Las condiciones meteorológicas adversas pueden llegar a ser mortales en la carretera si no se toman las precauciones necesarias.

Los datos publicados por al Dirección General de Tráfico apuntan a noviembre, diciembre, enero y febrero, como los meses en los que más accidentes se producen durante las horas comprendidas entre el crepúsculo y el alba.

En 1998 la climatología fue la responsable de que el mes de diciembre fuera el segundo en cuanto a accidentes mortales se refiere, superado únicamente por agosto, período en el que mayor movilidad de coches hay en las carreteras, por ser el mes de vacaciones por excelencia.

Según datos del Departamento de Asistencia en carretera del RACE en España, los accidentes motivan en invierno –período de los meses que van de noviembre a febrero- el 13% de los servicios de asistencia, mientras que en los meses estivales -de junio a septiembre- los siniestros suponen únicamente el 10% de los servicios prestados.

A pesar de que durante esos cuatro meses de invierno se presta una menor cantidad de servicios (–18%) con respecto al verano, el número total de accidentes sufre un aumento del 6%.

El peligro de la reducción de visibilidad
Indudablemente, los dos elementos más incómodos para la conducción en invierno son la reducción de la visibilidad –por lo que hay que procurar que los faros estén en perfecto estado- y la disminución de la adherencia entre el neumático y la calzada –es importante vigilar la profundidad del dibujo-.

La reducción de visibilidad es consecuencia directa de la disminución del número de horas en las que se dispone de luz natural suficiente –el riesgo de sufrir un accidente es varias veces superior con escasa visibilidad-.

Neumáticos
En cuanto al tema de los neumáticos, el conductor es el que debe estar atento a las condiciones de la calzada para ver si ésta presenta grava, hojarasca, acumulación e agua, nieve o placas de hielo.

La grava y la hojarasca, sobre todo cuando está húmeda, pueden ser muy deslizantes. Las primeras gotas de agua caídas sobre la calzada seca, pueden reducir más que considerablemente la adherencia al mezclarse con la suciedad acumulada sobre la vía, convirtiéndose en algo muy peligroso.

Cuando llueve copiosamente y se forman charcos en la carretera hay que extremar las precauciones ya que el vehículo puede hacer aquaplaning -si el neumático no consigue evacuar el agua que hay debajo, se forma una pequeña ola por delante de la banda de rodadura-.

El aquaplaning se produce cuando la rueda planea por encima de ella y no mantiene el contacto con el suelo. La primera consecuencia con la que se encontrará en este caso, es que perderá el control de la dirección. Este fenómeno aparecerá antes si los neumáticos no están en buen estado.

Condiciones óptimas
Por eso es importante que el dibujo esté perfectamente señalado y la presión sea la adecuada. La profundidad del dibujo debe ser controlada regularmente. La medida mínima legal es de 1,6 milímetros, según el Reglamento General de Vehículos.

Pero en circunstancias con lluvia intensa o agua nieve esta profundidad no ofrece garantías de seguridad, los expertos recomiendan cambiar las ruedas en invierno mucho antes.

Para la mayoría de los entendidos en la materia, lo ideal es que tengan tres o cuatro milímetros de profundidad. Los neumáticos más modernos tienen un indicador de desgaste.

En el Reglamento antes citado también se señala que los vehículos equipados con neumáticos de nieve están exentos de utilizar cadenas. Para saber si su coche los lleva busque en el flanco de estos las inscripciones M+S, MS o M&S, lo que indica que la cubierta ha sido especialmente diseñada para su utilización sobre barro y nieve.

Interior del coche
Pero no sólo las condiciones externas pueden ser peligrosas, hay que tener cuidado con las del interior del habitáculo, sobre todo con la calefacción que en los días de invierno suele ir bastante alta.

El exceso de calor reduce la resistencia del conductor ya que puede producir somnolencia. Lo aconsejable es una temperatura normal y por su puesto nada de conducir con abrigos o excesiva ropa ya que puede restringir la capacidad de movimiento e incluso llegar a perjudicar el funcionamiento del cinturón de seguridad.

Es importante que en esta época del año incluya en el kit habitual de su vehículo una rasqueta, imprescindible para eliminar la capa de hielo que se forma en los cristales cuando las temperaturas son muy bajas –esto es una recomendación especial para los coches que no pasan la noche en garajes-.

Para evitar que las escobillas del parabrisas se adhieran al vidrio, se pueden dejar levantadas o apoyadas sobre el parabrisas con la parte metálica en contacto con el cristal, o interponer un cartón o trapo entre las escobillas y el vidrio.

Tenga en cuenta las recomendaciones de la mayoría de los fabricantes que aconsejan cambiar las escobillas cada seis meses para que cumplan fielmente su servicio, aunque dan un margen de 18 meses como límite de seguridad.