Las varices responden a un problema circulatorio. A través de las arterias, la sangre llega a la punta de los dedos desde el corazón y regresa a este órgano vital por las venas, es lo que se llama circulación de retorno. Conforme a una serie de factores, estas venas se hacen más largas y más gruesas y adoptan tortuosos caminos a lo largo y ancho de nuestras piernas.

Los síntomas iniciales que delatan su inminente presencia suelen ser una sensación de pesadez, cansancio, hormigueo, picor o hinchazón, que aparece sobre todo por las tardes y con la llegada del calor veraniego. Todas las personas cuyo trabajo les obliga a permanecer mucho tiempo de pie son candidatos a padecerlas.

Causas
No se trata de una enfermedad hereditaria pero, sin embargo, se percibe una predisposición a padecerlas si existen antecedentes familiares. Afectan sobre todo a las mujeres, ya que los hombre tienen más desarrollada la masa muscular y con su movimiento producen un saludable masaje interno que impide la dilatación de las venas.

Las hormonas femeninas y el uso de anticonceptivos orales también favorecen su aparición. Su relación con el embarazo es directa. Su aparición está casi asegurada en los casos en los que existen antecedentes familiares. También cuando la futura madre siente sensación de pesadez y cansancio en los miembros inferiores antes de quedar encinta.

Durante la gestación, las varices entran en escena a partir de cuarto mes y llegan a su punto álgido en torno al séptimo u octavo. Conviene advertir al ginecólogo de nuestra vocación varicosa para que tome medidas, pero éstas suelen desaparecer durante los tres o cuatro meses posteriores al alumbramiento.

Tipologías
No todas las varices son iguales. En general se consideran de tres tipos.

Las pequeñas, llamadas varicosidades, vívices, varículas o arañas vasculares, suponen más que nada una tragedia estética, aunque a veces pueden provocar pesadez, cansancio y sensación de quemazón local. El tratamiento más habitual es la esclerosis, que consiste en inyectar una sustancia química en la luz de la variz que provoca una irritación de la pared vascular, obligándola a reabsorberse. Su eliminación conlleva varias sesiones a cargo de un habilidoso y paciente médico.
Las varices reticulares, o de tamaño medio, empiezan a ser un problema de salud que puede degenerar en flebitis superficiales muy dolorosas. Su curación implica una fleboctomía ambulatoria, es decir, su extirpación mediante mínimas incisiones realizadas bajo anestesia local.
Las varices tronculares, grandes y gruesas, son de obligado tratamiento ya que a la larga pueden evolucionar hacia tromboflebitis profunda o úlceras. En su intervención quirúrgica se combina la extirpación mediante diminutas incisiones, el arrancamiento de los troncos varicosos y la esclerosis de las más pequeñas.