Anorexia: lucha contra el espejo
Según muestran las estadísticas, son muchos, demasiados, los pacientes que son ingresados en hospitales con trastornos compulsivos de la conducta alimentaria. Son cifras que asustan, sobre todo porque con el paso de los años van aumentando, en vez de ir en retroceso.
Sin embargo, la incidencia de la anorexia y la bulimia es mucho mayor de lo que indican esas cifras. Cientos de familias españolas padecen la angustia de ver cómo sus hijas y cada vez más hijos, rechazan la comida por intentar ver en el espejo un cuerpo que nunca es suficientemente delgado para ellos. Cuando la enfermedad no ataca con excesiva severidad, los padres piden ayuda al médico de cabecera y al psicólogo.
El número de jóvenes que acuden a las consultas psicológicas por este problema acompañados por sus familiares sigue aumentando. Afortunadamente, y gracias a la difusión que han hecho los medios de comunicación del peligro y de los síntomas de la anorexia, en muchos casos lo hacen cuando la enfermedad es todavía precoz.
Adolescencia: época crítica
Los padres han vivido siempre con cierta zozobra la adolescencia de sus hijos. Unas veces por su aproximación al sexo y sus posibles consecuencias; en otros por los cambios de conducta o por el miedo a las drogas.
Hoy muchos de ellos vigilan a sus hijas a la hora de comer, observan si vomitan con excesiva frecuencia y las miran con atención por si pierden peso con excesiva rapidez. Cuando se sospecha que el problema existe, toman nota, incluso, de la frecuencia de su menstruación, ya que si se le retira puede indicar que los trastornos empiezan a hacer seria mella en su salud.
La aparición de estos síntomas provoca una lógica reacción de inseguridad y temor en la familia de la enferma o enfermo, que se transforma en desconcierto por los cambios de carácter que también se ponen en evidencia en poco tiempo. La anorexia se asocia con la introversión, una pérdida de atención e incluso cariño hacia los padres y hermanos; ni siquiera desean su contacto, por lo que no es extraño que se encierren en su cuarto durante horas, que provoquen fuertes disputas y que amenacen con abandonar la casa.
Aunque esta situación puede durar meses y provocar una verdadera quiebra emocional en la familia, es necesario vivir estos periodos con entereza. Hay que darse cuenta de que los que padecen esta enfermedad sufren los cambios a causa de un problema psicológico y que cuando éste se supera, la hija o el hijo volverán a ser los de antes. La ayuda tiene que llegar desde la asistencia especializada, pero está claro que también desde el apoyo, la paciencia y la firmeza de la familia.
Crema sana in corpore sano
La piel es la delicada armadura con la que el cuerpo planta cara al mundo. Agua (60-65%) y una fina emulsión de ácidos grasos (”sebum”) aportan turgencia, flexibilidad y elasticidad para el combate diario a pecho descubierto. Su enemigo a muerte es la deshidratación -entre cuyas filas campan los agentes externos: sol, viento, polución…- y el proceso de envejecimiento producido por la exposición a los rayos ultravioletas. Para mantener el tipo, esta coraza se embarca en una regeneración celular constante; pero si el contrincante consigue abrir brecha, la producción desciende y se reduce su poder como frontera defensiva hacia el exterior.
La cosmética natural apuesta por un concepto de belleza que hunde sus raíces en la salud de nuestra piel. Se trata de estimular sus propias funciones sin romper el equilibrio hídrico que asegura su lozanía. Sus productos, que aúnan el saber milenario sobre las propiedades de las plantas y la tecnología más actual, ya se han hecho un sitio en el mercado. Se trata de preparados menos agresivos, de carácter hipoalergénico y exentos de conservantes químicos y perfumes. En su compromiso ecológico se niegan a la experimentación en animales y apuestan por envases biodegradables.
Higiene e hidratación
El objetivo de la higiene corporal tiene como objetivo eliminar los restos de suciedad y aportar los elementos necesarios que reequilibren las alteraciones provocadas por los agentes externos. El cuidado de la piel empieza por una buena ducha; si se quiere conseguir una sensación relajante habrá que optar por un gel de melisa, con el de romero logrará revitalizarse para enfrentarse a un nuevo día de trabajo.
El segundo paso es la hidratación. El mercado ofrece dos alternativas: cremas hidratantes o aceites corporales. Cualquiera de estos productos servirá para nutrir y lubricar el preciado envoltorio; frente a la rápida absorción de la crema, el efecto del aceite perdura más. Los óleos, de primera prensa, contienen principios activos de los vegetales que sirven de materia prima para su elaboración (aguacate, oliva, germen de trigo, almendras dulces…).
Trabajo diario
La puesta a punto del rostro pasa por una exfoliación o peeling a través de preparados que contienen microgránulos derivados de frutas o vegetales. Con esta medida la piel gana en capacidad para asimilar los principios activos de los revitalizantes o reparadores con los que se la agasaje.
