Sabrosas, llenas de vitaminas, fáciles de cultivar y de cocinar, las coles forman parte de nuestra dieta desde mucho antes de lo que podamos imaginar. Y es que esta hortaliza crecía silvestre en Europa, aproximadamente 400 años antes de Cristo. Ya los griegos y los romanos las consumían, no tanto como plato cocinado (las flatulencias que producen no les terminaban de convencer), pero sí para rebajar los efectos que produce el alcohol.

Pero, además de por su interesante pasado, las coles se caracterizan por sus virtudes alimentarias y nutritivas. Son muy ricas en magnesio y potasio, y tienen un alto contenido en vitaminas A, B y C (de esta última casi tanta como el limón y la naranja). Por si eso fuera poco, parece que alivia los dolores que produce la úlcera gástrica. Y, lo más sorprendente de todo, protege contra el cáncer. Según unas investigaciones realizadas en Japón y Estados Unidos, existe relación entre el consumo frecuente de este alimento y el fin del crecimiento de pólipos precancerosos en el colon. Por otro lado, también se dice que ayuda a acelerar el metabolismo de estrógenos en la mujer, lo que puede significar que protege en cierto modo contra los cánceres relacionados con hormonas.

Para todos los gustos
Para que no haya confusión entre todas las especies que se pueden encontrar en el mercado, se ofrece a continuación una clasificación de las más importantes. Parecida a las endibias, la col marina tiene las hojas de color verde pálido. Se puede comer cruda acompañada de salsa vinagreta, cocida o salteada con ajo. Los tallos blanqueados se consumen como los espárragos. Por su parte, la col de Bruselas se distingue porque es de tallo hipertrofiado y con muchos cogollos. Sólo se puede comer previamente cocida.

Las hojas de la col negra son lisas, gruesas y con muchos nervios (el sabor de los nervios centrales es poco agradable). Cuando se utiliza en ensalada, añade un ligero sabor picante. Una de las características de la col rizada son sus grandes y fibrosas hojas, de marcado sabor.

El repollo, la lombarda y la berza (que se cultivan en el norte de Europa y son las más resistentes a las bajas temperaturas), son de hojas lisas. El brécol y la coliflor son las variedades más populares. Ambas son de inflorescencia apretada, al igual que el romanescu, que tiene un sabor suave y delicado.

Para terminar, los colinabos no son exactamente una especie, sino la parte inferior del tallo de una col. En España su utilización en platos no es muy frecuente; en cambio, en el resto de Europa se suelen comer fritos -como si de patatas se tratara- o rallados servidos en ensalada.