Hidratos de carbono
Los nutrientes que se encuentran en los alimentos se pueden dividir en macronutrientes y micronutrientes, según se precisen cantidades grandes o mínimas de ellos. Dentro de los primeros, se distinguen 3 tipos: los hidratos de carbono (también llamados carbohidratos o azúcares), las grasas o lípidos y las proteínas. En el segundo grupo se encuentran las vitaminas y las sales minerales.
Los hidratos de carbono y las grasas son los nutrientes llamados energéticos, es decir, es “la gasolina que hace andar al coche” ya que aportan calorías (que son la unidad de energía). Los hidratos de carbono aportan 4 kcal por gramo mientras que la densidad calórica de las grasas es mayor ya que aportan 9 Kcal por gramo. Una situación intermedia la ocupa el alcohol, ya que aporta 7 Kcal por gramo.
Estas calorías o energía que contienen los alimentos se libera cuando los nutrientes que constituyen el alimento son quemados u oxidados dentro de las células. Además de liberarse energía (que se puede almacenar en unas moléculas especiales, llamadas de ATP) se libera anhídrido carbónico (CO2) y agua. El CO2 es un gas que se elimina posteriormente con la respiración
Son nutrientes energéticos, popularmente denominados “azúcares”, y ampliamente presentes en el reino vegetal. Las plantas los forman uniendo anhídrido carbónico y agua, gracias a la energía del sol que toman por la acción la clorofila. El hombre los ingiere en la dieta pero también puede sintetizar carbohidratos a expensas de grasa y de proteínas.
Cambios alimenticios
Algunas personas consideran a los alimentos ricos en carbohidratos como “productos que engordan”. Esto ha hecho que en los últimos años haya disminuido su consumo y crecido el de los productos ricos en grasas y proteínas. Asimismo, la ingestión de productos manufacturados ricos en azúcar ha aumentado, y la de los feculentos y los ricos en fibra ha bajado. Sin embargo, esto tiene consecuencias nocivas para la salud.
El más conocido de los carbohidratos es la sacarosa o azúcar de caña, que es un disacárido: es decir, está formada por la unión de una molécula de glucosa y otra de fructosa. La lactosa (o azúcar de la leche) está formado por la unión de glucosa y galactosa. Los polisacáridos están formados por la unión de muchas moléculas de monosacárido y se distinguen 2 tipos principales: el almidón, que se encuentra en los cereales, tubérculos y legumbres, y los de tipo glucógeno, que es como se almacenan los carbohidratos en el hígado en el organismo.
Además hay otros polisacáridos que forman parte de la estructura de la pared celular de los vegetales y que no pueden ser utilizados por el organismo humano ya que carecen de sustancias que nos faciliten la digestión. Estos polisacáridos no utilizables es lo que constituye la fibra alimentaria.
Proceso digestivo
Cuando se ingiere un alimento rico en carbohidratos su digestión comienza en la boca gracias a la acción de un enzima: la amilasa salivar, que comienza el proceso de separación de los disacáridos y polisacáridos en monosacáridos. Este proceso culmina en el intestino dónde actúa la amilasa pancreática, de forma que los carbohidratos se absorben en forma de monosacáridos: glucosa, fructosa… A través del torrente sanguíneo, la glucosa llega a las células y penetra dentro de ellas gracias a la acción de una hormona: la insulina.
Dentro de las células, la molécula se va oxidando hasta que al final queda transformada en CO2 y agua, liberándose energía en este proceso. En concreto al quemarse 1 gramo de carbohidratos se generan 4 Kcalorías. Esta energía es necesaria, no sólo para la actividad muscular voluntaria, sino para mantener constante la temperatura corporal, para que se mantengan los gradientes iónicos de las células, las cifras de tensión arterial, los movimientos del intestino, la actividad nerviosa y cerebral….. La glucosa sobrante se almacena en el hígado en forma de glucógeno, pero cuando es excesiva se transforma en grasa y es llevada por la sangre hasta el tejido adiposo, donde se guarda para ser utilizada si es necesaria.
Cuando eliges tu dieta, eliges tu salud
La población conoce esta relación entre nutrición y la salud , y por ello, demanda información. Sin embargo, el estilo de vida y la nutrición de las sociedades avanzadas (también llamadas “occidentales”) va cambiando. Y no todos las transformaciones son favorables y tendentes a una mejor salud, como sería deseable. La falta de actividad física, sobre todo si se une a un consumo excesivo de energía, aumenta el riesgo de ciertas enfermedades crónicas relacionadas con la nutrición, como por ejemplo, la obesidad, la hipertertensión, las enfermedades cardiovasculares , la osteoporosis y determinados tipos de cánceres.
La alimentación influye en la salud humana desde la infancia y adolescencia. Por ello, es muy importante que los niños adopten formas de alimentación saludables, enseñándoles cómo deben alimentarse, aprendiendo a comer de todo y desterrando hábitos nocivos. Así se ha desarrollado el concepto de educación alimentaria o educación nutricional, como base para lograr un estado de nutrición saludable.