La limpieza es la base de una piel sana y, a diario, habrá que utilizar leches limpiadoras acordes con nuestro tipo de piel y elaboradas con extractos de plantas. Su misión consiste en acabar con los restos de maquillaje y las partículas en suspensión que penetran en los poros. Los tónicos de enzimas y activantes de fácil asimilación (pepino, tomillo, menta…) rematan la higiénica jugada con su frescor y su poder astringente o capacidad para absorber la grasa. Para terminar, es necesario aplicar una crema hidratante que ayude a la piel a mantener su humedad natural.
Cirugía plástica: el alto precio de los milagros
En sus comienzos, la medicina plástica tenía una función reparadora frente las fatalidades de la vida; llegados los años sesenta, América abanderó su revolución bajo imperativos estéticos. Hoy, países como Brasil hacen gala de una exquisita cultura de la belleza y se presta al bisturí sin prejuicios ni complejos.
El culto a la juventud eterna a golpe de talonario llega a España en la década de los ochenta, entonces sólo tenían acceso a sus favores la élite y los famosos.
¿Cirugía plástica o medicina estética?
Hay que distinguir entre cirugía plástica y la medicina estética. La primera implica pasar por el quirófano, mientras que la segunda aborda otro tipo de tratamientos menos agresivos. A caballo entre ambas se encuentra la liposucción, la intervención estrella a nivel mundial. El 90% de los que se someten a esta operación son mujeres; la intervención consiste en extraer la grasa y modelar el cuerpo. El gran riesgo a correr es la cicatrización, algo imprevisible y de lo que depende su éxito o su fracaso.
También hay que saber que los postoperatorios puede ser lentos y pesados. Cualquier detalle del cuerpo es apto para ser intervenido (rodillas, tobillos, glúteos…); los precios oscilan entre 1.000 y 6.000 euros. El tan solicitado implante de mama ronda los 3.000 euros; la liposucción de rodilla en torno a los 1.000 euros y los párpados se acercan a los 1.500 euros.
Para mujeres…y hombres
La conquista de la juventud eterna cautiva, ante todo, a las féminas. Son mujeres de entre 20 y 70 años que, cuando descubren en el espejo algo que no les gusta, deciden retocarse. Más allá de la empresaria autosuficiente, amas de casa, jóvenes estudiantes y, sobre todo, separadas acuden a las consultas de los especialistas. Aunque en abrumadora minoría, los hombres entran al trapo para restaurarse los ojos y el abdomen, cuyo tratamiento es más complicado que el de la mujer.
Entre médico y paciente se establece una relación muy especial y en muchos casos secreta; el profesional conoce las intimidades de sus pacientes y es confidente de sus complejos. Además, el cliente le adora porque le devuelve la belleza y le aporta una sobredosis de autoestima.
Correr por correr, andar por andar
Desde tiempo inmemorial, y por amor al arte, las mujeres de los pueblos acostumbraban a dar un paseo por la carretera antes de la caída de la tarde, si el tiempo y las faenas se lo permitían. El saludable hábito no se ha perdido pero los fines cambian; ya no se trata de pasear y pasar el rato dando un repaso a la actualidad local, sino que las personas de edad se entregan con aplicación a la caminata con un objetivo entre ceja y ceja: bajar el colesterol.
Más allá de los dictados de la moda y otras obsesiones, estar en forma es una clave de salud frente a la mala vida; caminar y correr son dos buenos métodos para lograrlo. El coche de San Fernando siempre ha tenido sus ventajas: se lleva puesto, se practica al aire libre, sin pagar ni un céntimo, a la hora que uno quiere y, además, no contamina nuestro maltrecho planeta. ¿Qué más se puede pedir?.
¿Qué hace qué?
La marcha y el footing son deportes de resistencia que activan nuestras funciones vitales y oxigenan nuestros tejidos. Además, exigen un esfuerzo aeróbico de media intensidad y precisan poca energía. Un largo paseo diario aporta flexibilidad a las articulaciones y estimula la circulación sanguínea. Si se camina a buen paso y se mantiene un ritmo constante, permite además deshacerse del inquietante exceso de calorías.
Caminar descalzo por la playa es un placer que tiene, como valor añadido, el masaje que el contacto del agua y la arena ejerce sobre la planta de los pies. Los diabéticos y las personas con problemas circulatorios no deberían privarse de este lujo. De cualquier modo, si decide practicar footing, no está de más que consulte con su médico; él le asesorará y le someterá a un chequeo si lo considera conveniente.
Regularidad y progresión
Correr constituye otro magnífico sistema de oxigenación de la sangre que contribuye a tensar la musculatura y plantar cara a las células adiposas que le sobran al cuerpo. Hay que empezar con moderación y, en un principio, no sobrepasar los quince minutos de carrera; la duración de la carrera se aumentará de forma progresiva, sin acelerones bruscos ni esfuerzos violentos. En las cuestas, pise el freno y disminuya el ritmo.
Para sacar partido a las piernas hay que tener en cuenta dos reglas de oro: regularidad y progresión. Tres sesiones semanales de al menos media hora se considera una frecuencia ideal. Para saborear sus efectos sobre el sistema cardiovascular, el aparato locomotor y la moral, tendrán que pasar dos meses. Recuerde que es importante usar la ropa y el calzado adecuado y entregarse a la faena siempre a la misma hora.
