Crema sana in corpore sano
La piel es la delicada armadura con la que el cuerpo planta cara al mundo. Agua (60-65%) y una fina emulsión de ácidos grasos (”sebum”) aportan turgencia, flexibilidad y elasticidad para el combate diario a pecho descubierto. Su enemigo a muerte es la deshidratación -entre cuyas filas campan los agentes externos: sol, viento, polución…- y el proceso de envejecimiento producido por la exposición a los rayos ultravioletas. Para mantener el tipo, esta coraza se embarca en una regeneración celular constante; pero si el contrincante consigue abrir brecha, la producción desciende y se reduce su poder como frontera defensiva hacia el exterior.
La cosmética natural apuesta por un concepto de belleza que hunde sus raíces en la salud de nuestra piel. Se trata de estimular sus propias funciones sin romper el equilibrio hídrico que asegura su lozanía. Sus productos, que aúnan el saber milenario sobre las propiedades de las plantas y la tecnología más actual, ya se han hecho un sitio en el mercado. Se trata de preparados menos agresivos, de carácter hipoalergénico y exentos de conservantes químicos y perfumes. En su compromiso ecológico se niegan a la experimentación en animales y apuestan por envases biodegradables.
Higiene e hidratación
El objetivo de la higiene corporal tiene como objetivo eliminar los restos de suciedad y aportar los elementos necesarios que reequilibren las alteraciones provocadas por los agentes externos. El cuidado de la piel empieza por una buena ducha; si se quiere conseguir una sensación relajante habrá que optar por un gel de melisa, con el de romero logrará revitalizarse para enfrentarse a un nuevo día de trabajo.
El segundo paso es la hidratación. El mercado ofrece dos alternativas: cremas hidratantes o aceites corporales. Cualquiera de estos productos servirá para nutrir y lubricar el preciado envoltorio; frente a la rápida absorción de la crema, el efecto del aceite perdura más. Los óleos, de primera prensa, contienen principios activos de los vegetales que sirven de materia prima para su elaboración (aguacate, oliva, germen de trigo, almendras dulces…).
Trabajo diario
La puesta a punto del rostro pasa por una exfoliación o peeling a través de preparados que contienen microgránulos derivados de frutas o vegetales. Con esta medida la piel gana en capacidad para asimilar los principios activos de los revitalizantes o reparadores con los que se la agasaje.
La limpieza es la base de una piel sana y, a diario, habrá que utilizar leches limpiadoras acordes con nuestro tipo de piel y elaboradas con extractos de plantas. Su misión consiste en acabar con los restos de maquillaje y las partículas en suspensión que penetran en los poros. Los tónicos de enzimas y activantes de fácil asimilación (pepino, tomillo, menta…) rematan la higiénica jugada con su frescor y su poder astringente o capacidad para absorber la grasa. Para terminar, es necesario aplicar una crema hidratante que ayude a la piel a mantener su humedad natural.
Cirugía plástica: el alto precio de los milagros
En sus comienzos, la medicina plástica tenía una función reparadora frente las fatalidades de la vida; llegados los años sesenta, América abanderó su revolución bajo imperativos estéticos. Hoy, países como Brasil hacen gala de una exquisita cultura de la belleza y se presta al bisturí sin prejuicios ni complejos.
El culto a la juventud eterna a golpe de talonario llega a España en la década de los ochenta, entonces sólo tenían acceso a sus favores la élite y los famosos.
¿Cirugía plástica o medicina estética?
Hay que distinguir entre cirugía plástica y la medicina estética. La primera implica pasar por el quirófano, mientras que la segunda aborda otro tipo de tratamientos menos agresivos. A caballo entre ambas se encuentra la liposucción, la intervención estrella a nivel mundial. El 90% de los que se someten a esta operación son mujeres; la intervención consiste en extraer la grasa y modelar el cuerpo. El gran riesgo a correr es la cicatrización, algo imprevisible y de lo que depende su éxito o su fracaso.
También hay que saber que los postoperatorios puede ser lentos y pesados. Cualquier detalle del cuerpo es apto para ser intervenido (rodillas, tobillos, glúteos…); los precios oscilan entre 1.000 y 6.000 euros. El tan solicitado implante de mama ronda los 3.000 euros; la liposucción de rodilla en torno a los 1.000 euros y los párpados se acercan a los 1.500 euros.
Para mujeres…y hombres
La conquista de la juventud eterna cautiva, ante todo, a las féminas. Son mujeres de entre 20 y 70 años que, cuando descubren en el espejo algo que no les gusta, deciden retocarse. Más allá de la empresaria autosuficiente, amas de casa, jóvenes estudiantes y, sobre todo, separadas acuden a las consultas de los especialistas. Aunque en abrumadora minoría, los hombres entran al trapo para restaurarse los ojos y el abdomen, cuyo tratamiento es más complicado que el de la mujer.
Entre médico y paciente se establece una relación muy especial y en muchos casos secreta; el profesional conoce las intimidades de sus pacientes y es confidente de sus complejos. Además, el cliente le adora porque le devuelve la belleza y le aporta una sobredosis de autoestima.
