La Organización Mundial de la Salud (OMS) lanza la voz de alarma al constatar que desde 1988 las enfermedades de transmisión sexual (ETS) han crecido de forma preocupante en los países desarrollados hasta convertirse en el problema de salud pública más acuciante. Aunque en los últimos años el SIDA acapara todo el protagonismo, no es la única amenaza que se cierne sobre nuestro sexo.

La OMS estima que unos 200 millones de personas a la año se infectan de gonorrea en el mundo y 50 millones de sífilis, una enfermedad que casi estaba erradicada y que ahora renace de sus cenizas. En España se detectan unos 19.000 y 2.000 casos anuales, respectivamente. Los expertos achacan esta situación a la precocidad y mayor libertad en las relaciones sexuales, circunstancias que han multiplicado el número de parejas ocasionales y por tanto el riesgo de transmisión y de infecciones mixtas.

Hoy se contabilizan unas veinte ETS. Todas son susceptibles de contagio sexual (vaginal, oral y anal), pero también vienen motivadas por otras causas. Los síntomas son diversos, aunque con frecuencia conllevan secreciones anormales, tanto por la vagina como por la uretra, que desprenden un intenso olor; picor y quemazón en los órganos genitales; necesidad imperiosa de orinar a menudo y que suele producir escozor; lesiones en la piel o mucosas genitales… También es posible que se dé una ausencia de sintomatología, sobre todo en la mujer.

Estos trastornos pueden llegar a ser incurables y, en ocasiones, llevar al amante a la muerte o convertir a la persona infectada en portadora permanente del virus sin que desarrolle la enfermedad. La esterilidad es otra de sus temibles consecuencias y las mujeres tienen el agravante de que pueden contagiar a su bebé durante el parto. La mayor parte de las ETS se combaten con antibióticos, aunque durante el embarazo están contraindicados.

Cada una de ellas requiere un tratamiento especial y, como el organismo no crea ningún tipo de inmunidad contra ellas, una misma persona puede volver a padecerlas en cualquier momento que baje la guardia. A las puertas del siglo XXI, no existe todavía una vacuna para su prevención y los especialistas recuerdan a la población que hoy por hoy la única forma eficaz de protegerse contra las enfermedades de transmisión sexual es la abstinencia.

El preservativo es el mejor medio para evitar posibles contagios, así como la higiene de los órganos sexuales. Los espermicidas (cremas, óvulos, tampones…) protegen frente a un buen número de estas enfermedades, pero no frente a otras, como el SIDA. Las ETS se viven como una lacra o estigma que plantea problemas sociales, éticos y psicológicos a las personas que las padecen.

Una adecuada relación médico-paciente basada en la confianza y la discreción es el mejor medio para vencerlas. La mayor parte de las infecciones vaginales se presentan con un cuadro leve pero, por lo general, el problema ha adquirido cierta importancia cuando la mujer acude al especialista. Pero es importante recalcar que muchas de ellas tienen una solución inmediata si se atajan cuando aparecen los primeros síntomas; la consulta es aconsejable, por banales que estos parezcan.