Beber vino produce, a la mayor parte de los humanos, un verdadero placer. Desde hace algún tiempo se sabe que además de disfrutar de su olor, color y, sobre todo, su sabor, el preciado líquido contribuye a mejorar la salud. La noticia salió a la luz hace un par de años, cuando se descubrió que el vino trabaja como vaso dilatador y, por lo tanto, ayuda a mejorar el trabajo que lleva a cabo nuestro corazón.

Beneficios cardíacos
Entonces surgió la polémica ¿Cómo era posible que alguien llegara a aconsejar el consumo de alcohol? Con el tiempo se han ido descubriendo nuevos beneficios, siempre que la ingesta sea moderada. Es más que evidente que beber sin límite no es bueno para nadie, por mucho que diga que “está acostumbrado”, pero una copita del delicioso líquido color burdeos -el tinto es claramente el más saludable- en las comidas disminuye el riesgo de problemas cardíacos.

Retraso de la demencia senil
Pero eso no es todo. En los últimos meses, las investigaciones han ido más lejos de lo se hubiera podido imaginar. Existen estudios que aseguran que existe una relación inversa entre el consumo moderado de vino y la aparición de demencia senil, es decir, que el vino es bueno para recordar. Esta afirmación proviene del Hospital Pellegrin de Burdeos, donde se llevó a cabo un seguimiento a cerca de 4.000 personas mayores de 65 años.

Reducción de la tasa de Alzheimer
Se clasificó a los participantes en el estudio en no consumidores, ligeros, moderados y grandes consumidores. Los moderados presentaron, respecto a los no consumidores, una reducción del 80% en la frecuencia de demencia y un 75% en la de Alzheimer. El porcentaje disminuyó hasta un 55% en los grandes consumidores y se rebajó al 25% en los ligeros. La realidad mostrada por los investigadores no puede ser explicada por factores médicos, psicológicos ni sociofamiliares. Quizá la razón sea más sencilla y tenga su origen en la alegría y el placer que el vino produce a los seres humanos.

Además de recordar, con el vino se puede ver más claro siempre que no se sobrepase la cantidad de una o dos copas durante las comidas. Gracias a su efecto antioxidante, los caldos pueden evitar la degeneración de la mácula ocular, un problema que afecta con bastante frecuencia a los mayores de 65 años. Un estudio realizado en la American Geriatrics Society, sobre 3.000 hombres y mujeres de edades comprendidas entre los 45 y los 74 años, asegura que los ancianos que beben vino tienen un 19% menos de riesgo de padecer este mal.