Hace apenas un siglo, los soldados acudían a las campañas bélicas con numerosos ajos en sus mochilas que luego empleaban para tratar las heridas utilizando su “zumo” (aplicaban sobre la herida unas gotas del líquido resultante de machacar un diente de ajo). Por otro lado, hay que tener en cuenta que el ajo representa un gran almacén de vitaminas A, B y C y colabora de forma decisiva en el buen estado de la piel, una mejor defensa frente a las infecciones y un mayor equilibrio para el estado de los nervios.

Ahora bien, como todo lo bueno, también tiene algún aspecto negativo. Existen algunos inconvenientes que deben ser considerados para reducir su empleo en determinadas situaciones. El más importante es su efecto anticoagulante; que restringe su ingestión a aquellas personas que tienen problemas de coagulación de la sangre y tardan en dejar de sangrar cuando se producen una herida. Igualmente, no es recomendable utilizarlo -sobre todo crudo- días antes de una intervención quirúrgica, ya que se corre el riesgo de que las heridas producidas en el quirófano tarden más en cerrar.

Otro problema es su característico olor que, al favorecer la formación de una serie de gases que acompañan al aire que expulsamos desde los pulmones, permanece durante horas. Para reducir su presencia basta con masticar unas hojas de perejil o media manzana, neutralizando la formación de estos gases. Por último, el ajo es un alimento de difícil digestión, razón por la cual las personas que sufren problemas gástricos (úlcera, gastritis) deben consumirlo en compañía de otros alimentos y particularmente al principio de la comida.

Beneficios y virtudes
Sin embargo los beneficios del ajo son mucho mayores que sus inconvenientes, razón por la cual es considerado como “el hipocolesterolemiante y antibiótico natural”. Para aquellas personas con antecedentes de infarto de miocardio, angina de pecho, tensión arterial alta, concentraciones de colesterol en sangre elevadas, antecedentes de embolias y/o trombosis, nada mejor que ingerir ajo crudo con regularidad. Es suficiente con tomar medio o un diente crudo al día (acompañando a otros alimentos como ensaladas, carne asada, verduras) durante 3 semanas, repitiendo este ciclo cada 3-4 meses al año.

El consumo habitual (un diente de ajo crudo cada dos días es la frecuencia aconsejable) ayuda a reducir el azúcar que sobra en la sangre, con lo cual las personas diabéticas necesitan utilizar menores cantidades de fármacos hipoglucemiantes e incluso de insulina. Sobre la piel la utilidad del ajo para evitar las heridas es más que notable. Para proteger la zona lesionada basta con añadirle 1-2 gotas de ajo previamente triturado o machacado, aunque también puede utilizarse en forma de emplasto: se machaca un diente de ajo sobre una gasa o compresa y luego se aplica directamente sobre la herida, renovando el emplasto dos veces al día (mañana y noche).

Impotencia y arrugas
Algunos investigadores también asocian al ajo efectos beneficiosos contra la impotencia. Hay que recordar que muchos casos de impotencia se deben a una mala circulación de la sangre que dificulta su llegada al pene y en consecuencia la erección. En estos casos se aconseja tomar durante 15 días seguidos un diente de ajo crudo al día. Este ciclo de 15 días se debe repetir cada 2-3 meses.

Desde antiguo el ajo ha sido utilizado para tratar problemas de la piel y concretamente arrugas que se encuentren pegadas directamente a la piel, sin un tronco o pie que las estreche en la parte inferior. Muchas de estas arrugas se encuentran relacionadas con virus y el ajo colabora en su desaparición; para ello debe cortarse un diente de ajo por la mitad y, con la parte central, el corazón, frotar un par de minutos sobre la arruga. Repetir esta operación dos veces al día hasta que desaparezca la lesión.

Por último, el ajo también es beneficioso para tratar los callos y durezas, e incluso para favorecer la actividad de la memoria. En el caso de las durezas lo aconsejable es utilizar emplastos: machacar en un mortero 4 dientes de ajo, añadir un poco de aceite de oliva y dejar reposar la mezcla durante 10 minutos. Verter la mezcla sobre una gasa o compresa y aplicar manteniéndola 24 horas. Pasado este tiempo levantar la venda y, una vez reblandecida la lesión, eliminarla con la ayuda de una lima de piel, piedra pomez, etc.

En el caso de la memoria se ha comprobado que el ajo contiene una serie de sustancias que ayudan a formar los neurotransmisores o “mensajeros” que van de una neurona a otra en el cerebro, facilitando su trabajo, con lo cual se favorece en último extremo la capacidad de memoria, aprendizaje, inteligencia, etc., aunque sea de una forma leve.