Cuidar los senos
La ley de la gravedad y el paso del tiempo acechan la delicada belleza de los senos. Su cuidado debe centrarse en el fortalecimiento de la musculatura pectoral, cuya misión consiste en mantenerlos erguidos. Si estos músculos de suspensión se atrofian será casi imposible que recuperen su altanería.
La natación, que además favorece su desarrollo armonioso, es el ejercicio estrella a la hora de mimarlos. La adolescencia (12-13 años) se considera el momento más adecuado para iniciarse en este deporte, cuya práctica deberá acompañarnos a lo largo de toda una vida. La hidratación es otro de nuestros caballos de batalla, ya que si su piel se mantiene fuerte y elástica resulta más difícil que ceda.
Productos cosméticos
Como plan de ataque no puede faltar el uso diario de cremas hidratantes para después del baño; sana costumbre que también debe extenderse a los pezones al menos tres veces por semana. No hay que olvidar que para que cualquier tratamiento sobre el busto sea efectivo deberá contemplar también el triángulo que va desde el centro del pecho hasta los hombros y el cuello.
Tenga en cuenta que la piel de esta zona es sumamente sensible y delicada, por lo que el masaje debe aplicarse con mucha suavidad. Los aceites vegetales, en especial los de borraja, germen de trigo, onagra y aguacate, son muy nutritivos, penetran de maravilla y aportan suavidad y elasticidad a la piel. Todos ellos preservan y regeneran las fibras de colágeno y tienen efectos protectores, revitalizantes y antiarrugas.
El sostén
Otra regla fundamental para lucir un pecho firme sin tener que echar mano de la cirugía es el uso de un sujetador apropiado. Esta prenda no sólo garantiza su sujeción, sino que en la época de crecimiento puede determinar su futura estética. Opte por sujetadores de algodón que sean elásticos y recojan bien sus atributos. Deseche aquellos tejidos que dan de sí con el uso, procure que no le queden muy apretados y recuerde que debe llevarlo puesto siempre que haga algún deporte.
El agua fría también es un buen aliado. Se recomienda bañarse o ducharse con agua templada y rematar la faena aplicando directamente sobre el pecho una ducha rápida con agua fría que tiene por misión revitalizar los músculos pectorales. Las menos valientes pueden hacerse un breve y suave masaje pectoral con un cubito de hielo.
Además, es primordial tratar de mantener la espalda recta en todo momento. Una posición correcta impedirá que los pechos reposen sobre la caja torácica y con ello se deteriore su erguida estética. También habrá que vigilar los cambios bruscos de peso, ya que éstos causan serios estragos sobre el busto.
Mascarilla casera
El pecho, formado sobre todo por grasa y tejido conjuntivo, se resiente de inmediato al ganar o perder kilos y da lugar a la aparición de las antiestéticas estrías. Una vez por semana y antes del baño no está de más aplicarse una mascarilla nutritiva que nutra la piel y la ayude a mantenerse hidratada y sedosa.
Disuelva en media tacita de leche fría una cucharada de aceite de oliva, una de miel y otra de levadura de cerveza, déjela actuar durante unos minutos y aclare con abundante agua templada. El sol, la arena y la sal también son enemigos a combatir. Procure dosificar el tiempo de exposición a los rayos solares y siempre bajo una crema de protección elevada.
Anorexia: lucha contra el espejo
Según muestran las estadísticas, son muchos, demasiados, los pacientes que son ingresados en hospitales con trastornos compulsivos de la conducta alimentaria. Son cifras que asustan, sobre todo porque con el paso de los años van aumentando, en vez de ir en retroceso.
Sin embargo, la incidencia de la anorexia y la bulimia es mucho mayor de lo que indican esas cifras. Cientos de familias españolas padecen la angustia de ver cómo sus hijas y cada vez más hijos, rechazan la comida por intentar ver en el espejo un cuerpo que nunca es suficientemente delgado para ellos. Cuando la enfermedad no ataca con excesiva severidad, los padres piden ayuda al médico de cabecera y al psicólogo.
El número de jóvenes que acuden a las consultas psicológicas por este problema acompañados por sus familiares sigue aumentando. Afortunadamente, y gracias a la difusión que han hecho los medios de comunicación del peligro y de los síntomas de la anorexia, en muchos casos lo hacen cuando la enfermedad es todavía precoz.