Obesidad infantil: prevención y tratamiento
En teoría, la prevención y el tratamiento de la obesidad infantil es bastante simple. Si se consumen menos calorías de las que se gastan, se pierde peso; por el contrario, si se consumen más calorías de las necesarias, se aumenta. Pero en la práctica, lograr que la aguja de la báscula se desplace unos centímetros a la izquierda se convierte en algo mucho más complicado.
En los países desarrollados se ha producido un cambio en los hábitos alimentarios debido a la sobreabundancia de alimentos atrayentes y altamente calóricos. Además, el estilo de vida también ha cambiado notablemente; ahora, se prefieren las actividades recreativas sedentarias, y apenas se practica ejercicio. De esta forma es muy complicado perder peso.
La obesidad infantil es una enfermedad muy grave, considerada de máxima prioridad en materia de salud pública. El problema radica en que no se tiene muy claro cuál es la mejor forma de abordar su tratamiento. Las estrategias de prevención y tratamiento existentes en la actualidad, se centran principalmente en la escuela o la familia.
Educación saludable en la escuela
Los programas de prevención centrados en las escuelas están dirigidos a todos los alumnos, no sólo a aquellos niños con problemas de obesidad. Su objetivo es fomentar una alimentación saludable y una actividad física lúdica entre los menores.
Estos proyectos incluyen demostraciones prácticas de los principios enseñados. Se modifica la composición de las comidas escolares, reduciendo la cantidad de grasas y aumentando las raciones de fruta y verduras. Asimismo, se desarrollan planes de acción para incrementar el tiempo invertido en actividades físicas durante la jornada escolar.
Pero, como es lógico, el éxito de este tipo de iniciativas depende mucho del entusiasmo del personal docente y de su formación en los principios y prácticas de un estilo de vida sano.
La familia: núcleo de salud
Existe otro tipo de programas que se centran en la unidad familiar, partiendo de la base de que, a menos que se estimule a toda la familia a adquirir hábitos de vida saludables, es muy difícil que los niños mantengan los aprendidos durante los programas escolares.
La mayoría de estos estudios cuenta, de forma directa o indirecta, con la colaboración de personal médico o asistentes sociales. Su objetivo es modificar el comportamiento de la familia al completo para garantizar el mantenimiento de un estilo de vida saludable a largo plazo, incluso después de haber finalizado el programa.
Problemas de los enfoques actuales
Según los resultados obtenidos hasta la fecha, por norma general, los programas de intervención centrados en la escuela no han logrado reducir el alto porcentaje de obesidad infantil. Por su parte, algunos estudios de terapia familiar lograron cambios favorables en la pérdida de peso a largo plazo, pero sólo en personas altamente motivadas.
Posiblemente, la razón de estos modestos resultados resida en la escasa efectividad de las recomendaciones, tanto dietéticas como relativas a la actividad física, señaladas en estos programas.
El aumento de las actividades sedentarias, como la televisión, los videojuegos y los ordenadores, la falta de espacios urbanos y suburbanos que inciten a llevar un estilo de vida activo, la mayor tendencia a comer fuera de casa, y el hecho de que las raciones sean más abundantes parecen ser otras razones que justifican el escaso éxito de estos programas.
Aun así, se considera que merece la pena continuar realizando estudios de este tipo. Las próximas investigaciones posiblemente se basarán en una combinación de estímulos en la escuela y en el hogar, con un enfoque más amplio del estilo de vida saludable.
Las patatas
En 1492 se descubrió América y con él algunos nuevos alimentos, como la patata. No fue hasta el año 1550, cuando las patatas llegaron a pisar Europa y hubo que esperar al siglo XVIII para que empezaran a utilizarse con regularidad.
Un siglo más tarde, la patata era un producto relativamente barato y se había convertido era el alimento más popular de todos los trabajadores industriales de la vieja Europa. En la actualidad, el consumo por persona y año asciende a un total de 45,4 kilos.
La patata es originaria de las montañas andinas de Bolivia y Perú, los indios quechuas, que vivían en las proximidades del lago Titicaca, conocían más de 200 variedades de este tubérculo adaptadas a diversos microclimas. En Europa se conocen unas 500 clases y en España, hay más 150 variedades autóctonas.
Cada variedad de patata tiene su cualidad culinaria específica. No sólo hay que fijarse en el tamaño, la piel y la forma, sino también en la cualidad culinaria: cocer, freír, asar, guisar o simplemente para guarnición.
Entre ellas destacan la Monalisa, para cocer o guarnición; la Red Pontiac, de piel roja, utilizada principalmente para cocer; la César, recomendada para freír; la Asterix para guisar, ya que se deshace parcialmente; la Jaerla, de carne amarilla, para cocer y la Kennebec, para freír, cocer y guisar. También está Kennebec, para freír, cocer y guisar; y Cachelos, bastante oscura, para cocer y guisar,
La patata apenas contiene proteínas, tiene indicios de grasas, buenos hidratos de carbono en forma de almidón, fibra y nada de colesterol. Además, cuenta con mucho potasio, magnesio y casi nada de sodio. Entre las vitaminas destacan las del grupo B, sobre todo B2; la C está más en la piel. Su aporte calórico no es alto, unas 80 calorías por 100 gramos; excepto fritas, que alcanzan 550 calorías por cada 100 gramos. Por eso se dice que no es perjudicial para los obesos si es cocida o hervida.
