noviembre, 2008 · Archivado en Salud · Comenta 

Esta circunstancia hace que después de un año, y salvo las células del sistema nervioso o neuronas, todas las células del cuerpo humano se han renovado; son distintas, han cambiado. Esta velocidad de división viene marcada y definida por el material genético de cada una de éstas, por su ADN. Sin embargo, este material genético y las propias células pueden verse lesionadas por factores externos, acelerando así su velocidad de “recambio”. En esta situación, el número de células desciende y, en el caso de la piel, se pierde la flexibilidad, aparecen las arrugas, etc.

De la misma manera que sucede con un trozo de hierro cuando permanece a la intemperie, el cuerpo se oxida si se expone a elementos como el tabaco, los contaminantes ambientales, el sedentarismo, etc. Ya en 1.956 el Dr. Harman postuló la denominada teoría del envejecimiento basada en la oxidación de las células. Para entender cómo se produce este proceso hay que recordar que la actividad constante de nuestras células fabrica una serie de elementos residuales denominados radicales libres.

Estos elementos, si no son eliminados de manera adecuada y constante, desestabilizan la actividad celular. Su acumulación puede provocar que las enzimas o proteínas especiales que dirigen la mayor parte de actividades celulares alteren la membranas formando en ellas poros o túneles que la convierten en inservible; incluso tienen capacidad para lesionar el material genético facilitando la llegada del envejecimiento precoz y de las lesiones tumorales o cancerosas..

Incrementar los riesgos
Dentro de los factores que favorecen producción masiva de radicales libres, y con ello del envejecimiento precoz, hay que citar situaciones psicológicas como el estrés, nerviosismo, angustia, ansiedad. También hay que tener en cuenta ciertos hábitos nocivos, como la alimentación rica en grasa, el consumo de tabaco y el sedentarismo; y los factores ambientales como los rayos ultravioleta, la contaminación ambiental o los pesticidas. Si observamos a nuestro alrededor, comprobamos que la piel de las personas muy expuestas al sol envejece de forma precoz; los individuos con dietas ricas en grasa animal muestran más problemas cardiovasculares y respiratorios y las profesiones que tienden al sedentarismo posibilitan un mayor deterioro articular y muscular.

Ahora bien, ¿de qué manera se deteriora el organismo?. Los músculos son uno de los primeros elementos en verse afectados. Los radicales libres, la inactividad y una mala circulación de la sangre, hacen que las fibras musculares pierdan elasticidad y se conviertan lentamente en cuerdas tendinosas que, además de tener poca resistencia para hacer frente al esfuerzo, “tiran” de las articulaciones y “doblan o encorvan” el cuerpo.

Cuidar la alimentación
Lo mismo sucede con los vasos sanguíneos: los radicales libres facilitan que la grasa circulante en la sangre, sobre todo si es de origen animal, sea “pegajosa” y se una a las paredes de los vasos sanguíneos obstruyendo las arterias lentamente. ¿Sabía que, debido a la mala alimentación, a partir de los 20 años todos tenemos “manchas” de grasa en las grandes arterias del organismo?.

Para romper este círculo vicioso (organismo-factores agresivos-radicales libres-degeneración celular-más radicales libres-más envejecimiento…) hay que reducir la incidencia de los factores nocivos evitando su práctica (alcohol, tabaco, “tueste” al sol, sedentarismo, alimentación grasa). Por otro lado, hay que facilitar al organismo la eliminación de los radicales libres con una alimentación a base de verduras y hortalizas, ejercicio físico y descanso nocturno, ya que es sobre todo durante este periodo cuando el organismo limita al mínimo la producción de radicales y al mismo tiempo se dedica a eliminar o neutralizar aquellos que se han producido.

Prevenir el cáncer de mama

10 Noviembre, 2008 · Archivado en Salud · Comenta 

La mayor parte de las células se reproducen de continuo para desarrollar, reparar o reemplazar los órganos y tejidos. El cáncer supone una alteración de esta tarea celular que, por misteriosas causas, inicia un proceso anormal de crecimiento incontrolado.

En los países occidentales el cáncer de mama se ensaña con una de cada diez mujeres, y acapara cerca del 20% de todos los tumores que afectan a la población femenina, donde entre los 50 y los 65 años, supone la principal causa de muerte. Pese a la artillería médica desplegada en las tres últimas décadas en desarrollo de técnicas contra el cáncer de mama, su incidencia ha aumentado un 1% anual.

