Ya hay un nuevo ser en la familia y las responsabilidades abruman más que nunca. Lo primero que hay que plantearse es que hay que disfrutar del bebé y no angustiarse por cosas que son superfluas: un cuco para dormir, pañales para estar seco y ropa para estar limpio es más que suficiente.

Es verdad que la mayoría de los padres prevén con meses de antelación cualquier contingencia con el fin de cubrir todas las necesidades del pequeño y de ellos mismos. Se puede preparar el cuarto, cambiar el armario, pintar la habitación y comprar todos los utensilios imaginables; sin embaro, hay que tener presente que todo eso es secundario y que, si llega el caso, se puede pasar sin ellos. Hay otras necesidades que son más importantes.

Organizarse bien
En los primeros días, la nueva madre va a necesitar mucho apoyo. Es ella la que se queda sola en casa porque en muchos casos el padre tiene que volver a trabajar y la que deberá enfrentarse a una serie de tareas que le van a resultar tan nuevas como agotadoras; además, siempre sentirá que le falta tiempo. El apoyo de la madre, la suegra o de cualquier otro familiar o amiga que haya tenido hijos puede convertirse en una bendición; le permitirá descansar, más cuando aún esté convaleciente del parto, y sus consejos aliviarán en parte el estrés que supone cuidar al bebé.

Poco a poco, la nueva madre se irá organizando; para ello es imprescindible que se imponga, dentro de lo posible, un horario aunque será el crío el que marque las tomas y las horas de sueño. Un bebé hace hasta ocho tomas de leche diarias, este número se va reduciendo según pasan los meses; el resto del tiempo-unas 20 horas-está durmiendo. Es recomendable aprovechar el espacio entre tomas para comer, ducharse o dormir y, tras los primeros diez días, si no hace frío, sacar al bebé a la calle con frecuencia para que la luz del sol -que nunca debe ser directa- le aporte vitaminas y le prevenga la ictericia.

Comprar con sentido
Además del tiempo, el espacio tampoco suele resultar suficiente cuando la familia crece. No conviene apresurarse a comprar; lo mejor es analizar con detenimiento qué será realmente útil o qué ayudará a ganar tiempo. Conviene disponer de un buen surtido de biberones y chupetes ya que se ensucian a menudo; además habrá que cambiar las tetinas según el desgaste, la capacidad de succión o los gustos del bebé.

El cambiador/bañera también merece la pena; impedirá que la madre se deje los riñones cada vez que baña o cambia al bebé. Por el contrario se puede prescindir del calentador de biberones si se dispone de un microondas y un buen termo para salir de casa. El humidificador sólo es necesario para ambientes secos o con calefacción alta.

¿Es realmente necesario el esterilizador? Los aparatos que lo hacen con vapor son muy cómodos, pero no imprescindibles; además, esterilizar en agua hirviendo sólo llevará unos minutos. Los comunicadores, esos aparatos que permiten oír al pequeño a distancia, tampoco son de vital importancia. La cuna se empieza a utilizar a partir del tercer o cuarto mes; hasta entonces es mejor usar el cuco porque se puede trasladar a cualquier lugar y el bebé se siente más protegido.