En cada eyaculación el hombre lanza al mundo unos 100 millones de espermatozoides en los que le va la vida. La millonaria cifra pone los dientes largos a unas singulares entidades bancarias en perpetuo estado de quiebra… Los bancos de semen nacen al calor de las milagrosas técnicas de inseminación artificial que irrumpen en escena con la década de los ochenta.

Innumerables parejas sumidas en la frustración se lanzan con éxito al sofisticado procedimiento y para satisfacer la demanda, los hospitales se ven obligados a crear estas reservas de vida latente, haciendo un llamamiento a los hombres en edad de merecer. Los primeros donantes fueron los estudiantes de medicina que de forma altruista cedían su esencia para ser implantada de inmediato en posibles gestantes.

Análisis de control
La alarma saltó con la aparición del SIDA. El primer caso que puso en alerta a la población tuvo lugar en Australia, un país pionero en inseminación artificial, donde una mujer contrajo la siniestra enfermedad por una implantación de semen.

A partir de entonces, la normativa internacional exige someter el líquido seminal a un exhaustivo análisis para comprobar si esta infectado del Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH).

Esta necesaria sujeción a severos controles y las mismas características de la polémica substancia frenaron unas donaciones que hoy los centros hospitalarios quieren fomentar a toda costa. Además, no todos los hombres tienen la puerta abierta a este tipo de legados; los bancos son muy exigentes en determinadas cuestiones.

Perfil del donante
La primera condición es que la edad del donante esté comprendida entre los veinte y los treinta años, etapa estrella de la reproducción masculina, y la segunda que goce de buena salud.

Los que consiguen tener a buen recaudo sus líquidos ingresos se definen como hombres jóvenes, solteros y de procedencias muy diversas. Se estima que su edad promedio es de 24 años en el momento de la donación. La generosidad es su denominador común, ya que no reciben a cambio ninguna recompensa económica.

Técnica de conservación
El semen de estos gélidos bancos se conserva gracias a una técnica llamada criopreservación que, a base de frío extremo, disminuye las funciones vitales de un organismo o célula y lo mantiene en condiciones de “vida suspendida” durante largo tiempo.

La muestra en cuestión se introduce en una cámara especial de congelación, en la que, a través de un programador, se inyecta vapor de nitrógeno para bajar de forma gradual la temperatura hasta una centésima de grado al minuto. Cuando alcanza entre – 40 y -80 grados centígrados se almacena en nitrógeno líquido a -196 grados centígrados y en este estado puede esperar durante años un destino uterino. Hay que tener en cuenta que la densidad de espermatozoides movibles se reduce a la mitad tras someterse a esta prueba de hielo.

La inseminación artificial y los bancos de semen han hecho posible que un buen número de españolas hagan realidad su sueño de ser madres; sus compañeros eran azoospérmicos o padecían graves alteraciones en el número, movilidad o morfología espermática. Hoy, la mayor demanda de esperma bancario procede de parejas en segundas nupcias donde el hombre se ha sometido a una vasectomía.