Adolescencia: época crítica
Los padres han vivido siempre con cierta zozobra la adolescencia de sus hijos. Unas veces por su aproximación al sexo y sus posibles consecuencias; en otros por los cambios de conducta o por el miedo a las drogas.
Hoy muchos de ellos vigilan a sus hijas a la hora de comer, observan si vomitan con excesiva frecuencia y las miran con atención por si pierden peso con excesiva rapidez. Cuando se sospecha que el problema existe, toman nota, incluso, de la frecuencia de su menstruación, ya que si se le retira puede indicar que los trastornos empiezan a hacer seria mella en su salud.
La aparición de estos síntomas provoca una lógica reacción de inseguridad y temor en la familia de la enferma o enfermo, que se transforma en desconcierto por los cambios de carácter que también se ponen en evidencia en poco tiempo. La anorexia se asocia con la introversión, una pérdida de atención e incluso cariño hacia los padres y hermanos; ni siquiera desean su contacto, por lo que no es extraño que se encierren en su cuarto durante horas, que provoquen fuertes disputas y que amenacen con abandonar la casa.
Aunque esta situación puede durar meses y provocar una verdadera quiebra emocional en la familia, es necesario vivir estos periodos con entereza. Hay que darse cuenta de que los que padecen esta enfermedad sufren los cambios a causa de un problema psicológico y que cuando éste se supera, la hija o el hijo volverán a ser los de antes. La ayuda tiene que llegar desde la asistencia especializada, pero está claro que también desde el apoyo, la paciencia y la firmeza de la familia.
Consejos para proteger el corazón
El corazón dispone de dos arterias para su constante alimentación, llamadas arterias coronarias. Al igual que sucede con las cañerías que transportan el agua en el interior de una casa, que se van obstruyendo cuando en el agua circulante hay muchas sales y otros minerales, las arterias coronarias se estrangulan con el paso del tiempo por influencia de hábitos inadecuados como los citados anteriormente (exceso de colesterol “malo” o LDL en la sangre, alcohol, sedentarismo, hipertensión arterial, etc.).
Las paredes de las arterias se vuelven más gruesas, se endurecen y dificultan el paso de la sangre por su interior. La limitación del paso de la sangre hace que se reduzca el aporte de oxígeno y otros alimentos al músculo cardíaco, éste chilla, produciendo el dolor típico de la angina de pecho: una sensación aguda de opresión en el pecho, cuello o brazo izquierdo.
Si la ausencia de sangre se prolonga en el tiempo (más de 20-30 minutos), llega un momento en el que las fibras musculares fallecen; nos encontramos ante el infarto de miocardio con su dolor característico. Un infarto es lo mismo que una parte del corazón muerta, dos infartos dos áreas sin funcionar, tres son ya demasiados.
Para proteger el corazón de los infartos de miocardio debemos conocer sus principales enemigos y defenderle de ellos; algo así como blindar al corazón y sus arterias. El primero de estos enemigos es el exceso de colesterol, una grasa imprescindible para el organismo (forma parte de las células, colabora en la formación de hormonas, etc.).
Colesterol
Cuando su concentración en sangre supera los 220 miligramos por cada 100 mililitros de sangre, una parte del colesterol, el “malo” o LDL, tiende a pegarse en las paredes de las arterias. Con el tiempo, el pegote se endurece con el calcio que circula libremente por la sangre y forma pequeñas piedras que obstruyen las arterias; las coronarias son unas de las más afectadas.
Este colesterol LDL abunda en las denominadas grasas saturadas como es el caso de las vísceras, embutidos, quesos, carne grasa, tocino, yemas de los huevos, mantequilla y productos similares. Conviene aportar a nuestro cuerpo más colesterol HDL como el que se obtiene del aceite de oliva y otros de origen vegetal, los cereales integrales, verduras, legumbres, frutas, frutos secos, y en general todos los alimentos ricos en grasas poliinsaturadas.
La actividad física regular en cualquiera de sus vertientes (golf, natación, paseo, bolos, bailar, correr, bicicleta) también colabora al buen mantenimiento de las arterias coronarias. El deporte contribuye a reducir el peso corporal y estimular la actividad del sistema cardiovascular y por tanto, colabora a elevar en sangre el HDL, un tipo de colesterol que además de no pegarse a las paredes de las arterias y ser más saludable, también ayuda a eliminar parte del colesterol “malo”.
