En sus comienzos, la medicina plástica tenía una función reparadora frente las fatalidades de la vida; llegados los años sesenta, América abanderó su revolución bajo imperativos estéticos. Hoy, países como Brasil hacen gala de una exquisita cultura de la belleza y se presta al bisturí sin prejuicios ni complejos. 

El culto a la juventud eterna a golpe de talonario llega a España en la década de los ochenta, entonces sólo tenían acceso a sus favores la élite y los famosos.

¿Cirugía plástica o medicina estética?
Hay que distinguir entre cirugía plástica y la medicina estética. La primera implica pasar por el quirófano, mientras que la segunda aborda otro tipo de tratamientos menos agresivos. A caballo entre ambas se encuentra la liposucción, la intervención estrella a nivel mundial. El 90% de los que se someten a esta operación son mujeres; la intervención consiste en extraer la grasa y modelar el cuerpo. El gran riesgo a correr es la cicatrización, algo imprevisible y de lo que depende su éxito o su fracaso.

También hay que saber que los postoperatorios puede ser lentos y pesados. Cualquier detalle del cuerpo es apto para ser intervenido (rodillas, tobillos, glúteos…); los precios oscilan entre 1.000 y 6.000 euros. El tan solicitado implante de mama ronda los 3.000 euros; la liposucción de rodilla en torno a los 1.000 euros y los párpados se acercan a los 1.500 euros.

Para mujeres…y hombres
La conquista de la juventud eterna cautiva, ante todo, a las féminas. Son mujeres de entre 20 y 70 años que, cuando descubren en el espejo algo que no les gusta, deciden retocarse. Más allá de la empresaria autosuficiente, amas de casa, jóvenes estudiantes y, sobre todo, separadas acuden a las consultas de los especialistas. Aunque en abrumadora minoría, los hombres entran al trapo para restaurarse los ojos y el abdomen, cuyo tratamiento es más complicado que el de la mujer.

Entre médico y paciente se establece una relación muy especial y en muchos casos secreta; el profesional conoce las intimidades de sus pacientes y es confidente de sus complejos. Además, el cliente le adora porque le devuelve la belleza y le aporta una sobredosis de autoestima.