Cuando a una patata le salen brotes o zonas verdes en la piel es que contiene solanina, que puede afectar al sistema nervioso y no se elimina con el cocinado, por lo que debe eliminarse del consumo.
La Asociación Europea de la Investigación de la Patata utiliza cuatro criterios o tipos en el momento de las degustaciones: consistencia, harinosidad, sequedad y grano. Siguiendo estos criterios hemos clasificado nuestras patatas en cuatro categorías para las diferentes utilizaciones culinarias:
TIPO A: Patatas de carne firme, recomendadas para la cocción con su piel, tanto al vapor como en agua.
TIPO B: Patatas de carne suave, aguantan bien la cocción y no se desmoronan.
TIPO C - Patatas de aceptable contenido en fibra y harinosidad; ideales para fritas y purés; no son recomendables para cocción (se desmoronan).
TIPO D - Patatas de alto contenido en materia seca; se utilizan en la industria para la fabricación de féculas.
Según esta clasificación ahora podemos dividir a las patatas en varias cualidades más: para freír, asar, cocer, para guanición, etc.
Las dietas y la infertilidad femenina
Una dieta sin la supervisión de un endocrino puede originar graves problemas de salud, síntomas como la caída del cabello, estreñimiento, deshidratación o taquicardias, hasta problemas psicológicos como depresiones, insomnio. Los nuevos estudios además suman la posibilidad de sufrir alteraciones menstruales que provocan casos de infertilidad femenina.
Desde hace tiempo se viene estudiando la importancia en la relación entre alimentación y problemas de reproducción femeninos. Cada vez existen más datos sobre la importancia de la dieta en la fertilidad. Se ha comprobado que las dietas severas, más o menos intensas, que duran un largo tiempo y limitan la ingestión de ciertos grupos de nutrientes pueden forzar los mecanismos fisiológicos de organismo y conducir a la infertilidad.
Lo habitual en este tipo de dietas es que estén basadas en la exclusión de algún componente de alimentos, generalmente grasa, con el fin de “engañar” al cuerpo y lograr, de forma rápida, perder peso. Como consecuencia de esta evitación de las grasa se suelen producir alteraciones menstruales que provocan infertilidad. Esto se debe a que muchas hormonas femeninas como la progesterona se forman a partir de grasas como el colesterol. Por tanto, un aporte adecuado de grasas al organismo es muy importante para un adecuado funcionamiento de los sistemas hormonales.
Asimismo, las deficiencias de algunos oligoelementos como el ácido fólico, de ciertas vitaminas como A, C, D, E, B1 o de minerales como el selenio, zinc, calcio, yodo y hierro que se asocian con los trastornos la alimentación pueden provocar infertilidad. En estos casos, sólo el incluir un suplemento dietético con estos elementos deficitarios en la dieta de la paciente es suficiente para restaurar la fertilidad normal.
Por otra parte, los trastornos de alimentación extremos como la anorexia o la bulimia, provocan situaciones deficitarias de diversos nutrientes, suelen asociarse con la infertilidad. En el extremo opuesto, la obesidad puede producir también infertilidad, al alterar el normal equilibrio hormonal, lo que en muchos casos da lugar a síndrome de ovario poliquístico, característico en los pacientes con sobrepeso.
Infertilidad masculina
Las toxinas, metales pesados y agentes químicos de distinta naturaleza (procedentes de forma habitual de fertilizantes e insecticidas empelados en la agricultura intensiva) pueden alterar el normal proceso normal de producción de espermatozoides en el hombre.
Esta circunstancia se ha comprobado en numerosas especies animales y ahora se está comprobando en el hombre. En varios estudios realizados en varones estériles se han encontrado cantidades elevadas de folatos y de difenilos policlorionados (PCB,s) causantes de la modificación de la calidad espermática.
Dieta de la fertilidad
La dieta de la fertilidad se puede definir como aquella que no excluya ningún grupo alimenticio, y que aporte una cantidad adecuada de nutrientes. El consumo de alimentos denominados ecológicos se asocia con niveles en sangre más bajos de algunas sustancias tóxicas (como los organofosfatos) por lo que es de esperar un efecto beneficioso a largo plazo.
La Organización Mundial de la Salud considera la esterilidad como una enfermedad, consistente en la alteración de la normalidad en el proceso reproductivo de una pareja, esta patología afecta entre 60 y 80 millones de parejas en el mundo.
Aproximadamente, entre el 17-20% (cerca de un millón) de las parejas españolas padece alguna anomalía reproductora. La esterilidad puede ser por causas masculinas en un 40%, femeninas en un 40% o mixtas en un 20%, aunque varios autores aseguran que un 90% se ve influido por causas psicológicas.
