Los gimnasios son un mundo aparte por el que desfila una variopinta fauna: el gordito que no se resigna a poner freno a sus apetitos, pero tampoco asume sus carnes; la ejecutiva agresiva que mantiene el tipo a base de hojas de lechuga; el parado que desconecta por unas horas de su tragedia; la modelo escultural que presume de talle en primera fila con sus labios recién pintados; los hombres musculados que sólo viven para sí mismos y se esculpen a diario con verdadera adicción; los solitarios que pasan la tarde y con ello acceden a cierta vida social… Más allá de estos estereotipos, el poder de convocatoria de los gimnasios se multiplica en una sociedad sedentaria que rinde culto al cuerpo. Fieles a la máxima de “mens sana in corpore sano” proliferan como hongos y atraen a gentes de toda clase y condición.

Lo ideal sería que alguien con criterio nos recomendara el centro más adecuado pero esto no siempre es posible. A la hora de elegir, hay que tener en cuenta que el alma de un gimnasio descansa sobre los hombros de sus monitores y que la mejor publicidad suele ser el boca a boca. La oferta de actividades es muy amplia y puede incluir gimnasia de mantenimiento, estiramientos, especial tercera edad, yoga, rehabilitación, aerobic, aparatos, culturismo, técnicas de defensa personal… Por ello, es fundamental exponer al experto del centro sus necesidades, él le asesorará.

Si se decide por estar en forma recuerde que debe tomárselo como una actividad placentera y no como un martirio insufrible. De nada sirve ir una vez cada dos semanas y machacarse toda la tarde en los aparatos o entrenar a tope durante un mes intensivo; un esfuerzo que puede reportarle mucho placer, pero poco beneficio a la salud. Para obtener resultados hay que entregarse con regularidad y no menos de dos o tres veces por semana. Si se incorpora después de un tiempo, procure no empezar de forma brusca y pregunte al monitor los pasos a seguir para ir alcanzando metas de un modo progresivo. Como prevención frente a las agujetas conviene comer dátiles y plátanos, ricos en magnesio y potasio, asi como higos secos y pasas por sus cualidades tonificantes.

Apuntarse a un gimnasio ayuda a disciplinar el cuerpo. No todo el mundo es capaz de someterse a una tabla de ejercicios en su propia casa con la regularidad que el asunto requiere. Sin embargo, acudir a la cita crea un compromiso y un hábito al que con el tiempo se le coge el gusto. Además, hay que ser muy voluntarioso para “martirizarse” a solas, mientras que compartir con otros el sudor se hace mucho más llevadero. Acudir a la cita permite también desconectar por unas horas del torbellino de la vida diaria y dedicar un rato muy rentable a nosotros mismos.