Las sustancias que penetran junto al aire que respiramos, ya sean partículas contaminates, bacterias, etc., son capturadas por los cilios y la mucosidad y enviadas de célula a célula, hasta alcanzar la parte superior de las vías aéreas. Allí, con un “golpe de tos”, todo el moco y su contenido será expulsado hacia la boca.

Sin funcionar
Sin embargo existen una serie de factores que debilitan de forma importante estas defensas, como es el caso del frío, el ambiente contaminado por tabaco, partículas de humo u otros elementos; los gérmenes patógenos que se respiran al entrar en contacto con personas afectadas por diferentes procesos infecciosos…

En estos casos los cilios apenas funcionan y el moco se estanca en las vías aéreas razón por la cual debe ser expulsado por otros mecanismos. Este es el momento en el que aparece la tos como un elemento de ayuda para los bronquios y la tráquea. De no ser así, las secreciones – especialmente abundantes si hay infección (bronquitis, traquitis, laringitis, etc.)- se almacenarían dificultando la respiración e incrementando aún más la infección.

La tos
La tos se produce de forma automática, mediante un mecanismo reflejo, que tiene su origen cuando se irritan las pequeñas terminales nerviosas que se encuentran, a millares, debajo de las células en las vías aéreas. Las terminales nerviosas irritadas envían la información por la médula espinal hasta la nuca, en el tronco cerebral, donde se encuentra el llamado centro de la tos.

Desde allí se envían órdenes para contraer de forma brusca los músculos respiratorios y el diafragma; los pulmones son estrujados y el aire sale despedido a entre 100 y 160 kilómetros por hora. Debido a la velocidad de expulsión, el aire arrastra todo lo que encuentra a su paso, en particular el moco acumulado y todo su contenido (ya sean bacterias, contaminantes, irritantes, etc.).

Hay que distinguir dos tipos de tos: productiva o húmeda (cuando se acompaña de secreciones) y seca (cuando no hay secreciones). La tos productiva puede tener moco cristalino (ligada a infecciones por virus, sequedad ambiental, polvo, asma) o bien con cierta coloración (amarillenta, verdosa, que sugiere infección por bacterias).

Síntomas y remedios
En los adultos, pero particularmente en los niños, la tos produce fatiga muscular, cansancio, apatía, gran pérdida de líquidos (por el moco que constantemente se produce), tendencia al vómito, dificultad respiratoria, disminución del sueño, etc. Éstas son las principales razones por las que debe reducirse.

Cuando la tos es seca y no se observan otros síntomas (fiebre, dolor, etc.), hay que evitar un excesivo movimiento para reducir los cambios bruscos de temperatura. El aire no debe ser seco, por lo que conviene hacerlo más húmedo colocando recipientes de agua cerca de las fuentes de calor y fluidificar las vías aéreas bebiendo muchos zumos, caldos, etc.; de este modo, las secreciones se liberan con mas facilidad y se expulsan. En la cama conviene elevar ligeramente la cabeza para facilitar el movimiento de las secreciones y su posterior expulsión; esto se puede lograr colocando dos almohadas.

En el caso de la tos productiva, deben seguirse los consejos citados anteriormente. Los vahos de agua, sola o con menta o eucalipto, son también muy recomendables (sobre todo en los niños), ya que reducen los golpes de tos. Un remedio muy práctico consiste en colocar sobre la mesilla de noche, media hora antes de dormir, un plato con cebolla muy picada; los gases que despide calmarán las vías aéreas y disminuirán la tos, facilitando la llegada y permanencia del sueño.