La ansiedad es una reacción natural a lo que nos parece extraño y que puede convertirse en una amenaza. Se siente miedo al miedo, y el cuerpo reacciona como si se tratase de un miedo real. Puede llegar a convertirse en una espiral sin salida.

En los niños, este problema también puede darse. Los bebés, por ejemplo, la viven ante los desconocidos. El ver o estar cerca de alguien que no pertenece al círculo familiar, les produce un miedo exagerado. El temor y el miedo son dos sensaciones que surgen a lo largo de la vida pero que se hacen más intensas en los primeros años. Según los especialistas, la razón se encuentra en que los bebés y los niños pequeños confunden fantasía y realidad ya que su mundo imaginativo está mucho más en acción que el de los adultos.

Un cambio de casa, de colegio, la muerte de un familiar o la separación de los padres puede provocar situaciones de temor en los menores que, de no ser tratadas a tiempo, pueden transformarse en traumas que resurgirán en la edad adulta. Aunque no deja de ser una experiencia natural -como el miedo, la tristeza o la soledad- , si se repite de un modo sistemático y sus efectos son muy acusados y exagerados, puede llegar a convertirse en una sitacuión sin salida. Ayudar a estos niños es fundamental para que puedan superar con éxito su problema.

Síntomas
La ansiedad como patología afecta a un 15% de la población infantil y adolescente, y representa un 30% de los problemas psicológicos de este sector de la población.

Dos son las formas más comunes de este problema: el temor a separarse de los padres e ir al colegio. Aunque casi todos los niños se han negado alguna vez a dejar a su madre o acudir a clase, cuando este hecho se repite hasta hacerse habitual habrá que indagar cuáles son las verdaderas razones. Los síntomas no siempre se perciben con facilidad, sobre todo porque suelen somatizarse y convertirse en dolor abdominal, náuseas, vómitos, cefaleas, palpitaciones, sudoración, temblor, mareos y llanto incontrolado.

Origen
En lo referente al origen de la ansiedad, las causas son muy variadas: pueden ser genetico-hereditarias, deberse a factores temperamentales (los casos aumentan en niños tímidos) o a factores ambientales (bajo nivel cultural, problemas económicos, divorcios, drogadicción de uno de los padres, etcétera). Muy a menudo el fundamento de este problema es el alto nivel de exigencia hacia los hijos.

Si se plantean una serie de objetivos que el niño no puede alcanzar, estos le provocarán inseguridad y miedo por su incapacidad y por la reacción de los padres. Por ello, es necesario replantearse las expectativas que tenemos para los niños, que muchas veces se relacionan con el excesivo número de actividades extraescolares a las que tienen que hacer frente. Los niños necesitan tiempo libre para dedicarse a jugar. La media jornada escolar supone un serio problema para los padres, pero no hay duda de que beneficia a los pequeños, siempre y cuando no sirva para cargarles con nuevas tareas.