El peligro de los cincuenta en las relaciones
Generalmente, los años aportan estabilidad y armonía a la pareja. Se conocen más, cada uno disfruta de lo mejor del otro y acepta y sobrelleva mejor sus defectos. Pero las relaciones más duraderas pasan por crisis que pueden acabar con ellas o modificarlas hasta el punto de convertir la convivencia en una experiencia desagradable.
La peor de las crisis suele coincidir con el umbral de los 50 años. Y no porque sea una edad que dé lugar a cambios psicológicos, aunque también puede ocurrir, sino porque es en esa época de la vida cuando tienen lugar algunos acontecimientos que provocan la inestabilidad emocional de los cónyuges.
Síndrome del nido vacío
En primer lugar, los hijos empiezan a abandonar el hogar. Lo que durante años había sido una grata rutina, desaparece súbitamente: ni desayunos en familia, ni ruido, ni discusiones, ni conversaciones que daban una alegría especial a la casa. Aunque este hecho afecta mucho a los padres, son las madres las que sufren más la separación.
Es lo que se conoce como “síndrome del nido vacío”, que tiene como principales síntomas una cierta sensación de inutilidad y abandono que puede provocar cuadros depresivos. El hombre acepta mejor la marcha de los hijos, pero para él representa la madurez y la cercanía de la vejez. El problema se acrecienta si esta situación coincide con la pérdida de cabello, la falta de nuevas expectativas laborales o con algún fallo en su vida sexual.
Cambios fisiológicos
Por otra parte, la llegada del climaterio como precedente de la menopausia provoca una serie de cambios hormonales que perturban enormemente a la mujer; estas transformaciones deben ser entendidas por la pareja. Del mismo modo, las mujeres deben ser tolerantes con los cambios que sufren sus compañeros que, aunque menores, también padecen una pequeña revolución.
A pesar de no ser tan rápidos o extremos como la menopausia en las mujeres, los varones que superan la barrera de los 50 también sufren la disminución de sus niveles hormonales, según ha quedado de manifiesto en una investigación realizada en la universidad estadounidense de San Luis Missouri. Comparando los calores característicos de la menopausia y su tratamiento con estrógenos, el Dr. John Morley, director del estudio y profesor de Geriatría, asegura que en el caso de hombres se acusan pérdida de memoria, falta de deseo sexual y hasta osteoporosis, “el suministro de testosterona puede, en algunos casos, aliviar los síntomas”, asegura.
Transtornos emocionales
Si la paciencia y el apoyo son fundamentales para que la mujer no padezca una crisis emocional, también lo es que ésta conozca las alteraciones que se operan en su pareja. De no ser así, la suma de todo ello puede llevar a ambos a poner en serios aprietos una unión de muchos años. El hombre necesita sentirse de nuevo joven, lo que suele identificar con un cambio radical en su vida; la mujer, por su lado, se vuelve más exigente e inconformista en la búsqueda de un nuevo lugar como madre madura.
Estas transformaciones pueden llevar a un mayor conocimiento de ambos y hacerlos aún más complementarios. Si es así, probablemente a partir de entonces se vivirán algunos de los mejores años de la vida en común. Pero en otras circunstancias la crisis desemboca en ruptura. En estos casos, el hombre busca establecer cuanto antes una nueva relación en la que apoyarse. La mujer, en cambio, al haberse vuelto más exigente, tendrá más dificultades para formar de nuevo una pareja estable, pero si lo consigue logrará una armonía que había perdido.
¿Que tal nos llevamos con los vecinos?
Si usted vive en una gran ciudad, piense en la relación que suele establecer con sus vecinos: se saludan en la escalera; sabe que la pareja del tercero tiene gemelos; que el del primero tiene un carácter de cuidado porque siempre protesta por dónde dejan las basuras los del bajo; y quizá que Gracia, la del piso de al lado, es una mujer muy educada con un hijo bien enseñado que saluda a todos con una sonrisa.
También es posible que su relación con los que conviven en su edificio sea mucho más intensa, quizá incluso de amistad… Si es así, considérese una excepción afortunada; hoy la norma de comportamiento con los vecinos no consiste en conocerlos sino en soportarlos.
Un ejemplo
Si se propone hacer una tarta de manzana y le falta azúcar: en la mayoría de los casos baja a la tienda y lo compra, si el comercio está cerrado lo deja para el día siguiente. Porque, ¿cómo va a pedir azúcar al matrimonio de la puerta de enfrente, del que no sabe ni sus nombres?; además, va a parecer que es un gorrón que se inmiscuye en el domicilio ajeno para perturbar el ocio de los demás.
El ejemplo también es válido desde la perspectiva contraria. Llaman a la puerta y usted se encuentra con la vecina que le pide un poco de azúcar para una tarta. Se la da, claro, pero después de cerrar la puerta le dice a su pareja que le parece raro que la vecina de enfrente, de la que ni sabe su nombre, haya venido para eso. En definitiva, lo que debería ser natural se convierte en extraordinario e incluso molesto por una simple falta de comunicación previa.
Una estampa cotidiana
La mujer y el hombre trabajan y llegan tarde y cansados. En el tiempo libre diario tienen que ocuparse de la casa, de la compra o de los hijos y, con suerte, ven un rato la televisión tumbados en el sofá. La vida transcurre en el trabajo y es allí donde se hacen las amistades. Lo mismo les ocurre a los niños, que forman parte de pandillas que se hacen en el colegio y no en el barrio. Consecuencia: ¿de dónde se saca tiempo o ganas para ir a reuniones sociales con la comunidad o para pararse a hablar con el vecino que se cruza a diario en el portal?
Decídase a conversar
Si no se rompe con esa dinámica perniciosa, la conocida como unidad familiar será más unidad y menos comunidad en su propio edificio. Hay que ser conscientes de que el mejor vecino es el que se conoce, con el que se conversa y quien puede servirnos de ayuda en algún momento. No está ahí para molestar o imponer sus derechos en la comunidad. Hay que dar una oportunidad al conocimiento de los demás.
Se puede charlar con los vecinos e interesarse por su vida sin parecer entrometido, sino cortés. Una vez roto el hielo, cultive esa relación porque eso hará que su hogar sea más confortable. Por ejemplo, haga un esfuerzo y acuda a las reuniones de vecinos, un buen lugar para el encuentro más que para la disputa. A partir de entonces podrán entablarse relaciones agradables o, por lo menos, sabrá distinguir a los vecinos que merece la pena conocer mejor de los que es preferible mantenerse alejado.
Pareja y trabajo
La integración de la mujer en puestos de responsabilidad y la nueva orientación de los departamentos de recursos humanos son dos causas para el incremento de las relaciones sexuales entre compañeros de trabajo. Es ahora mucho más fácil que coincidan personas de diferente sexo. Además, la rutina laboral tiene su influencia. La adicción al trabajo puede hacer que se reduzca el tiempo para la búsqueda de pareja.
La proximidad física es un elemento decisivo para el éxito de una relación, algo que es habitual a la hora de trabajar. Por otra parte, trabajar juntos une. La intensidad de la tarea y el hecho de salir triunfante de ella origina empatía. Además, razones de salud han hecho que no se arriesgue en mantener contacto sexual con personas desconocidas.
