En cada 100 gramos de lechuga, 95 corresponden a agua, casi 2 a azúcares, algo más de uno a proteínas y apenas 0´25 gramos a grasa. Por esta razón 100 gramos de lechuga apenas tienen quince kilocalorias, 5 veces menos que un yogur natural.

Los notables efectos beneficiosos que la lechuga puede proporcionar al organismo sólo se encuentran asegurados cuando se consume cruda, ya que al cocerla o calentarla, tal y como sucede con todas las frutas, verduras, hortalizas, la mayor parte de las vitaminas, antioxidantes, anticancerígenos, etc, se destruyen. Igualmente no conviene tenerla mucho tiempo en remojo, por que también se disuelven y desaparecen algunos de sus componentes.

Las sustancias más relevantes que se encuentran en la lechuga son la fibra (casi 1 gramo de fibra insoluble por cada 100 gramos de producto lo que facilita de forma notable el tránsito intestinal); cerca de 1 gramo de diversos minerales entre los que destacan el magnesio (fundamental para el hueso y la actividad del sistema nervioso) y el calcio (imprescindible para el hueso y en la prevención de la osteoporosis). Igualmente encontramos abundante vitamina B1, B2, B6 y C, junto con antioxidantes como los carotenos y la clorofila.

Son precisamente estos últimos elementos los que confieren las propiedades más notables a la lechuga: la clorofila, los carotenos, el ácido fólico que también incluye en pequeñas cantidades, etc. Así por ejemplo la probabilidad de infarto se reduce considerablemente en las personas que de manera habitual consumen lechuga fresca casi todos los días.

Efectos anticancerosos
Algunas de las razones para conseguir este efecto se relacionan con la fibra, ya que gracias a ella el tránsito de los alimentos es más rápido por el intestino y la absorción del colesterol “malo” es más lenta y menor, con lo cual no invade la sangre y se deposita en menor cantidad sobre las paredes de las arterias.

En el caso de sus efectos anticancerosos hay que recordar que muchos de sus elementos tienen una triple actividad preventiva en el caso de los tumores y del cáncer. La vitamina C y los carotenos son estimulantes del sistema inmunitario con lo cual cuando aparece una célula extraña, aberrante, es más fácil que sea detectada y destruida. Estas mismas sustancias, junto con el ácido fólico, colaboran de forma decisiva en la reproducción de las células en óptimas condiciones, asegurando que la descendencia de las células de nuestro cuerpo sea rápida y en buenas condiciones, sin alteraciones o aberraciones.

La clorofila, los carotenos, las vitaminas, actúan como elementos antioxidantes, o lo que es lo mismo, impiden el envejecimiento precoz de las células y en particular de las que se encuentran más expuestas a los agresores externos, como es el caso del pulmón, mama, útero, corazón, aparato digestivo, etc. Gracias a ellos los residuos o basura celular que diariamente se forma a partir del trabajo de las células es eliminada de forma inmediata, impidiendo que se acumule y altere las funciones propias de nuestros órganos y sistemas.

Osteoporosis
Recientemente se ha comprobado, tanto en animales de experimentación como en mujeres, que la probabilidad de desarrollar tumores de mama es mucho menor en el caso de aquellas que consumen habitualmente lechuga fresca y cruda, frente a aquellas en las que no se da esta circunstancia ó no utilizan de forma habitual otras verduras “primas-hermanas” de la lechuga como es el caso del repollo, las coles de bruselas, la coliflor o las espinacas, que, a la postre, tienen los mismos beneficios para la salud que la ésta e incluso algo superiores en algunos casos.

Mención aparte merece el caso de la osteoporosis. La lechuga incluye en su composición una cantidad importante de calcio y magnesio, además con la particularidad de que son absorbidas fácilmente y van casi directamente al hueso para formar las sales minerales imprescindibles en la adquisición de la dureza y densidad ósea. Este es un tipo de calcio que se “pega” con facilidad en el hueso(lo mismo que sucede en el caso de la cebolla), razón por la cual una dieta rica en lechuga y cebolla cruda es un buen seguro frente a la osteoporosis.

Por último debemos recordar que la lechuga tiene efectos calmantes y sedantes y asegura un buen reposo para el organismo, reduciendo los estados de nerviosismo e irritabilidad. Si quiere conciliar el sueño con facilidad nada mejor que comer un poco de lechuga (no menos de 100 gramos) en la cena. En el caso de la piel y por su elevado contenido en antioxidantes, puede librarle de las manchas que aparecen con el tiempo. Para ello solo tiene que cocer unas hojas de lechuga durante 2 horas, colar el líquido resultante y mojar en él una gasa que luego aplicará, dos veces al día, sobre la zona de la piel afectada. No obstante este es solo un ejemplo de los numerosos remedios que se pueden conseguir con esta verdura.