Plan de ataque
Por eso es imprescindible que cualquier persona que ha sufrido un infarto de miocardio o una angina de pecho, practique una actividad física con cierta regularidad. El alcohol es otro de los enemigos del corazón, en determinadas circunstancias. Si se consume de forma moderada, como pueden ser 20-25 gramos diarios (un vaso de vino o dos vasos de cerveza o un vermut), puede tener un cierto carácter protector frente al infarto, ya que favorece la dilatación de las arterias, posee un efecto antiagregante plaquetario (menos trombosis y embolias), etc.
Pero si se ingiere por encima de esas cantidades, entre otras cosas, debilita las fibras musculares cardíacas, reduciendo poco a poco su fuerza de contracción y favoreciendo el infarto o la insuficiencia cardíaca. Tenga en cuenta que un vaso de vino equivale a 19 gr. de alcohol, una caña de cerveza 10 g, una copa de licor 16 gr. y un vaso de whisky, 30 gramos.
Tensión arterial
La hipertensión arterial también representa un peligro para el corazón, ya que cuanto mayor sea, más trabajo y fuerza debe ejercer en cada contracción, y más se erosionan las paredes de las arterias. Hay que tomarla de vez en cuando y con un tensiómetro digital podrá comprobar que no supera la cifra de 85 o 8´5 para la baja y 135 o 13´5 para la alta.
Lo mismo sucede con el tabaco ya que, entre otras cosas, favorece la elevación de la tensión arterial. Además, el monóxido de carbono y la nicotina favorecen la unión de las plaquetas de la sangre, formándose pequeños coágulos que obstruyen las arterias. Fumar casi un paquete de cigarrillos al día duplica el riesgo de infarto. Dejar de fumar permite que al cabo de 10 años sin el hábito, el riesgo de infarto sea igual al de los no fumadores.
En cualquier caso, recuerde que la confluencia de estos factores agresores del corazón no solo tienen un efecto sumatorio, sino muchas veces multiplicador. Una persona que fuma y tenga estrés, no duplica su riesgo de infarto, sino que lo multiplica por cuatro.
Vino y salud: historia de una relación
En los últimos tiempos se escuchan y leen muy habitualmente informaciones sobre los efectos beneficiosos que el consumo de vino -sobre todo tinto- ejerce sobre la salud. Cada vez se investiga más a este respecto, y casi siempre con resultados positivos. Pero no hay que engañarse, la idea de asociar el vino con la salud es mucho más antigua que la civilización actual. Se trata de una relación que viene de antiguo, de muy antiguo.
Ya en el Papiro Ebers, escrito aproximadamente 1.550 años antes de la era cristiana, se ofrecía la teoría de que la ingesta de esta bebida servía de tratamiento para curar determinadas enfermedades; una de ellas era la anorexia. En el mismo documento se recetaba el delicioso zumo de uvas para paliar la tos.
También los griegos consideraban el vino como una buena medicina. Hipócrates, inventor de la medicina, basaba sus remedios en el vino y el aceite; y eso sucedía hace 2.500 años. Athanaeus recurría a la posibilidad de emplearlo como vehículo de diversas drogas beneficiosas para los heridos, ya que les facilitaba el insomnio, aunque también señalaba la posibilidad de que provocara el efecto contrario. En términos menos médicos se manifestaba otro filósofo, Platón, para quien uno de sus mejores efectos era que renueva la juventud; “el hombre comienza a sentirse reconciliado consigo mismo”, decía mientras recomendaba que la ingesta se hiciese como acompañamiento de las comidas.
Enfermedades cardiovasculares
Ya más cerca de nuestros días, en 1904, un investigador llamado Cabot apuntó la posibilidad de que el consumo de vino fuera beneficiosos para la arteriosclerosis. Y en 1952 otro investigador, I.S. Wright recomendó abiertamente su ingesta para estos enfermos. Los primeros trabajos sobre el efecto de la bebida sobre las enfermedades cardiovasculares datan de 1957, cuando se realizaron una serie de experimentos con ratas, en los que se demostraron que el organismo reducía la absorción de grasas y alcohol. Más tarde se comprobó que algunas sustancias presentes en los tintos ayudan a la reducción del colesterol en sangre.