Entre sus desencadenantes más habituales, son determinantes los trastornos hormonales asociados a los estrógenos. En términos de riesgo mamario, se considera crucial la fase comprendida entre la primera regla y el inicio de la menopausia, un periodo que hoy se prolonga mucho. También se hacen notar como amenaza: la ausencia de embarazo, un primer embarazo tardío y las irregularidades menstruales.

Incremento del riesgo
La existencia de antecedentes familiares muy cercanos, normalmente suele ser la madre o la hermana, también incrementa de dos a cuatro veces el riesgo de padecer esta enfermedad.

Además, se detecta una frecuencia hasta cinco veces mayor entre mujeres que llevan una alimentación rica en grasas saturadas. En los próximos años asistiremos a una revolución medico-hormonal en la prevención del cáncer de mama con empleo de sustancias bloqueantes de la acción cancerígena. Otros frentes preventivos se centran en los hábitos alimenticios y en el papel de los factores genéticos para detectar a aquellas mujeres que presentan alto riesgo.

Por fortuna, esta enfermedad ha dejado ser sinónimo de muerte y su diagnóstico precoz es todo un salvaconducto en una batalla librada contra reloj. La autoexploración y las revisiones ginecólogicas periódicas, que deben incluir el examen de las mamas, resultan imprescindibles.

Se estima que el cáncer de mama puede evolucionar durante 10 ó 15 años antes de manifestarse clínicamente. La mamografía es el mejor sistema de detección, ya que puede advertir su presencia antes de que se haga notar. A partir de los 40-45 años, conviene someterse a esta prueba de forma periódica, aunque las mujeres con antecedentes directos deberán adelantar este tipo de controles a los 35.

Tratamientos
Hasta hace unos años el único tratamiento posible era la mastectomía o extirpación del pecho afectado. Hoy se ha impuesto la cirugía conservadora, siempre y cuando lo permita el tamaño y las condiciones del tumor. En estos casos se procede a extirparlo en compañía de 1-2 cm de tejido sano y de los glangios axilares que correspondan.

A continuación entran en escena otras dos armas: la quimioterapia y la radioterapia. La primera implica un tratamiento con fármacos muy potentes cuya misión es detener la división de las células tumorales. Su agresividad también ataca al tejido normal y suele implicar efectos secundarios serios, aunque pasajeros y reversibles, como vómitos, cansancio y caída del cabello.

La radioterapia emplea energía radiante de alta intensidad con objeto de eliminar selectivamente las células cancerosas, más sensibles que los tejidos circundantes. La solución última es la mastectomía seguida de la quimioterapia. Tan dramática solución se ha visto aliviada por la cirugía plástica, que obra milagros con sofisticadas técnicas de implantación de prótesis.

Alzheimer: el mal de nuestro siglo

4 Noviembre, 2008 · Archivado en Salud · Comenta 

La enfermedad de Alzheimer trae de cabeza a la comunidad científica. Considerada como la alteración neurovegetativa más frecuente, este tipo de demencia afecta a más de 20 millones de personas en el mundo y los expertos aseguran que la cifra se triplicará de aquí a cincuenta años.

La edad y el propio envejecimiento neuronal que ésta conlleva son factores de riesgo decisivos. En nuestras sociedades actuales, donde la esperanza de vida se prolonga más allá de los setenta años, se ha convertido en un problema de primer orden.

Su forma de actuar
Cuando entra en escena causa estragos en el cerebro porque consigue atrofiar una de nuestras células más preciadas: las neuronas. Entre ellas fabrican unas placas compuestas de dentritas anómalas, fibras degeneradas y amiloide, una proteína que es componente esencial. Las neuronas afectadas presentan también ovillos neurofibrilares formados por una fosforilación anómala de determinadas proteínas.

Además, se produce una pérdida de las neuronas corticales y de sus fibras. Semejante ataque deteriora las conexiones sinápticas en la amígdala, el hipocampo y el neocórtex. Todo esto se traduce en la pérdida progresiva de memoria, así como el deterioro de las funciones cognitivas superiores y del comportamiento de una forma lenta e irreversible. En pocas palabras; el Alzheimer es un camino recto hacia la locura.

Factores de riesgo
En la búsqueda de un remedio efectivo, los científicos abordan las demencias tipo Alzheimer desde numerosos frentes y en los últimos años, se han acumulado sobre el tema muchísimos datos. Aunque la edad del paciente se lleva todas las papeletas como factor de riesgo en los procesos degenerativos, parece quedar demostrado que también intervenienen otros factores.

