Fiestas de cumpleaños: casi un lujo

25 Septiembre, 2008 · Archivado en Familia · Comenta 

Los hijos comienzan su agitada vida social casi antes de empezar a andar. Empiezan asistiendo a las fiestas de  cumpleaños del retoño de la amiga de mamá, pero a estos les siguen las celebraciones de los aniversarios de sus compañeros de tenis, inglés y karate y, por supuesto, las de sus compañeros de cole. A final de curso, la apretada agenda del pequeño habra hecho su pequeña aportación a la relación de gastos familiares; unos costos que se incrementarán de forma considerable si el pequeño es un gran relaciones públicas.

Obligación social
Si a lo largo del curso el pequeño asiste a una media de veinte cumpleaños, los padres tendrán que reservar un presupuesto especial para este tipo de eventos. A estas fiestas no se puede ir con las manos vacías y, hoy por hoy, no es posible encontrar un regalo más o menos aceptable por menos de 9 euros.

Si la celebración la organiza alguien del círculo más cercano de amigos el presupuesto puede dispararse hasta las 18 euros. En cualquier caso, y por aquello de dar cifras medias, no es disparatado calcular en 180 euros el presupuesto destinado a este menester.

Locales especializados
Si decide celebrar el cumpleaños de su hijo en algún local acondicionado para estos eventos, reste otras 180 euros a su cuenta. Esta cifra está calculada para una celebración matutina (más barata) a la que acudan de doce a catorce invitados. Los gastos variarán, siempre al alza, dependiendo del número de niños, del local y de la hora.

Los parques infantiles especialidados suelen disponer de piscinas de bolas, toboganes y un sinfín de aparatos de plástico para que los niños se diviertan a su aire sin demasiado peligro. Son una buena opción para los padres que prefieren evitar la presencia de veinte infantes en casa y desean librarse de la ardua tarea de recoger y limpiar el desorden resultante. A la comodidad de los padres hay que añadir el disfrute de los niños, que saltan y brincan a sus anchas, comen sólo lo que les apetece y se llevan su imprescindible bolsa de chucherías como recuerdo.

Un negocio con filón
La proliferación de locales de este tipo en la mayoría de las ciudades da una idea de la gran aceptación que están teniendo y de lo bien que resuelven la papeleta, aunque aprovechen demasiado el tirón y sus precios sean excesivos. Las dos horas que suele durar la fiesta vienen a costar entre los 9 euros y los 12 euros por niño.

En caso de que se quieran sustituir los toboganes y las piscinas de bolas por una mini discoteca con espectáculo de pompas de jabón, payasos, títeres, guiñol, una película, karaoke y piñata, la broma puede salir por unas 12 euros por niño; en el precio queda incluida la grabación en vídeo de la fiesta.

Espectáculo en casa
Dependiendo del número de asistentes, es posible que casi salga más económico contratar un espectáculo en casa. En estas fiestas a domicilio suele haber payasos, títeres, magia y animación con juegos por espacio de una hora; los precios varían entre las 100 euros y las 150 euros. Es cuestión de hacer números y decidirse. Si al niño o niña le dan miedo los payasos, algo bastante frecuente entre los más pequeños, es mejor olvidarse de esta última opción.

La fiesta más económica es la de toda la vida: una tarta con velas, emparedados, una piñata y, para que no se aburran, como animadores pueden servir el padre y algún amigo o familiar caritativo. En este caso, los gastos no superarán las 60 euros; pero este tipo de saraos sólo es recomendable para padres enrollados y con mucha marcha, de lo contrario pueden acabar de los nervios. Tenga en cuenta que la fiesta se prolongará, como mínimo, durante dos horas; ciento veinte largos minutos en los que no se podrá bajar la guardia.

Es importante tener juegos de reserva y un montón de ideas originales para poner en práctica en caso de emergencia, como pintarles la cara a los pequeños o jugar a los marcianos con pistolas de papel de aluminio. Si se acepta esta opción, lo mejor es celebrar el cumpleaños del niño un sábado, así se tendrá todo el domingo para recuperarse de la fiesta.