En cuanto al vino blanco, parece demostrado que tiene efectos diuréticos. Estos aumentan en caso de que se trate de espumosos, debido al ácido carbónico. Del mismo modo, los antocianos que se encuentran en los vinos blancos atacan ciertos microorganismos infecciosos. En un estudio realizado en 1971, se ponía de manifiesto cómo estos caldos ejercen una acción sinérgica que beneficia y prolonga la acción antibiótica de la aureomicina.
En un tono algo más jocoso se puede reseñar la idea de Pasteur, gran entusiasta del vino, para quien es “la más higiénica y sana de las bebidas”. Por su parte, Alexader Fleming, aseguró que l”a penicilina cura, pero el vino hace a los hombres felices” Todas estas opiniones, desde las más antiguas, son de personas que no desconocen la peligrosidad de esta bebida si se consume en grandes cantidades. Por eso, siempre se hace referencia al consumo moderado de la misma. Un profesor de la Universidad de Stanford lo argumenta asegurando que la aspirina ingerida en exceso, también produce graves trastornos.
Tratamientos contra las migrañas
Los estados de estrés, ansiedad o nerviosismo también facilitan la contracción de la musculatura del cuello y la espalda, alterando también la llegada de sangre a la cabeza, etc.
Uno de los tipos más frecuentes de cefaleas es la denominada migraña, diferente de las demás porque el dolor sólo afecta a la mitad de la cabeza. Se presenta un dolor agudo, penetrante, que “va y viene” y, además se acompaña de otros síntomas como náuseas, vómitos, vértigos, malestar general, mareos, etc. Otra de sus características es que, en muchos casos, la persona afectada “sabe que llega el ataque”, porque tiene unos síntomas muy particulares que anteceden al dolor de cabeza.
Síntomas que alertan
En unos casos es fotofobia o niebla en los ojos, disminución de la audición y especial sensibilidad a los oídos; en otros casos es depresión, fatiga, cambios constantes en el humor, irritabilidad, disminución de la sensibilidad o parestesias, alteraciones del movimiento, etc. En cada enfermo el “aura” ó aviso, en caso de presentarse, es distinto al de los demás, pero ellos lo conocen perfectamente.
Si bien es cierto que apenas se conocen las causas precisas de la migraña, hay determinadas situaciones que favorecen su aparición. Cada paciente está más sensibilizado a algunos de estos factores que a otros. Entre ellos se encuentran el hambre; los niveles de glucosa en la sangre disminuyen mucho y, al ser el único alimento de las neuronas, éstas se encuentran más sensibilizadas.
El insomnio es otro de los aspectos sensibles. Un mal descanso eleva el tono o grado de contracción de los músculos, y los situados en la cabeza dificultan la distribución de la sangre en esa zona. La tensión premenstrual provoca retención de líquidos y con ello se modifica también la distribución de la sangre. Las situaciones de estrés, irritabilidad, empleo de anticonceptivos, abuso del té, café ó tabaco, bebidas alcohólicas, tendencia al estreñimiento… favorecen a su vez la aparición de este tipo de cefalea.
Dolor por etapas
Por lo general el ataque sigue un patrón dividido en dos fases muy claras, pero su duración puede ser variable de acuerdo con el tipo de migraña.
La primera etapa, denominada predolorosa, dura entre cuatro y 60 minutos; en ella aparecen alteraciones de los sentidos, de la conducta o de la sensibilidad.
En la segunda fase hace su aparición el dolor típico, que puede durar de uno a tres días y que, a medida que transcurren las horas, invade toda la cabeza.
Tratamiento
No existen fármacos muy eficaces para la eliminación de este calvario, pero si una serie de medidas ó hábitos que además de disminuir las molestias, reducen la aparición de los ataques.
Tratar debidamente las lesiones del cuello, en particular las de los huesos y músculos (artrosis cervical, contracturas musculares, etc.) para no dificultar la llegada de la sangre a la cabeza.
Hay que proporcionar al cuerpo un sueño reparador evitando el insomnio, bien por falta de horas, por uso de un colchón inadecuado, posturas incorrectas, almohadas demasiado blandas, cenas copiosas o exceso de estimulantes después de la cena (alcohol, tabaco, café).
Procurar reducir los estados de tensión y estrés provocados por la actividad laboral, o bien como consecuencia de contratiempos diversos. Para ello nada mejor que relajarse: sentarse en un lugar oscuro y libre de ruidos, en una silla con los brazos caídos o bien cerrar los ojos y respirar lenta y profundamente durante cinco o diez minutos.
