En 1492 se descubrió América y con él algunos nuevos alimentos, como la patata. No fue hasta el año 1550, cuando las patatas llegaron a pisar Europa y hubo que esperar al siglo XVIII para que empezaran a utilizarse con regularidad.

Un siglo más tarde, la patata era un producto relativamente barato y se había convertido era el alimento más popular de todos los trabajadores industriales de la vieja Europa. En la actualidad, el consumo por persona y año asciende a un total de 45,4 kilos.

La patata es originaria de las montañas andinas de Bolivia y Perú, los indios quechuas, que vivían en las proximidades del lago Titicaca, conocían más de 200 variedades de este tubérculo adaptadas a diversos microclimas. En Europa se conocen unas 500 clases y en España, hay más 150 variedades autóctonas.

Cada variedad de patata tiene su cualidad culinaria específica. No sólo hay que fijarse en el tamaño, la piel y la forma, sino también en la cualidad culinaria: cocer, freír, asar, guisar o simplemente para guarnición.

Entre ellas destacan la Monalisa, para cocer o guarnición; la Red Pontiac, de piel roja, utilizada principalmente para cocer; la César, recomendada para freír; la Asterix para guisar, ya que se deshace parcialmente; la Jaerla, de carne amarilla, para cocer y la Kennebec, para freír, cocer y guisar. También está Kennebec, para freír, cocer y guisar; y Cachelos, bastante oscura, para cocer y guisar,

La patata apenas contiene proteínas, tiene indicios de grasas, buenos hidratos de carbono en forma de almidón, fibra y nada de colesterol. Además, cuenta con mucho potasio, magnesio y casi nada de sodio. Entre las vitaminas destacan las del grupo B, sobre todo B2; la C está más en la piel. Su aporte calórico no es alto, unas 80 calorías por 100 gramos; excepto fritas, que alcanzan 550 calorías por cada 100 gramos. Por eso se dice que no es perjudicial para los obesos si es cocida o hervida.

Cuando a una patata le salen brotes o zonas verdes en la piel es que contiene solanina, que puede afectar al sistema nervioso y no se elimina con el cocinado, por lo que debe eliminarse del consumo.

La Asociación Europea de la Investigación de la Patata utiliza cuatro criterios o tipos en el momento de las degustaciones: consistencia, harinosidad, sequedad y grano. Siguiendo estos criterios hemos clasificado nuestras patatas en cuatro categorías para las diferentes utilizaciones culinarias:

TIPO A: Patatas de carne firme, recomendadas para la cocción con su piel, tanto al vapor como en agua.

TIPO B: Patatas de carne suave, aguantan bien la cocción y no se desmoronan.

TIPO C – Patatas de aceptable contenido en fibra y harinosidad; ideales para fritas y purés; no son recomendables para cocción (se desmoronan).

TIPO D – Patatas de alto contenido en materia seca; se utilizan en la industria para la fabricación de féculas.

Según esta clasificación ahora podemos dividir a las patatas en varias cualidades más: para freír, asar, cocer, para guanición, etc.