Caramelos y tarta
El tema de los gastos se completa con otro pequeño detalle, los caramelos para los compañeros de la clase. Si en el colegio permiten los pack de cumpleaños -algunos los prohiben y prefieren que se lleve una bolsa de caramelos para repartir entre todos- y se prefiere decide comprarlos, ha de saberse que cuestan unos 25 euros, suponiendo que en la clase del niño haya 35 niños y que cada uno de ellos salga por unos 0.75 euros. Si en el colegio o guardería es costumbre llevar una tarta, hay que añadir unos 15 euros más, pero también puede recurrirse a la tarta casera.

Si el homenajeado es el propio hijo, no hay que olvidarse del pertinente regalo. Como se trata de su cumpleaños no vale cualquier cosa; tal vez una bicicleta, una casa de muñecas, un coche teledirigido, una muñeca que llora, come y hace pipí a la vez o su primer ordenador. Llegado a este punto, y si no queda presupuesto, lo único que queda por decir es que se puede pagar en plazos.

Niños hiperactivos: sin descanso

23 Septiembre, 2008 · Archivado en Familia · 1 Comentario 

En el colegio es incapaz de atender en clase, todo le distrae y con frecuencia interrumpe a la profesora cuando está hablando. La inquietud de su mente es extraordinaria. Este comportamiento refleja todos los síntomas que caracterizan al trastorno por déficit de atención con hiperactividad.

Aunque no existen datos exactos, se cree que en España, entre un 3% y un 5% de los niños sufre este problema, que es una de las principales causas de fracaso escolar.El comportamiento de estos niños altera la convivencia familiar, los padres se ven desbordados ante una máquina que nunca descansa, pero en muy pocas ocasiones el problema se identifica como tal.

Posibles causas
Esta disfunción biológica, que hace que el niño “no pare quieto y no preste atención a las cosas”, surge por problemas en el parto y fue reconocida como tal en los años cincuenta.

Los factores genéticos tampoco están descartados. Según las investigaciones del psicólogo Russell Barkley, de la Universidad de Massachusetts, el 40% de los niños con déficit de atención e hiperactividad tiene un padre que sufre este mismo trastorno, y un 35% tiene un hermano que lo padece. Además, si el hermano es un gemelo idéntico, este porcentaje asciende hasta el 92%. Sin embargo, hasta ahora el gen o los genes en cuestión no se han descubierto. Lo que sí parece estar claro es que el problema es más común entre los varones, en una proporción dos o tres veces superior.

¿Hiperactivo o hipercinético?
No es fácil diagnosticar este trastorno en un niño. Al fin y al cabo, ¿cómo se puede distinguir un mal comportamiento por causas puramente ambientales, de un trastorno mental que supuestamente tiene un origen fisiológico? El problema se complica al no existir ningún marcador biológico fiable que los distinga. Esta indefinición lleva a que, en muchas ocasiones, los términos hiperactivo e hipercinético se utilicen indistintamente, cuando tienen poco que ver.

Ambos se refieren a niños que se mueven mucho pero, mientras en el segundo de los casos sólo ocurre en momentos o situaciones determinadas, los hiperactivos “lo son las 24 horas del día y los 365 días del año y sufren el problema desde el nacimiento. En ellos el movimiento no es el problema en sí, sino el aspecto más visible de su déficit de atención; “es como si tuviesen un motor interno”.

Cuando el interés es muy grande, el niño consigue mantener la atención, pero a costa de moverse. “La capacidad de atención del hiperactivo es muy reducida por ello, para procesar la información que recibe, necesita recargar estos niveles y lo hace cambiando de actividad o moviéndose”.

Acertar en el diagnóstico
El TDAH suele ir acompañado de dificultades en el aprovechamiento escolar y tiende a confundirse muchas veces con problemas de conducta. La experiencia de estos niños en la escuela generalmente suele ser desastrosa. Se les castiga frecuentemente por no prestar ninguna atención en clase, muchos de ellos repiten cursos y una tercera parte ni siquiera consigue el título del bachillerato y en ocasiones se asegura que “a un hiperactivo no se le puede tratar disciplinariamente, ya que si no se añade una tensión suplementaria que genera estrés y ansiedad”.

El problema no se supera con la edad, el TDAH es una condición crónica cuyos efectos suelen perdurar, con intensidad variable, a lo largo de toda la vida. Pero si se identifica de forma prematura, con 5 ó 6 años, y se le somete a un tratamiento adecuado basado en programas para mejorar la atención, un asesoramiento a los padres y -sólo en determinados casos- fármacos (estimulantes, y no tranquilizantes como cabría pensar), el desarrollo en su etapa de adulto será totalmente normal.