Tener especial cuidado en los días premenstruales. Conviene reducir el consumo de líquidos y “abusar” en el uso de alimentos ricos en complejo vitamínico B (hígado, avena, maíz, salmón, salvado, etc.). Desde un punto de vista puramente nutritivo o dietético, procure evitar los estados de hambre ó hipoglucemia -generalmente debidos a un cierto descontrol en el horario de las comidas- y disminuya el consumo de excitantes como alcohol, café, té, tabaco, etc.
Remedios contra la tos
Las sustancias que penetran junto al aire que respiramos, ya sean partículas contaminates, bacterias, etc., son capturadas por los cilios y la mucosidad y enviadas de célula a célula, hasta alcanzar la parte superior de las vías aéreas. Allí, con un “golpe de tos”, todo el moco y su contenido será expulsado hacia la boca.
Sin funcionar
Sin embargo existen una serie de factores que debilitan de forma importante estas defensas, como es el caso del frío, el ambiente contaminado por tabaco, partículas de humo u otros elementos; los gérmenes patógenos que se respiran al entrar en contacto con personas afectadas por diferentes procesos infecciosos…
En estos casos los cilios apenas funcionan y el moco se estanca en las vías aéreas razón por la cual debe ser expulsado por otros mecanismos. Este es el momento en el que aparece la tos como un elemento de ayuda para los bronquios y la tráquea. De no ser así, las secreciones - especialmente abundantes si hay infección (bronquitis, traquitis, laringitis, etc.)- se almacenarían dificultando la respiración e incrementando aún más la infección.
La tos
La tos se produce de forma automática, mediante un mecanismo reflejo, que tiene su origen cuando se irritan las pequeñas terminales nerviosas que se encuentran, a millares, debajo de las células en las vías aéreas. Las terminales nerviosas irritadas envían la información por la médula espinal hasta la nuca, en el tronco cerebral, donde se encuentra el llamado centro de la tos.
Desde allí se envían órdenes para contraer de forma brusca los músculos respiratorios y el diafragma; los pulmones son estrujados y el aire sale despedido a entre 100 y 160 kilómetros por hora. Debido a la velocidad de expulsión, el aire arrastra todo lo que encuentra a su paso, en particular el moco acumulado y todo su contenido (ya sean bacterias, contaminantes, irritantes, etc.).
Hay que distinguir dos tipos de tos: productiva o húmeda (cuando se acompaña de secreciones) y seca (cuando no hay secreciones). La tos productiva puede tener moco cristalino (ligada a infecciones por virus, sequedad ambiental, polvo, asma) o bien con cierta coloración (amarillenta, verdosa, que sugiere infección por bacterias).
Síntomas y remedios
En los adultos, pero particularmente en los niños, la tos produce fatiga muscular, cansancio, apatía, gran pérdida de líquidos (por el moco que constantemente se produce), tendencia al vómito, dificultad respiratoria, disminución del sueño, etc. Éstas son las principales razones por las que debe reducirse.
Cuando la tos es seca y no se observan otros síntomas (fiebre, dolor, etc.), hay que evitar un excesivo movimiento para reducir los cambios bruscos de temperatura. El aire no debe ser seco, por lo que conviene hacerlo más húmedo colocando recipientes de agua cerca de las fuentes de calor y fluidificar las vías aéreas bebiendo muchos zumos, caldos, etc.; de este modo, las secreciones se liberan con mas facilidad y se expulsan. En la cama conviene elevar ligeramente la cabeza para facilitar el movimiento de las secreciones y su posterior expulsión; esto se puede lograr colocando dos almohadas.
En el caso de la tos productiva, deben seguirse los consejos citados anteriormente. Los vahos de agua, sola o con menta o eucalipto, son también muy recomendables (sobre todo en los niños), ya que reducen los golpes de tos. Un remedio muy práctico consiste en colocar sobre la mesilla de noche, media hora antes de dormir, un plato con cebolla muy picada; los gases que despide calmarán las vías aéreas y disminuirán la tos, facilitando la llegada y permanencia del sueño.
Enfermedades de transmisión sexual
La Organización Mundial de la Salud (OMS) lanza la voz de alarma al constatar que desde 1988 las enfermedades de transmisión sexual (ETS) han crecido de forma preocupante en los países desarrollados hasta convertirse en el problema de salud pública más acuciante. Aunque en los últimos años el SIDA acapara todo el protagonismo, no es la única amenaza que se cierne sobre nuestro sexo.
