Se ha calculado que para digerir los alimentos consumidos de forma habitual en la cena de nochebuena o fin de año, se necesita mucho más tiempo del habitual, concretamente entre 10-12 horas con el fin de conseguir una digestión apropiada. Evidentemente este espacio de tiempo nadie lo cumple por que a una cena abundante le sigue una comida tanto o más copiosa.

Excesos
Este y otros datos hacen que ya algunas semanas antes de esas fechas, el estómago e intestino griten algo así como “¡Socorro, llega la Navidad!”. Unos y otros claudicaremos ante platos abundantes y bien surtidos que, junto a las prolongadas sobremesas ahogadas en generosos vinos y licores, facilitarán el desfallecimiento del estómago e intestino, hasta que protesten en forma de pirosis (acidez de estómago), naúseas, vómitos, cólicos, diarreas, etc.

Los excesos no solo se producen en cantidad (estos días multiplicamos por 3 ó 4 nuestras necesidades calóricas diarias), sino también en calidad por dos motivos fundamentales. El primero, al excedernos en salsas, especias, condimentos, picantes, café, alcohol, etc. El segundo, porque con frecuencia reducimos nuestras exigencias de calidad ante la elevada demanda de los productos que compramos, y que podemos pagarlo con alguna que otra gastroenteritis.

Mejor prevenir…
Hay ciertas reglas básicas que pueden ayudarle a proteger su aparato digestivo y colaborar en el disfrute de estos días: planifique de antemano las comidas familiares y otros compromisos para que no se sucedan una detrás de otra; el estomago también tiene derecho a “oxigenarse”. Evite el consumo excesivo de alimentos; recuerde que la cantidad no hace la calidad y, por supuesto, nunca el bienestar. Mastique bien los alimentos para que luego el estómago tenga menos trabajo; no consuma alcohol de forma aislada, hágalo siempre acompañado de alimentos y procurando no mezclar distintas bebidas alcohólicas.

Tampoco conviene abusar de los alimentos picantes, los presentados a temperaturas extremas o los excesivamente condimentados. Las bebidas gaseosas y el exceso de alimentos también son malos compañeros en el estómago, ya que favorecen la salida de ácidos hacia el esófago y la faringe, en dirección a la boca; el consumo de infusiones después de la comida ayuda a una mejor digestión. Por último, nunca se acueste antes de 2-3 horas después de la última comida, tiempo suficiente para que se realice la actividad gástrica más importante.

Bebidas alcohólicas
Durante estos días quien más quien menos, consume algo de alcohol “forzado” por el ambiente. Recuerde que el valor calórico de estas bebidas es muy elevado (una copa de whisky equivale casi 3 yogures), con lo cual “ocupa” el lugar de auténticos alimentos; razón suficiente para no consumir alcohol antes de las comidas y hacerlo con moderación dentro de ellas. Si después tiene que conducir debe saber que bastan 2-3 vasos de vino para dar positivo en el control de alcoholemia, amén de afectar su integridad neurológica (reflejos, atención y concentración se reduce).

Las mezclas son muy agresivas para el estómago y aunque de forma inmediata puedan no afectarle, a la vuelta de la esquina pueden estar esperándole problemas hepáticos, de tensión arterial, hipercolesterolemia, etc. Si no es capaz de ordenar su actividad durante estos días, tenga por seguro que los excesos le pasarán factura en forma de dolores de cabeza, resacas, enfriamientos, ronqueras, afonías, acidez gástrica, diarrea, calambres musculares por fatiga, etc.

Remedios caseros
Por si estos desagradables visitantes le hicieran compañía, tenga a mano infusiones de manzanilla, limonada alcalina, miel, infusiones de lavanda o caramelos de menta. En cualquier caso es fundamental que guarde las oportunas horas de reposo (entre 6-8 como mínimo), en especial después de las noches “movidas”. Si puede, no olvide hacer algo de ejercicio cada día (andar, correr, nadar, etc.) para desintoxicar su organismo. Con estas sencillas normas le garantizamos que disfrutará de una entrada en el nuevo año feliz y dichosa.