Obesidad infantil: prevención y tratamiento

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En teoría, la prevención y el tratamiento de la obesidad infantil es bastante simple. Si se consumen menos calorías de las que se gastan, se pierde peso; por el contrario, si se consumen más calorías de las necesarias, se aumenta. Pero en la práctica, lograr que la aguja de la báscula se desplace unos centímetros a la izquierda se convierte en algo mucho más complicado.

En los países desarrollados se ha producido un cambio en los hábitos alimentarios debido a la sobreabundancia de alimentos atrayentes y altamente calóricos. Además, el estilo de vida también ha cambiado notablemente; ahora, se prefieren las actividades recreativas sedentarias, y apenas se practica ejercicio. De esta forma es muy complicado perder peso.

La obesidad infantil es una enfermedad muy grave, considerada de máxima prioridad en materia de salud pública. El problema radica en que no se tiene muy claro cuál es la mejor forma de abordar su tratamiento. Las estrategias de prevención y tratamiento existentes en la actualidad, se centran principalmente en la escuela o la familia.

Educación saludable en la escuela
Los programas de prevención centrados en las escuelas están dirigidos a todos los alumnos, no sólo a aquellos niños con problemas de obesidad. Su objetivo es fomentar una alimentación saludable y una actividad física lúdica entre los menores.

Estos proyectos incluyen demostraciones prácticas de los principios enseñados. Se modifica la composición de las comidas escolares, reduciendo la cantidad de grasas y aumentando las raciones de fruta y verduras. Asimismo, se desarrollan planes de acción para incrementar el tiempo invertido en actividades físicas durante la jornada escolar.

Pero, como es lógico, el éxito de este tipo de iniciativas depende mucho del entusiasmo del personal docente y de su formación en los principios y prácticas de un estilo de vida sano.

La familia: núcleo de salud
Existe otro tipo de programas que se centran en la unidad familiar, partiendo de la base de que, a menos que se estimule a toda la familia a adquirir hábitos de vida saludables, es muy difícil que los niños mantengan los aprendidos durante los programas escolares.

La mayoría de estos estudios cuenta, de forma directa o indirecta, con la colaboración de personal médico o asistentes sociales. Su objetivo es modificar el comportamiento de la familia al completo para garantizar el mantenimiento de un estilo de vida saludable a largo plazo, incluso después de haber finalizado el programa.

Problemas de los enfoques actuales
Según los resultados obtenidos hasta la fecha, por norma general, los programas de intervención centrados en la escuela no han logrado reducir el alto porcentaje de obesidad infantil. Por su parte, algunos estudios de terapia familiar lograron cambios favorables en la pérdida de peso a largo plazo, pero sólo en personas altamente motivadas.

Posiblemente, la razón de estos modestos resultados resida en la escasa efectividad de las recomendaciones, tanto dietéticas como relativas a la actividad física, señaladas en estos programas.

El aumento de las actividades sedentarias, como la televisión, los videojuegos y los ordenadores, la falta de espacios urbanos y suburbanos que inciten a llevar un estilo de vida activo, la mayor tendencia a comer fuera de casa, y el hecho de que las raciones sean más abundantes parecen ser otras razones que justifican el escaso éxito de estos programas.

Aun así, se considera que merece la pena continuar realizando estudios de este tipo. Las próximas investigaciones posiblemente se basarán en una combinación de estímulos en la escuela y en el hogar, con un enfoque más amplio del estilo de vida saludable.


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