Los mecanismos de reparación del ADN se basan en una intrincada red de reacciones enzimáticas que son catalizadas por una abultada familia de proteínas. El déficit o alteración de una sola enzima puede alterar el proceso reparador. La enfermedad de Alzheimer conlleva alteraciones en estos sistemas de reparación.

Desde un punto de vista genético, el cromosoma 21 juega un papel muy importante en su aparición precoz, ya que es el encargado de codificar la síntesis de la proteína precursora de amiloide. Al menos se conocen diez patrones genéticos familiares ligados a la mutación de esta proteína. Los últimos estudios confirman que el cromosoma 14 también influye en su pronto desarrollo, mientras que el 19 se asocia a un inicio más tardío.

Tratamiento
El tratamiento de esta enfermedad se centra en la restitución de los neurotransmisores perdidos. También se emplean como terapia fármacos cerebroactivos que mejoran y corrigen los síntomas derivados de la degeneración neuronal del anciano e incorporan cierta actividad psicoestimulante.

Se trata de fármacos de acción vasodilatadora cerebral que contienen sustancias que inciden a nivel metabólico para mejorar selectivamente la actividad integradora, estimulando la transmisión sináptica.

Estar depre

3 Noviembre, 2008 · Archivado en Salud · Comenta 

Las cifras cantan: 121 millones de personas sufren depresión, según el Informe sobre la salud en el mundo realizado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2001. Según esta organización internacional, una de cada cuatro personas sufre un trastorno neuronal o psicológico en algún momento de su vida, de forma que en el año 2020 la depresión será la segunda causa de muerte entre la población tras las enfermedades cardiovasculares. El diagnóstico de esta escurridiza patología es harina de otro costal.

Se estima que en España se detectan un 40 % de las depresiones potenciales y tan sólo un 20% de ellas son tratadas de forma adecuada, aunque se sabe que la falta de tratamiento reduce la esperanza de vida entre 10 y 15 años.

Cómo atajarla
La OMS recomienda que éste se prolongue seis meses más allá de la desaparición de los síntomas. Los fármacos antidepresivos más vendidos en España son el Prozac y el Seroxat. Se consideran muy efectivos y de cada uno de ellos se consumieron el pasado año más de dos millones de envases.

Las llamadas “píldoras de la felicidad” actúan como inhibidores selectivos de la serotonina, un neurotrasmisor que se relaciona con el estado de ánimo. Su principal efecto secundario, además de náuseas y cefaleas durante los primeros días de ingesta y los problemas de erección que provocan a algunos consumidores masculinos, es la dependencia psicológica.

Entre las sustancias naturales destacan las sales de litio que, aunque no la curan, ayudan a mitigar la llamada depresión endógena. Las psicoterapias también ayudan. En la Seguridad Social se han puesto en marcha con buenos resultados equipos multidisciplinares donde coinciden psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales y terapeutas ocupacionales.

Miedo y tristeza
La depresión se define como un estado emocional marcado por un sentimiento de tristeza e indiferencia hacia todo lo que rodea al que la sufre. La persona que la padece experimenta vacío existencial, miedo y aislamiento.

También es común una sensación de impotencia, autodesprecio, culpabilidad y baja autoestima que se vive como un sufrimiento inconmesurable. Su desarrollo se relaciona con la coincidencia simultánea de varias situaciones conflictivas ante las que el individuo pierde su capacidad de reacción.

Desencadenantes
La muerte o la separación de un ser querido suele ser un factor desencadenante de primera magnitud. La persona depresiva se vuelve hipersensible a las situaciones que vive y a su entorno.

Las actividades sociales desaparecen y más tarde, lo hacen las aficiones y los proyectos, así como el cuidado de la propia imagen. Si este estado dura más de seis o nueve meses es posible que haya que recurrir a la hospitalización. En su máxima expresión puede conducir al suicidio.

Más mujeres
La mujer es su principal víctima. Se estima que un 20% de la población femenina sufre alguna depresión a lo largo de su vida. Afecta el doble a las mujeres que a los hombres y algunas teorías, aún no demostradas, achacan esta mayor incidencia a algún tipo de herencia vinculada al cromosoma X.

La depresión postparto suele estar relacionada con problemas fisiológicos, aunque también median factores sociales y psíquicos. La falta de apoyo de la pareja o de la familia influye en gran medida en este tipo de trastorno, que a su vez repercute sobre la criatura que acaba de nacer.