La OMS estima que unos 200 millones de personas a la año se infectan de gonorrea en el mundo y 50 millones de sífilis, una enfermedad que casi estaba erradicada y que ahora renace de sus cenizas. En España se detectan unos 19.000 y 2.000 casos anuales, respectivamente. Los expertos achacan esta situación a la precocidad y mayor libertad en las relaciones sexuales, circunstancias que han multiplicado el número de parejas ocasionales y por tanto el riesgo de transmisión y de infecciones mixtas.
Hoy se contabilizan unas veinte ETS. Todas son susceptibles de contagio sexual (vaginal, oral y anal), pero también vienen motivadas por otras causas. Los síntomas son diversos, aunque con frecuencia conllevan secreciones anormales, tanto por la vagina como por la uretra, que desprenden un intenso olor; picor y quemazón en los órganos genitales; necesidad imperiosa de orinar a menudo y que suele producir escozor; lesiones en la piel o mucosas genitales… También es posible que se dé una ausencia de sintomatología, sobre todo en la mujer.
Estos trastornos pueden llegar a ser incurables y, en ocasiones, llevar al amante a la muerte o convertir a la persona infectada en portadora permanente del virus sin que desarrolle la enfermedad. La esterilidad es otra de sus temibles consecuencias y las mujeres tienen el agravante de que pueden contagiar a su bebé durante el parto. La mayor parte de las ETS se combaten con antibióticos, aunque durante el embarazo están contraindicados.
Cada una de ellas requiere un tratamiento especial y, como el organismo no crea ningún tipo de inmunidad contra ellas, una misma persona puede volver a padecerlas en cualquier momento que baje la guardia. A las puertas del siglo XXI, no existe todavía una vacuna para su prevención y los especialistas recuerdan a la población que hoy por hoy la única forma eficaz de protegerse contra las enfermedades de transmisión sexual es la abstinencia.
El preservativo es el mejor medio para evitar posibles contagios, así como la higiene de los órganos sexuales. Los espermicidas (cremas, óvulos, tampones…) protegen frente a un buen número de estas enfermedades, pero no frente a otras, como el SIDA. Las ETS se viven como una lacra o estigma que plantea problemas sociales, éticos y psicológicos a las personas que las padecen.
Una adecuada relación médico-paciente basada en la confianza y la discreción es el mejor medio para vencerlas. La mayor parte de las infecciones vaginales se presentan con un cuadro leve pero, por lo general, el problema ha adquirido cierta importancia cuando la mujer acude al especialista. Pero es importante recalcar que muchas de ellas tienen una solución inmediata si se atajan cuando aparecen los primeros síntomas; la consulta es aconsejable, por banales que estos parezcan.
Bancos de semen: entidades con muchas cuentas
En cada eyaculación el hombre lanza al mundo unos 100 millones de espermatozoides en los que le va la vida. La millonaria cifra pone los dientes largos a unas singulares entidades bancarias en perpetuo estado de quiebra… Los bancos de semen nacen al calor de las milagrosas técnicas de inseminación artificial que irrumpen en escena con la década de los ochenta.
Innumerables parejas sumidas en la frustración se lanzan con éxito al sofisticado procedimiento y para satisfacer la demanda, los hospitales se ven obligados a crear estas reservas de vida latente, haciendo un llamamiento a los hombres en edad de merecer. Los primeros donantes fueron los estudiantes de medicina que de forma altruista cedían su esencia para ser implantada de inmediato en posibles gestantes.
Análisis de control
La alarma saltó con la aparición del SIDA. El primer caso que puso en alerta a la población tuvo lugar en Australia, un país pionero en inseminación artificial, donde una mujer contrajo la siniestra enfermedad por una implantación de semen.
A partir de entonces, la normativa internacional exige someter el líquido seminal a un exhaustivo análisis para comprobar si esta infectado del Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH).
Esta necesaria sujeción a severos controles y las mismas características de la polémica substancia frenaron unas donaciones que hoy los centros hospitalarios quieren fomentar a toda costa. Además, no todos los hombres tienen la puerta abierta a este tipo de legados; los bancos son muy exigentes en determinadas cuestiones.
