Erase una vez un mundo donde los niños aprendían a leer, a imaginar, a crear una dimensión de fantasías a través de los cuentos. Desde muy pequeños, entrar en la cama era penetrar en un bosque encantado, o quizá en un castillo de caballeros y dragones. Esa era su mejor compañía y su ilusión.

Primero se limitaban a escuchar los relatos narrados por sus padres o los abuelos después, cuando ya podían interpretar lo que se escondía tras las frases de sus libros preferidos, se introducían en este mundo imaginario por sí mismos. Pero ocurrió que, como por el hechizo del mejor mago del más increíble cuento, las palabras se hicieron imágenes, y lo que antes admiraban, ahora lo vivían. Y el cuento cambió.

Según coinciden libreros y editores, en España ahora se publica más y mejor que nunca literatura infantil, pero no son muy optimistas respecto a la afición lectora de los niños. Los padres ya no dedican parte de su tiempo a leer o contar a sus hijos lo que a ellos les narraron cuando eran pequeños; la habitual falta de tiempo explica en parte este cambio de hábitos que también se explica por el hecho de que resulta más cómodo poner al niño frente al televisor, la videoconsola o el ordenador y dedicarse a sus propias actividades.

Engancharse a la lectura
No es de extrañar que cada vez más temprano los pequeños se acerquen a las realidades virtuales y, por lo tanto, que pronto abandonen la lectura. Si se incrementan las ventas de libros infantiles, según las asociaciones editoriales, es por el aumento de los lectores ´inducidos´, debido a la preocupación de los colegios por estimular la lectura, pero sin que se consiga que al final se enganchen a ella.

¿Cómo enseñarle?
No es fácil, ni bueno, evitar que un niño se sienta atraído por la realidad que le ofrecen las nuevas tecnologías, pero no por ello hay que abandonar unos estímulos que le servirán para no perder la afición literaria y para hacer que su imaginación trabaje con otros elementos. Hay que educarle para que sea así, y el mejor camino es compartir ese aprendizaje. En principio con el relato, por ejemplo al ir a la cama; que el niño vea cómo sus padres imaginan otros mundos para él y explicarle que lo hace gracias a los cuentos que leyó de pequeño; después con la lectura de libros con imágenes que recreen el cuento.

Cuando ya sepa leer, lean juntos, compartan y comenten las historias. De esta manera aprenderán a vivir con intensidad la pura imaginación. Probablemente, después la batalla del tiempo estará perdida ante la televisión y los ordenadores, pero quizá puedan conservar el gusto por la lectura, al menos unos minutos cada día. Más aún, si es una oportunidad de compartir ese tiempo con sus padres.