La depresión y los niños
Aunque la prevalencia estimada varía considerablemente entre los distintos estudios, se calcula que entre un 10% y un 20%de los niños tienen una o más afecciones mentales o comportamentales. La magnitud real del problema se desconoce en gran parte, pero generalmente la depresión se manifiesta en estos a través de expresiones tristes y un considerable retraso en el lenguaje.

Ardor de estómago

2 Noviembre, 2008 · Archivado en Salud · Comenta 

Una sensación de ardor que comienza en la boca del estómago y a veces llega hasta el pecho. Eso es básicamente lo que se siente cuando se padece de ardor de estómago, una dolencia mucho más habitual de lo que nos creemos y, por supuesto, de lo que debiera. Además de desagradable, este mal en muchas ocasiones provoca acidez, agruras, náuseas y flatulencias.

Causas
El origen del ardor de estómago se encuentra en la debilidad de las fibras musculares de la base del esófago. La relajación del esfínter esofágico inferior, llamado cardias, permite que el ácido y otros jugos digestivos fluyan hacia el esófago. La principal, que no única, causa de la acidez, es una hipersecreción de ácido clorhídrico en el estómago; en ocasiones ésta se debe a la ingestión de alimentos muy condimentados o irritantes. El exceso en el consumo de bebidas alcohólicas y el abuso de comidas copiosas ya avanzada la noche también favorecen su aparición.

Prevención ante todo
El estrés y la ingesta de numerosas aspirinas así como otros medicamentos potentes que provocan un daño considerable en el recubrimiento o mucosa del estómago, son otros de los factores que influyen en el desencadenamiento de este síntoma y que pueden desembocar en una úlcera gástrica. Más eficaz que tratar los síntomas suele ser prevenir el problema, por lo que se deben seguir algunos consejos para evitarlo.

La primera medida a tomar cuando el reflujo deja de ser esporádico, es acudir al médico. Por otro lado, además del alcohol y las comidas condimentadas, las personas que padecen gastritis deben evitar los irritantes, como el té fuerte, el café y los extractos de carne. Las comidas regulares, pequeñas, frecuentes y blandas pueden proporcionar cierto alivio.

Gastritis y úlceras
Una de las enfermedades que más produce esta desagradable sensación es la gastritis. Con frecuencia, esta dolencia se produce por una infección en el intestino causada por una bacteria llamada helicobacter pylori, que también puede provocar úlceras gástricas. En ocasiones, sobre todo cuando llega a ser crónica en personas mayores, su origen se debe al uso prolongado de los antiinflamatorios que se consumen para combatir la artritis.

Muchos especialistas afirman que una dieta inicial basada en el consumo abundante de agua, cuyo fin es eliminar las toxinas que se encuentran en el organismo, es la más adecuada. Pero también es muy recomendable comer plátanos (aportan energía y potasio); arroz blanco hervido sin ningún aditamento, para obtener carbohidratos con bajo contenido de fibra; manzanas (por su potente efectos astringentes) y pan tostado seco (produce una evacuación blanda). Todos los demás alimentos deben evitarse durante las primeras 48 horas; las infusiones de manzanilla le ayudarán a calmar el estómago así como a aliviar algunos de esos molestos síntomas.

La ansiedad también es cosa de niños

31 Octubre, 2008 · Archivado en Salud · Comenta 

La ansiedad es una reacción natural a lo que nos parece extraño y que puede convertirse en una amenaza. Se siente miedo al miedo, y el cuerpo reacciona como si se tratase de un miedo real. Puede llegar a convertirse en una espiral sin salida.

En los niños, este problema también puede darse. Los bebés, por ejemplo, la viven ante los desconocidos. El ver o estar cerca de alguien que no pertenece al círculo familiar, les produce un miedo exagerado. El temor y el miedo son dos sensaciones que surgen a lo largo de la vida pero que se hacen más intensas en los primeros años. Según los especialistas, la razón se encuentra en que los bebés y los niños pequeños confunden fantasía y realidad ya que su mundo imaginativo está mucho más en acción que el de los adultos.

Un cambio de casa, de colegio, la muerte de un familiar o la separación de los padres puede provocar situaciones de temor en los menores que, de no ser tratadas a tiempo, pueden transformarse en traumas que resurgirán en la edad adulta. Aunque no deja de ser una experiencia natural -como el miedo, la tristeza o la soledad- , si se repite de un modo sistemático y sus efectos son muy acusados y exagerados, puede llegar a convertirse en una sitacuión sin salida. Ayudar a estos niños es fundamental para que puedan superar con éxito su problema.