Perfil del donante
La primera condición es que la edad del donante esté comprendida entre los veinte y los treinta años, etapa estrella de la reproducción masculina, y la segunda que goce de buena salud.
Los que consiguen tener a buen recaudo sus líquidos ingresos se definen como hombres jóvenes, solteros y de procedencias muy diversas. Se estima que su edad promedio es de 24 años en el momento de la donación. La generosidad es su denominador común, ya que no reciben a cambio ninguna recompensa económica.
Técnica de conservación
El semen de estos gélidos bancos se conserva gracias a una técnica llamada criopreservación que, a base de frío extremo, disminuye las funciones vitales de un organismo o célula y lo mantiene en condiciones de “vida suspendida” durante largo tiempo.
La muestra en cuestión se introduce en una cámara especial de congelación, en la que, a través de un programador, se inyecta vapor de nitrógeno para bajar de forma gradual la temperatura hasta una centésima de grado al minuto. Cuando alcanza entre - 40 y -80 grados centígrados se almacena en nitrógeno líquido a -196 grados centígrados y en este estado puede esperar durante años un destino uterino. Hay que tener en cuenta que la densidad de espermatozoides movibles se reduce a la mitad tras someterse a esta prueba de hielo.
La inseminación artificial y los bancos de semen han hecho posible que un buen número de españolas hagan realidad su sueño de ser madres; sus compañeros eran azoospérmicos o padecían graves alteraciones en el número, movilidad o morfología espermática. Hoy, la mayor demanda de esperma bancario procede de parejas en segundas nupcias donde el hombre se ha sometido a una vasectomía.
Guerra a la celulitis
Bajo la piel habitan unas células llamadas adipocitos que se encargan de almacenar la grasa que demanda nuestro cuerpo. La celulitis supone la atrofia de tales células que, a partir de entonces, presentan un crecimiento anormal. Esta degeneración tiene su réplica inmediata en la odiosa piel de naranja, pero también puede acarrear otros trastornos.
Al crecer, las células grasas bloquean la circulación sanguínea, lo que impide una correcta oxigenación de los tejidos, y la circulación linfática, cuya misión es depurar nuestro organismo. Además, la presión que ejercen los líquidos estancados destroza los capilares que alimentan a las células adiposas y las libera del exceso de linfa.
Por una cuestión hormonal, la celulitis se ensaña con más del 90% de las mujeres y no es patrimonio exclusivo de las gruesas. La progesterona potencia la acumulación de grasas, mientras que los estrógenos favorecen la retención de líquidos. A ello se suman las características del tejido adiposo femenino y su disposición vertical. La adolescencia, el síndrome premestrual, el embarazo y la menopausia son momentos críticos a la hora de desencadenarse. La herencia también juega su baza.
Se distinguen tres tipos de celulitis. Una incipiente que resulta fácil combatir, otra blanda o flácida que se ve reforzada por malos hábitos, y la edematosa, que suele ir acompañada de dolores y cierta hinchazón. Sus lugares favoritos para instalarse son los muslos, morada de las clásicas y antiestéticas pistoleras; las nalgas, donde puede irrumpir con la adolescencia y se deja notar por su aspecto acolchado; el vientre, un espacio muy frecuentado por la celulitis a partir de los cuarenta años y cuya principal causa es el sedentarismo; el interior de las rodillas, donde aparece con la pubertad y resulta muy difícil de eliminar; el interior de los brazos, un terreno abonado durante el embarazo o tras un importante aumento de peso; y el cuello durante y después de la menopausia y que en el argot celulítico se denomina cuello de bisonte.
Prevención y constancia
El cuerpo defiende a ultranza su despensa profunda de grasa. Controlar la celulitis requiere cierta prevención y constancia. Evite los alimentos pesados (platos muy elaborados, frituras…) porque dificultan la digestión y contienen grasas non gratas. Hay que restringir el consumo de café y alcohol, que sobrecargan al hígado entorpeciendo sus funciones de filtro, y limitar el uso de la sal, ya que el sodio favorece el estancamiento de líquidos.
Tampoco conviene pasarse con el azúcar y los dulces, sus calorías provocan un rápido acopio de grasa y dificultan la correcta absorción de las proteínas. Beber dos litros de agua al día y entre comidas viene al pelo para eliminar toxinas. No caiga en el error de desterrar las proteínas de su dieta, éstas deben cubrir el 15% de sus necesidades calóricas diarias. Ellas mantienen los músculos a tono, limitan la expansión de las células grasas y evitan la retención de líquidos.