Una buena alimentación es indispensable para el crecimiento y la salud del individuo. Una persona bien nutrida tiene más reservas para combatir ciertas enfermedades. Al contrario, las personas desnutridas (en nuestra sociedad industrializada, los enfermos , los indigentes y los ancianos) tienen una especial susceptibilidad a desarrollar enfermedades, especialmente de tipo infeccioso. Ya lo dice el refrán “a perro flaco, todo son pulgas”.
Es fácil de reconocer que el aumento de la talla media que se ha producido en España en las últimas décadas se encuentra asociado a una mejoría de la alimentación de los escolares. Las personas bien alimentadas -lo que no significa necesariamente alimentadas en exceso- tienen un mejor rendimiento en el trabajo. De igual forma, un desayuno equilibrado es fundamental para que los niños logren un buen rendimiento escolar.
Alimentación y nutrición
Hay que diferenciar lo que es la alimentación de la nutrición. Los alimentos es la forma natural en que se presentan las sustancias nutritivas.La nutrición es el conjunto de procesos por los que el organismo transforma las sustancias químicas (grasa, hidratos de carbono, proteínas, micronutrientes…) contenidas en los alimentos, de forma que los hace utilizables por el organismo. Por ello, la alimentación (obtención de alimentos) es un proceso consciente y , sin embargo, la nutrición comienza, de forma no consciente, cuando los alimentos son digeridos por el aparato digestivo.
Los nutrientes ( que se encuentran en los alimentos) se pueden dividir en macronutrientes y micronutrientes, según se precisen cantidades grandes o mínimas de ellos. Dentro de los primeros, se distinguen 3 tipos: los hidratos de carbono (también llamados carbohidratos o azúcares), las grasas (ó lípidos) y las proteínas. En el segundo grupo se encuentran las vitaminas y las sales minerales.
La gran abundancia de alimentos en la sociedad industrializada ha hecho que cambien rápidamente los hábitos alimentarios. Además gracias a los modernos medios de transporte, hay un intercambio cultural de alimentos. Alimentos y cocinas que antes se consideraban exóticas, se están implantando con gran rapidez en nuestra sociedad. A esto se ha unido la incorporación de la mujer al mundo laboral, lo que ha supuesto una mayor dificultad para compartir los momentos de la mesa y una utilización más frecuente de alimentos preparados y precocinados. Ello implica la aceptación de platos y comidas rápidas y prefabricadas, en contraposición al concepto de alimento natural, que se ha elevado a la categoría de mito.
No existe una única dieta adecuada para conseguir una buena nutrición. Los patrones de dietas y de hábitos alimentarios varían de una sociedad a otra; en España, debido a la riqueza gastronómica de nuestra nación, varían incluso de una Comunidad Autónoma a otra. Estos esquemas alimenticios también cambian a lo largo de la vida, ya que las necesidades nutritivas varían con la edad.
Anorexia: lucha contra el espejo
Según muestran las estadísticas, son muchos, demasiados, los pacientes que son ingresados en hospitales con trastornos compulsivos de la conducta alimentaria. Son cifras que asustan, sobre todo porque con el paso de los años van aumentando, en vez de ir en retroceso.
Sin embargo, la incidencia de la anorexia y la bulimia es mucho mayor de lo que indican esas cifras. Cientos de familias españolas padecen la angustia de ver cómo sus hijas y cada vez más hijos, rechazan la comida por intentar ver en el espejo un cuerpo que nunca es suficientemente delgado para ellos. Cuando la enfermedad no ataca con excesiva severidad, los padres piden ayuda al médico de cabecera y al psicólogo.
El número de jóvenes que acuden a las consultas psicológicas por este problema acompañados por sus familiares sigue aumentando. Afortunadamente, y gracias a la difusión que han hecho los medios de comunicación del peligro y de los síntomas de la anorexia, en muchos casos lo hacen cuando la enfermedad es todavía precoz.
Adolescencia: época crítica
Los padres han vivido siempre con cierta zozobra la adolescencia de sus hijos. Unas veces por su aproximación al sexo y sus posibles consecuencias; en otros por los cambios de conducta o por el miedo a las drogas.
Hoy muchos de ellos vigilan a sus hijas a la hora de comer, observan si vomitan con excesiva frecuencia y las miran con atención por si pierden peso con excesiva rapidez. Cuando se sospecha que el problema existe, toman nota, incluso, de la frecuencia de su menstruación, ya que si se le retira puede indicar que los trastornos empiezan a hacer seria mella en su salud.
La aparición de estos síntomas provoca una lógica reacción de inseguridad y temor en la familia de la enferma o enfermo, que se transforma en desconcierto por los cambios de carácter que también se ponen en evidencia en poco tiempo. La anorexia se asocia con la introversión, una pérdida de atención e incluso cariño hacia los padres y hermanos; ni siquiera desean su contacto, por lo que no es extraño que se encierren en su cuarto durante horas, que provoquen fuertes disputas y que amenacen con abandonar la casa.
Aunque esta situación puede durar meses y provocar una verdadera quiebra emocional en la familia, es necesario vivir estos periodos con entereza. Hay que darse cuenta de que los que padecen esta enfermedad sufren los cambios a causa de un problema psicológico y que cuando éste se supera, la hija o el hijo volverán a ser los de antes. La ayuda tiene que llegar desde la asistencia especializada, pero está claro que también desde el apoyo, la paciencia y la firmeza de la familia.