Síntomas
La ansiedad como patología afecta a un 15% de la población infantil y adolescente, y representa un 30% de los problemas psicológicos de este sector de la población.

Dos son las formas más comunes de este problema: el temor a separarse de los padres e ir al colegio. Aunque casi todos los niños se han negado alguna vez a dejar a su madre o acudir a clase, cuando este hecho se repite hasta hacerse habitual habrá que indagar cuáles son las verdaderas razones. Los síntomas no siempre se perciben con facilidad, sobre todo porque suelen somatizarse y convertirse en dolor abdominal, náuseas, vómitos, cefaleas, palpitaciones, sudoración, temblor, mareos y llanto incontrolado.

Origen
En lo referente al origen de la ansiedad, las causas son muy variadas: pueden ser genetico-hereditarias, deberse a factores temperamentales (los casos aumentan en niños tímidos) o a factores ambientales (bajo nivel cultural, problemas económicos, divorcios, drogadicción de uno de los padres, etcétera). Muy a menudo el fundamento de este problema es el alto nivel de exigencia hacia los hijos.

Si se plantean una serie de objetivos que el niño no puede alcanzar, estos le provocarán inseguridad y miedo por su incapacidad y por la reacción de los padres. Por ello, es necesario replantearse las expectativas que tenemos para los niños, que muchas veces se relacionan con el excesivo número de actividades extraescolares a las que tienen que hacer frente. Los niños necesitan tiempo libre para dedicarse a jugar. La media jornada escolar supone un serio problema para los padres, pero no hay duda de que beneficia a los pequeños, siempre y cuando no sirva para cargarles con nuevas tareas.

Alimentos contra el cáncer

29 Octubre, 2008 · Archivado en Salud · Comenta 

Como sucede en cualquier ciudad, los desperdicios, si no son eliminados se almacenan en las calles, producen mal olor, atraen a los roedores, favorecen las infecciones y, al final, la metrópoli se hace inhabitable y se convierte en un foco de infección para otras localidades cercanas.

Algo así sucede en nuestras células cuando producen mayor cantidad de residuos, también llamados radicales; no son capaces de eliminarlos a la misma velocidad que se generan. La producción se ve incrementada con la mayor parte de los factores que facilitan el desarrollo de los tumores como es el caso de la nicotina de los cigarrillos, el alcohol, el exceso de rayos solares, los contaminantes que acompañan al aire que respiramos, etc.

En estos casos debemos dotar a nuestras células con un mayor número de “basureros” capaces de recoger todos los radicales libres que producen las células. Muchos alimentos contienen sustancias antioxidantes que realizan esta función de limpieza. Entre ellos destacan los betacarotenos, betacianina, clorofila, licopeno o el resveratrol. Los alimentos que contienen alguna de estas sustancias en grandes cantidades, se comportan como anticancerígenos.

Sabrosa protección
Betacaroteno: las frutas y verduras de color naranja deben su color a esta sustancia antioxidante que también se encuentra en las espinacas y coles, aunque se almacena en mayores cantidades en las naranjas, zanahorias, calabaza, melón, etc. Los betacarotenos reducen considerablemente los niveles de colesterol “malo” en la sangre, disminuyen el riesgo de infarto de miocardio y de accidentes cerebrovasculares. Es recomendable tomar 4-5 veces a la semana productos que incluyan este tipo de antioxidantes.

Resveratrol: es una sustancia antioxidante que se encuentra sobre todo debajo de la piel de la uva y cuyas cualidades se mantienen, en parte, en el vino y otros derivados de la fruta. Por esta razón es útil comer uva entera siempre que se pueda y con cierta regularidad. El vino también tiene resvaratrol, pero en menores cantidades que el fruto de la vid entero, si bien es cierto que tomar un vaso de vino al día, vino natural, también ejerce ciertos efectos anticancerígenos.

Betacianina: se encuentra sobre todo en frutas y verduras de color rojizo o granate, especialmente granadas y remolachas. Este antioxidante es uno de los más potentes a la hora de eliminar los radicales libres, además de actuar como un antibiótico ya que tiene capacidad para impedir el desarrollo de algunas bacterias. En concreto es recomendable tomar remolacha, por ejemplo, acompañando a las ensaladas, una vez a la semana.

