Desde tiempo inmemorial, y por amor al arte, las mujeres de los pueblos acostumbraban a dar un paseo por la carretera antes de la caída de la tarde, si el tiempo y las faenas se lo permitían. El saludable hábito no se ha perdido pero los fines cambian; ya no se trata de pasear y pasar el rato dando un repaso a la actualidad local, sino que las personas de edad se entregan con aplicación a la caminata con un objetivo entre ceja y ceja: bajar el colesterol.

Más allá de los dictados de la moda y otras obsesiones, estar en forma es una clave de salud frente a la mala vida; caminar y correr son dos buenos métodos para lograrlo. El coche de San Fernando siempre ha tenido sus ventajas: se lleva puesto, se practica al aire libre, sin pagar ni un céntimo, a la hora que uno quiere y, además, no contamina nuestro maltrecho planeta. ¿Qué más se puede pedir?.

¿Qué hace qué?
La marcha y el footing son deportes de resistencia que activan nuestras funciones vitales y oxigenan nuestros tejidos. Además, exigen un esfuerzo aeróbico de media intensidad y precisan poca energía. Un largo paseo diario aporta flexibilidad a las articulaciones y estimula la circulación sanguínea. Si se camina a buen paso y se mantiene un ritmo constante, permite además deshacerse del inquietante exceso de calorías.

Caminar descalzo por la playa es un placer que tiene, como valor añadido, el masaje que el contacto del agua y la arena ejerce sobre la planta de los pies. Los diabéticos y las personas con problemas circulatorios no deberían privarse de este lujo. De cualquier modo, si decide practicar footing, no está de más que consulte con su médico; él le asesorará y le someterá a un chequeo si lo considera conveniente.

Regularidad y progresión
Correr constituye otro magnífico sistema de oxigenación de la sangre que contribuye a tensar la musculatura y plantar cara a las células adiposas que le sobran al cuerpo. Hay que empezar con moderación y, en un principio, no sobrepasar los quince minutos de carrera; la duración de la carrera se aumentará de forma progresiva, sin acelerones bruscos ni esfuerzos violentos. En las cuestas, pise el freno y disminuya el ritmo.

Para sacar partido a las piernas hay que tener en cuenta dos reglas de oro: regularidad y progresión. Tres sesiones semanales de al menos media hora se considera una frecuencia ideal. Para saborear sus efectos sobre el sistema cardiovascular, el aparato locomotor y la moral, tendrán que pasar dos meses. Recuerde que es importante usar la ropa y el calzado adecuado y entregarse a la faena siempre a la misma hora.