Ardor de estómago

2 Noviembre, 2008 · Archivado en Salud · Comenta 

Una sensación de ardor que comienza en la boca del estómago y a veces llega hasta el pecho. Eso es básicamente lo que se siente cuando se padece de ardor de estómago, una dolencia mucho más habitual de lo que nos creemos y, por supuesto, de lo que debiera. Además de desagradable, este mal en muchas ocasiones provoca acidez, agruras, náuseas y flatulencias.

Causas
El origen del ardor de estómago se encuentra en la debilidad de las fibras musculares de la base del esófago. La relajación del esfínter esofágico inferior, llamado cardias, permite que el ácido y otros jugos digestivos fluyan hacia el esófago. La principal, que no única, causa de la acidez, es una hipersecreción de ácido clorhídrico en el estómago; en ocasiones ésta se debe a la ingestión de alimentos muy condimentados o irritantes. El exceso en el consumo de bebidas alcohólicas y el abuso de comidas copiosas ya avanzada la noche también favorecen su aparición.

Prevención ante todo
El estrés y la ingesta de numerosas aspirinas así como otros medicamentos potentes que provocan un daño considerable en el recubrimiento o mucosa del estómago, son otros de los factores que influyen en el desencadenamiento de este síntoma y que pueden desembocar en una úlcera gástrica. Más eficaz que tratar los síntomas suele ser prevenir el problema, por lo que se deben seguir algunos consejos para evitarlo.

La primera medida a tomar cuando el reflujo deja de ser esporádico, es acudir al médico. Por otro lado, además del alcohol y las comidas condimentadas, las personas que padecen gastritis deben evitar los irritantes, como el té fuerte, el café y los extractos de carne. Las comidas regulares, pequeñas, frecuentes y blandas pueden proporcionar cierto alivio.

Gastritis y úlceras
Una de las enfermedades que más produce esta desagradable sensación es la gastritis. Con frecuencia, esta dolencia se produce por una infección en el intestino causada por una bacteria llamada helicobacter pylori, que también puede provocar úlceras gástricas. En ocasiones, sobre todo cuando llega a ser crónica en personas mayores, su origen se debe al uso prolongado de los antiinflamatorios que se consumen para combatir la artritis.

Muchos especialistas afirman que una dieta inicial basada en el consumo abundante de agua, cuyo fin es eliminar las toxinas que se encuentran en el organismo, es la más adecuada. Pero también es muy recomendable comer plátanos (aportan energía y potasio); arroz blanco hervido sin ningún aditamento, para obtener carbohidratos con bajo contenido de fibra; manzanas (por su potente efectos astringentes) y pan tostado seco (produce una evacuación blanda). Todos los demás alimentos deben evitarse durante las primeras 48 horas; las infusiones de manzanilla le ayudarán a calmar el estómago así como a aliviar algunos de esos molestos síntomas.

¿Sufres estrés?

23 Septiembre, 2008 · Archivado en Salud · Comenta 

Desde el final de milenio se asiste en butaca de patio al desconcertante despliegue de las llamadas enfermedades de la civilización. El protagonismo del estrés no tiene límite y sus costes laborales, sociales y personales tampoco.

Su siniestra sombra se proyecta sobre el absentismo, el divorcio, las arcas de la Seguridad Social, el alcoholismo, la depresión, la caspa y caída del cabello, los problemas sexuales, la neurosis, el tabaquismo, el insomnio o la drogadicción. También se persona en el desarrollo del cáncer, el asma, la gastritis, la colitis, la migraña…

Estrés urbano
El estrés afecta a una úlcera más que la alimentación, y hasta los veterinarios se lo diagnostican a perros y gatos. Lo extraño hoy es vivir en una ciudad y no padecerlo, aunque cualquier día nos sorprenderán hablando del estrés rural. Uno se siente indefenso y amenazado en un mundo competitivo e insolidario donde todo cambia a un ritmo de vértigo.

Estar a la altura de las circunstancias y dar la talla en cada uno de los frentes se convierte en una empresa titánica. La presión psicológica de este “vivir al borde” se instala furtivamente en las ajetreadas cabezas de los “urbanitas” y, a partir de ese momento, se llama estrés a todo lo que agrede.

El ruido, las prisas, la hiperactividad o el exceso de responsabilidades genera una tensión diaria a la que el organismo responde. La reacción más visible es la aceleración del ritmo cardiaco y la respiración, pero también se traduce en estados de irritabilidad, ansiedad, angustia existencial… A su vez, estos síntomas repercuten en la vida cotidiana y, reconvertidos en causas, precipitan a un círculo vicioso.

Cambios necesarios
La solución pasa por aprender a encajar sus golpes a base de introducir cambios en los hábitos de vida y profundizar en las técnicas de relajación. Es importante controlar la dieta y el consumo de estimulantes (café, té, alcohol, tabaco, drogas…). En situaciones de estrés el cuerpo no da a basto para eliminar tóxinas y esto provoca una sensación de fatiga crónica. Para recuperar el tono vital, beba mucha agua y tome un baño al menos una vez por semana.

Relajación natural
Escuchar música, darse una ducha caliente o pulverizarse el rostro con agua fría son pequeños trucos que ayudan a relajarse, aunque no está de más acudir a métodos más sofisticados como el yoga, el masaje o la sofrología. Practicar algún deporte también es una forma de descargar tensiones.

Entre las hierbas, destacan el espliego, la melisa, la valeriana, la salvia, el romero y el ginseng. La jalea real, el polen y los suplementos vitamínicos aportan su granito de arena. El magnesio hace disminuir la excitación nerviosa y está presente en los frutos secos, el chocolate, las legumbres, los cereales con cáscara, etc.