Licopenos: se pueden obtener en la mayor parte de frutas y verduras de color rojo, ya que es precisamente este antioxidante el que les proporciona su tono característico, en particular a las sandías, tomates, fresas, etc. Recientemente un estudio realizado en una universidad italiana demostró que las personas que consumen tomates entre 5 y 7 veces a la semana reducen a la mitad el riesgo de padecer cáncer de estómago, colon y vejiga urinaria, además del de próstata.

Verde, que te quiero verde
Finalmente, no se puede olvidar otro colorante natural que acompaña a numerosos alimentos y que muestra un gran poder antioxidante, como es el caso de la clorofila. Esta sustancia es la causante del color verde de la mayor parte de las verduras y hortalizas como es el caso del brécol, los guisantes, las judías, alcachofas, etc.

La clorofila directamente o los elementos que de ella derivan cuando es digerida en el aparato digestivo, ayudan a prevenir e incluso reducir las posibilidades de cáncer de estómago, intestino, hígado e incluso de piel, tal y como han demostrado numerosas investigaciones recientes. Eso sí, recuerde que cuanto más verde sea la verdura mayor será la cantidad de clorofila que tiene almacenada, aunque en el fondo con utilizar cualquiera de los productos citados en una pequeña ración cada día es más que suficiente para conseguir efectos anticancerígenos.

En definitiva, recuerde que el color de las frutas, verduras y hortalizas no solo es una cuestión de estética, si no que nos traducen el contenido en sustancias antioxidantes y anticancerígenas que tienen estos alimentos que, a ser posible, debemos utilizar casi a diario, aunque sea en pequeñas cantidades.

La sal de la vida

28 Octubre, 2008 · Archivado en Salud · Comenta 

Condimento indispensable en todas las recetas, la sal o cloruro sódico es absolutamente imprescindible para vivir. El sodio es necesario para el mantenimiento de la presión arterial y para la transmisión del impulso nervioso, mientras que el cloro lo es para neutralizar las cargas de sodio y potasio dentro y fuera de las células, así como para la activación de determinadas enzimas y contribuir a la digestión de las proteínas.

A pesar de todos sus beneficios, hay que tener mucho cuidado con las cantidades de sal que se consumen diariamente, ya que se puede llegar a forzar al organismo a eliminar lo que sobra; y la verdad es que la mayoría de nosotros ingerimos más de la que necesitamos. La cantidad de sodio que precisa nuestro cuerpo depende básicamente de la edad y la transpiración, ya que el sudor elimina mucha sal.

Por eso, a la hora de calcular la dosis necesaria hay que tener en cuenta la actividad física de cada persona, pero también el clima en el que se habita, es decir, si se vive en una zona cálida o más fría. En cualquier caso, la media que la Organización Mundial de la Salud recomienda es de seis gramos al día, lo que equivale, aproximadamente a dos cucharadas rasas.

Consumo indirecto
La sal que echamos a las comidas es sólo una parte de la que consumimos. Una quinta parte del sodio que ingerimos está presente de manera natural en los alimentos no procesados que comemos. Los procesados son los culpables de nada menos que el 60% del consumo, ya que contienen compuestos como el nitrato de sodio que se emplea como conservante, o el glutamato monosódico que se aprovecha para realzar el sabor de las comidas. Del mismo modo, el bicarbonato se utiliza como fermentador.

En cuanto a la alimentación de los niños, es importante vigilar de cerca la cantidad de sal que ingieren en las comidas. Su capacidad de eliminar el sodio es muy inferior a la de los adultos. Esa es la razón por la que nunca debe añadirse este producto a sus platos. Del mismo modo, los alimentos preparados para bebés tienen normas muy estrictas sobre las cantidades de sodio.

Riesgo de osteoporosis
Por ejemplo, los pediatras recomiendan que los primeros purés de verduras no lleven sal. Todo esto se debe a que una ingesta excesiva de dicha sustancia podría causar deshidratación, con todos los daños que esto supone. En los adultos, un exceso en el consumo de sal puede elevar el riesgo de desarrollar osteoporosis, ya que incrementa la eliminación de calcio.

En definitiva, el sodio es necesario para el organismo… pero con moderación y vigilando siempre su consumo. La cantidad mínima que debe tomar un adulto es de 1,6 gramos, que se encuentran en aproximadamente, unos cuatro gramos de sal. Una medida que nunca falla es saber que, más o menos, una cucharadita rasa de sal pesa cinco gramos y que una rebosante asciende a ocho gramos. Así que tome nota a la hora de echarla en sus comidas.

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