El de las videoconsolas es una negocio de dimensiones gigantescas que mueve millones de euros en todo el mundo. Las compañías del sector han encontrado un filón interminable en esta diversión virtual que reta a los usuarios a demostrar sus habilidades visuales, reflejos, coordinación e intuición.

Cada cierto tiempo, un nuevo chip o un nuevo procesador mucho más avanzado que el anterior permite producir nuevas consolas que requieren nuevos y más sofisticados juegos. Es decir: se tira la consola y los juegos viejos y se compra la novedad para enfrentarse a retos aun más reales. El proceso no tiene fin y los gastos tampoco. Pero, ¿qué familia se resiste?

Sentido común y mesura
Varios especialistas en psicología adictiva han señalado los riesgos del uso frecuente de los vídeojuegos; en cualquier caso, aún no se ha comprobado que este tipo de ocio cree una psicopatología semejante. De hecho, la mayoría de los psicólogos concluye que no existen diferencias significativas en la estructura de la personalidad de los usuarios de vídeojuegos respecto a los que no los utilizan.

Juan Alberto Estallo, psicólogo del Instituto Psiquiátrico de Barcelona y experto en nuevas tecnologías, considera que los vídeojuegos no presentan secuelas adversas en la conducta de los individuos a medio y largo plazo. Un estudio del especialista concluye que la práctica regular y sostenida de estos juegos no supone ninguna modificación especial en las actividades sociales, ni produce problemas físicos.

Riesgo de adicción
Aún así, el riesgo de la adicción existe; un pequeño porcentaje de la población emplea una gran parte de su tiempo de ocio con las consolas y gasta fuertes cantidades de dinero en comprar nuevos equipos y juegos. Para evitarlo es bueno imponerse unos límites, que deben valer tanto para los padres como para los hijos. La primera norma es fijar un máximo de entre una y dos horas diarias para dedicar a los vídeojuegos y sustituir los de carácter agresivo por otros más didácticos.

Otra buena costumbre a seguir es no permitir que esa actividad impida realizar cualquier otra tarea social; y tampoco está de más que padres e hijos jueguen juntos, ya que impedirá que el usuario se aisle.

Por último, es aconsejable que los niños vean en los vídeojuegos un punto de encuentro con otros niños y no una forma solitaria de diversión. Por eso es conveniente que se reúnan en casa unos cuantos amigos y realicen competiciones y torneos, resultará más divertido y les ayudará a relacionarse. En cualquier caso, siempre debe limitarse el tiempo de uso.