Correr por correr, andar por andar

24 Septiembre, 2008 · Archivado en Salud · Comenta 

Desde tiempo inmemorial, y por amor al arte, las mujeres de los pueblos acostumbraban a dar un paseo por la carretera antes de la caída de la tarde, si el tiempo y las faenas se lo permitían. El saludable hábito no se ha perdido pero los fines cambian; ya no se trata de pasear y pasar el rato dando un repaso a la actualidad local, sino que las personas de edad se entregan con aplicación a la caminata con un objetivo entre ceja y ceja: bajar el colesterol.

Más allá de los dictados de la moda y otras obsesiones, estar en forma es una clave de salud frente a la mala vida; caminar y correr son dos buenos métodos para lograrlo. El coche de San Fernando siempre ha tenido sus ventajas: se lleva puesto, se practica al aire libre, sin pagar ni un céntimo, a la hora que uno quiere y, además, no contamina nuestro maltrecho planeta. ¿Qué más se puede pedir?.

¿Qué hace qué?
La marcha y el footing son deportes de resistencia que activan nuestras funciones vitales y oxigenan nuestros tejidos. Además, exigen un esfuerzo aeróbico de media intensidad y precisan poca energía. Un largo paseo diario aporta flexibilidad a las articulaciones y estimula la circulación sanguínea. Si se camina a buen paso y se mantiene un ritmo constante, permite además deshacerse del inquietante exceso de calorías.

Caminar descalzo por la playa es un placer que tiene, como valor añadido, el masaje que el contacto del agua y la arena ejerce sobre la planta de los pies. Los diabéticos y las personas con problemas circulatorios no deberían privarse de este lujo. De cualquier modo, si decide practicar footing, no está de más que consulte con su médico; él le asesorará y le someterá a un chequeo si lo considera conveniente.

Regularidad y progresión
Correr constituye otro magnífico sistema de oxigenación de la sangre que contribuye a tensar la musculatura y plantar cara a las células adiposas que le sobran al cuerpo. Hay que empezar con moderación y, en un principio, no sobrepasar los quince minutos de carrera; la duración de la carrera se aumentará de forma progresiva, sin acelerones bruscos ni esfuerzos violentos. En las cuestas, pise el freno y disminuya el ritmo.

Para sacar partido a las piernas hay que tener en cuenta dos reglas de oro: regularidad y progresión. Tres sesiones semanales de al menos media hora se considera una frecuencia ideal. Para saborear sus efectos sobre el sistema cardiovascular, el aparato locomotor y la moral, tendrán que pasar dos meses. Recuerde que es importante usar la ropa y el calzado adecuado y entregarse a la faena siempre a la misma hora.

Masajes con piedras

17 Julio, 2008 · Archivado en Salud · Comenta 

El masaje con piedras se basa en la combinación de piedras calientes de lava basáltica y piedras frías de mármol, que se aplican sobre puntos determinados del cuerpo y se usan para masajear zonas especiales.

El tratamiento y masajes con piedras calientes y frías no es nuevo, otras civilizaciones lo empleaban para sentirse mejor y relajarse. Los romanos descubrieron que tumbarse sobre un mármol frío tras una baño caliente les paliaba los dolores y les relajaba. También, las indias americanas se dieron cuenta de que colocándose piedras calientes sobre el vientre aliviaban sus dolores menstruales, y esta misma técnica la aplicaban los monjes japoneses para favorecer el ayuno.

Piedras basálticas

Las piedras basálticas son rocas volcánicas oscuras y densas con una gama de color que va desde la antracita hasta el negro. Cuanto más oscura es la piedra, más tiempo retiene el calor y mayor es su contenido en hierro, lo que hace que aumente su poder magnético y por lo tanto sus bondades, entre las que destaca la dilatación de los vasos sanguíneos y linfáticos. Este tipo de piedras provienen de lugares como China, Japón, Arizona y Hawaii.

Generalmente, durante el masaje con piedras se utilizan más de 60 rocas volcánicas de tamaño, peso y temperatura diferente que alcanzan hasta los 60º C, calor con el que se consigue el equilibrio entre el ying y el yang, sin dañar ni quemar la piel.

Tratamiento con lava volcánica
En primer lugar se aplica sobre el cuerpo una exfoliación a base de granos de girasol tostado y aceites esenciales de tomillo, clavo y limón, con el fin de eliminar las células muertas de la epidermis y dejarla en óptimas condiciones para que reciba la energía de las piedras.

A continuación se remineraliza la piel con un concentrado de polvos de fonolita y abedul, rico en minerales y oligoelementos, que estimula el metabolismo celular. Por último, se realiza el masaje con piedras calientes.

Variante
Hay otro tipo de técnica que combina el masaje tradicional con las manos además de la colocación de un mínimo de 54 piedras de lava y 18 de mármol. Las primeras se calientan a una temperatura de 60 grados en un horno hidráulico, y las segundas se enfrían en el congelador o con hielo.

Durante una sesión, el terapeuta coloca sobre el paciente piedras a lo largo de la columna vertebral, el abdomen, la frente y los puntos energéticos del organismo, así como en las manos y en dedos de los pies sin olvidar una pequeña sobre el “tercer ojo”, situado en el centro de la frente. A continuación aplica el aceite esencial más adecuado para la persona y se empieza a masajear.

El poder y la magia de las piedras
Para la Humanidad las piedras siempre han sido de agrado, han significado y significan símbolos de poder y ostentación, también son amuletos y talismanes, o también se han utilizado como medicina en algún momento de la historia. Cada vez se ven más aplicaciones al universo de las gemas, capaces de relajar a una persona con un simple masaje jugando con la fuerza frío – calor.