Se recomienda la asociación de proteínas de origen animal y vegetal; las combinaciones más saludables son: cereales-lácteos; patatas-lácteos; legumbres-pescado y pan-pescado. Las grasas que se hacen cargo del buen aspecto de la piel, nos ayudan a asimilar ciertas vitaminas. Elija siempre aquellas de origen vegetal como el aceite de oliva. Las legumbres también deben estar presentes, ya que limitan la absorción de azúcares y grasas y favorece la actividad intestinal.
Consejos para aliviar el síndrome menstrual
Para procurar que estas molestias del síndrome menstrual sean menos intensas e incluso que desaparezcan se puede recurrir, particularmente durante esos días, a una serie de alimentos. Estos, al ser ricos en sustancias similares a las hormonas femeninas y otros elementos, hacen que los cambios hormonales no sean tan bruscos y, en consecuencia, los síntomas apenas se manifiesten. Veamos cada una de esas molestias y la forma en que podemos tratarlas.
La anemia
La anemia y las reglas abundantes, acompañadas de abundante flujo menstrual, van casi de la mano. En ambos casos nos encontramos ante pérdidas importantes del hierro que acompaña a los glóbulos rojos, responsables del transporte del oxígeno en la sangre. Las mujeres que unos días antes de la menstruación liberan de forma natural mayores cantidades de estrógenos, con relación a la progesterona, en sangre tienen reglas más abundantes. Este notable desequilibrio facilita un mayor sangrado.
Una vez instaurada, la anemia se manifiesta por palidez, sensación de cansancio casi permanente, mareos, etc. Para prevenirla hay que tratar de evitar el desequilibrio hormonal y, al mismo tiempo, elevar las cantidades de hierro aportada en las comidas. A ello ayuda la ingestión de alimentos que contienen bioflavonoides, sustancias que regulan el flujo menstrual y que se encuentran sobre todo en las frutas (que deben comerse enteras), vegetales crudos y, sobre todo, cítricos.
En lo referente a los productos ricos en hierro, se puede recurrir a las carnes rojas, cacao, perejil, soja, cereales, espinacas, zanahorias, cerezas, avellanas, castañas y yema del huevo, entre otros. Conviene no utilizar el té ó el café durante estos días y reducir su uso de manera habitual si se tienen estas molestias, ya que interfieren de forma notable la absorción del hierro en el intestino.
Dolor y molestiasje
Las molestias en los senos son debidas a una excesiva reacción de estos órganos a las hormonas femeninas, los estrógenos. La hinchazón suele acompañarse de dolor (mastalgia) y se ve favorecida en aquellas mujeres tienen una dieta rica en grasas saturadas (grasa animal), ya que ésta incrementa los efectos de los estrógenos sobre los senos. Por esta razón, es fundamental que las mujeres que se encuentran afectadas por este tipo de molestias reduzcan el consumo de grasa animal, embutidos y frituras al mínimo.
Las reglas dolorosas son, por desgracia, bastante frecuentes. Recientemente se ha demostrado que más del 50% de las mujeres que padecen esta situación muestran notables deficiencias de magnesio, mineral imprescindible para que las hormonas actúen de forma equilibrada y para controlar los movimientos de la musculatura del útero, responsable último del dolor menstrual.
Síndrome premenstrual
Finalmente encontramos el denominado síndrome premenstrual, definido por un conjunto de síntomas (se han registrado más de 100 signos y síntomas diferentes) que van desde el dolor ligero hasta el aumento de peso, pasando por cambios en el estado anímico, que se manifiestan sobre todo durante los días anteriores a la menstruación. No se conocen muy bien sus causas pero sí se ha demostrado que la mayor parte de estos síntomas puede aliviarse manteniendo bien equilibrados los niveles de glucosa en la sangre, y evitando oscilaciones importantes.
Para ello nada mejor que comer, cada 2 ó 3 horas, pequeñas cantidades de alimentos ricos en hidratos de carbono, como un trozo de pan, un biscote ó similar. En definitiva, para evitar la mayor parte de las molestias asociadas a la menstruación, nada mejor que abusar de las frutas y verduras, reduciendo el uso de la grasa animal, café y tabaco.
