Aunque en España no es un fenómeno muy extendido, las subastas son una práctica bastante generalizada en los países anglosajones y a la que sus habitantes sacan grandes rendimientos. Sin embargo, los españoles prefieren acudir al banco para pedir asesoramiento sobre el mejor producto financiero para su dinero. Son pocos los que acuden a una subasta para invertir, por ejemplo, en una obra de arte o en joyas, a no ser que se trate de un entendido en la materia y compre por amor al arte.

Hasta hace unos años, a este tipo de subastas sólo acudían los expertos en joyas, pintura, escultura, etc. Pero, poco a poco, el público en general está comenzando a aficcionarse, ya que es una buena oportunidad para obtener objetos de calidad con unos precios de salida por debajo de lo que marca el mercado. En caso de perseguir una pieza determinada, ésta costará más o menos, dependiendo del interés que suscite entre los asistentes. Cuanto menor sea, más bajo será el precio a pagar y por tanto, más rentable resultará. En caso de que haya una sola persona interesada en una pieza, podrá llevársela por el precio de salida.

Iniciarse en las subastas
En una subasta se puede conseguir cualquier cosa que tenga valor. Es recomendable seguir una serie de consejos para aquellos que acudan por primera vez a una sesión:

– Conviene hacer una visita previa para ver cómo se desarrolla y cuál es su mecanismo. Así, cuando se vaya a pujar sabrá hacerlo con cierta soltura.
– Por otro lado, la mayoría de las empresas publican un catálogo con información sobre lo que van a sacar en sus sesiones. Conviene ojearlo antes para saber si entre todos los lotes hay alguno que pueda interesarle.
– Se recomienda llegar un poco antes de que comience la sesión; algunas casas hacen un rápido repaso de las normas a seguir antes del inicio.
– Aunque la entrada al lugar donde va a desarrollarse la subasta suele ser de libre acceso, en algunos casos, se exige a los participantes que se inscriban antes. Es entonces cuando se les da el número o paleta que deben elevar cada vez que quieran pujar por una pieza. En otros casos, no hace falta esta inscripción, con levantar la mano es suficiente.

El mejor postor
El precio de salida de cada pieza a pujar está fijado entre el vendedor y la casa que se encarga de organizar la subasta. La puja comienza cuando hay más de una persona interesada en el mismo objeto; en cualquier caso, cada casa tiene sus normas al respecto que conviene conocer a fondo antes de decidirse a participar. Como paso previo a cerrarse la puja, el subastador repite tres veces la última oferta recibida y, si no hay otra mejor, adjudica el objeto al mejor postor. Es imprescindible acudir preparado para pagar, ya que hay que dejar una cantidad de dinero el mismo día de la subasta.

Además existen otro tipo de subastas, las judiciales, en las que todo lo que sale a la venta ha sido previamente embargado por impago. Con este procedimiento se busca que la persona embargada pague a sus acreedores. En estos casos, el mecanismo es un poco más complicado ya que hay un juicio previo y la normativa de la subasta depende del procedimiento que se haya aplicado en él. Los expertos en esta materia afirman que el mercado de este tipo de subastas es muy voluminoso y está mal regulado, y sólo unos pocos hacen negocios muy ventajosos.

El ciudadano de a pie que desee participar en una subasta judicial encontrará la primera dificultad al inicio del procedimiento, ya que no podrá conocer todo aquello que se oferta de una manera rápida. La única forma posible, es accediendo a las publicaciones oficiales de cada ciudad y eso, hoy por hoy, es bastante complicado.