La perfecta alimentación del bebé
A la hora de seleccionar el tipo de alimentación más adecuada para el bebé, la Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia natural o materna, por ser éste el tipo de leche más completa para el bebé, la que mejor le protege y alimenta, además de reportar notables beneficios psicológicos a madre e hijo.
Las leches artificiales, a pesar de tener cada día una calidad más contrastada, no pueden equipararse a la materna, y sobre todo al calostro o leche de los primeros días. Durante estos 5 primeros meses de vida el número de tomas se reduce mes a mes, al tiempo que aumenta la cantidad administrada en cada una de ellas. Los primeros treinta días las tomas serán, aproximadamente siete; para el quinto mes se habrán reducido a cuatro.
A partir de entonces la leche materna no puede aportar todos los nutrientes que el bebé necesita para su crecimiento y desarrollo, razón por la cual es el momento de ir introduciendo nuevos alimentos.
El destete
Este cambio no tiene una fecha fija ya que depende de múltiples factores. Este es el momento del destete, proceso que hay que realizar de manera lenta, para evitar alteraciones digestivas e incluso emocionales al bebé. Debe ser la madre quien facilite la introducción de cada nuevo alimento, ya que eso aportará confianza al pequeño. Las primeras papillas hay que proporcionárselas con tiempo y paciencia.
Las papillas, en general, deberán estar bien trituradas por que el bebé se está iniciando en el uso de la cuchara y hasta los 8-9 meses no masticará perfectamente. Es importante introducirle en la masticación, ya que de lo contrario puede aferrarse a las papillas y durante los años siguientes negarse, por comodidad, a ingerir otro tipo de alimentos. Al principio todos los lactantes digieren con dificultad las papillas con cereales e incluso modifican sus deposiciones, pero pronto se acostumbran.
La papilla de frutas
La papilla de frutas es otro de los alimentos que se pueden introducir a partir del 5-6 mes, sobre todo cuando las de cereales son bien admitidas. Los primeras días hay que proporcionarle cantidades pequeñas, unas pocas cucharadas serán suficientes, y no insistir en caso de que las rechace. Eso sí, para elaborarlas hay que lavar las frutas previamente, quitarles la piel, eliminar las semillas o pepitas que se encuentren en su interior y utilizarlas a una temperatura adecuada.
Las primeras papillas de frutas incluyen poca cantidad; por ejemplo, media manzana, medio plátano bien maduro y un poco de leche o agua tibia. En este momento, 5-6 meses, el bebé puede consumir pequeñas cantidades de papillas de verduras de color blanco o naranja (con patata, calabaza, zanahorias, calabacín, puerro).
Verduras y carnes
Hasta los 10 meses no se puede recurrir a las verduras de color verde (tienen mucha fibra y facilitan la formación de gases). La yema de huevo y algunos derivados lácteos pueden ser introducidos también a partir de los 5-6 meses. En el caso del huevo, la cantidad recomendada es de una cuarta parte de la yema cocida no más de 2 veces por semana. Hay que esperar hasta los 11-12 meses para utilizar toda la yema e incluso la clara, sin llegar a superar medio huevo entero por semana.
Por lo que se refiere a los derivados lácteos elaborados a partir de la leche adaptada para bebés, podemos encontrar quesos frescos y yogures. Sólo a partir de los 12 meses conviene introducirles los derivados lácteos de uso habitual.
La carne, en general, se aporta desde los 7 meses, ya sea blanca (pollo) o roja (ternera, vaca, añojo) ya que son bien aceptadas cuando se preparan pequeñas cantidades (20 gramos). Se pueden preparar a la plancha o cocidas, y bien trituradas o mezcladas con las papillas de verduras. El pescado debe esperar al mes siguiente, elaborándose de forma similar a la carne. Finalmente las pastas, arroz y legumbres pueden comenzar a prepararse a partir de los 10-12 meses.
Nacimiento del bebé: primeros consejos
Ya hay un nuevo ser en la familia y las responsabilidades abruman más que nunca. Lo primero que hay que plantearse es que hay que disfrutar del bebé y no angustiarse por cosas que son superfluas: un cuco para dormir, pañales para estar seco y ropa para estar limpio es más que suficiente.
Es verdad que la mayoría de los padres prevén con meses de antelación cualquier contingencia con el fin de cubrir todas las necesidades del pequeño y de ellos mismos. Se puede preparar el cuarto, cambiar el armario, pintar la habitación y comprar todos los utensilios imaginables; sin embaro, hay que tener presente que todo eso es secundario y que, si llega el caso, se puede pasar sin ellos. Hay otras necesidades que son más importantes.
Organizarse bien
En los primeros días, la nueva madre va a necesitar mucho apoyo. Es ella la que se queda sola en casa porque en muchos casos el padre tiene que volver a trabajar y la que deberá enfrentarse a una serie de tareas que le van a resultar tan nuevas como agotadoras; además, siempre sentirá que le falta tiempo. El apoyo de la madre, la suegra o de cualquier otro familiar o amiga que haya tenido hijos puede convertirse en una bendición; le permitirá descansar, más cuando aún esté convaleciente del parto, y sus consejos aliviarán en parte el estrés que supone cuidar al bebé.
Poco a poco, la nueva madre se irá organizando; para ello es imprescindible que se imponga, dentro de lo posible, un horario aunque será el crío el que marque las tomas y las horas de sueño. Un bebé hace hasta ocho tomas de leche diarias, este número se va reduciendo según pasan los meses; el resto del tiempo-unas 20 horas-está durmiendo. Es recomendable aprovechar el espacio entre tomas para comer, ducharse o dormir y, tras los primeros diez días, si no hace frío, sacar al bebé a la calle con frecuencia para que la luz del sol -que nunca debe ser directa- le aporte vitaminas y le prevenga la ictericia.
Comprar con sentido
Además del tiempo, el espacio tampoco suele resultar suficiente cuando la familia crece. No conviene apresurarse a comprar; lo mejor es analizar con detenimiento qué será realmente útil o qué ayudará a ganar tiempo. Conviene disponer de un buen surtido de biberones y chupetes ya que se ensucian a menudo; además habrá que cambiar las tetinas según el desgaste, la capacidad de succión o los gustos del bebé.
El cambiador/bañera también merece la pena; impedirá que la madre se deje los riñones cada vez que baña o cambia al bebé. Por el contrario se puede prescindir del calentador de biberones si se dispone de un microondas y un buen termo para salir de casa. El humidificador sólo es necesario para ambientes secos o con calefacción alta.
¿Es realmente necesario el esterilizador? Los aparatos que lo hacen con vapor son muy cómodos, pero no imprescindibles; además, esterilizar en agua hirviendo sólo llevará unos minutos. Los comunicadores, esos aparatos que permiten oír al pequeño a distancia, tampoco son de vital importancia. La cuna se empieza a utilizar a partir del tercer o cuarto mes; hasta entonces es mejor usar el cuco porque se puede trasladar a cualquier lugar y el bebé se siente más protegido.
