El libro de quejas o reclamaciones es de obligada disposición al público y a las autoridades competentes. El usuario español cada día está más acostumbrado a reclamar y a hacerlo bien y en esta sana costumbre han tenido muchos que ver las organizaciones de consumidores y usuarios.

Estas, además de ayudar a sus socios a resolver problemas en el terreno de la legalidad, conciencian a la sociedad con consejos prácticos sobre sus derechos y deberes como consumidores.

Reclamar, un derecho del consumidor
Las organizaciones de consumidores alertan sobre las condiciones y características que debe tener el libro, que debe estar foliado y sellado en todas sus hojas por la administración competente, y cuya existencia se debe anunciar mediante carteles bien visibles, expuestos en los lugares reservados para exhibir la publicidad.

Cualquier espectador puede utilizar el libro de reclamaciones cuando observe alguna infracción a lo dispuesto en las reglamentaciones vigentes. Para hacerlo sólo tendrá que mostrar su Documento Nacional de Identidad y anotar en el libro sus datos personales: nombre, apellido y dirección.

Causas de reclamación
Por lo general, los ciudadanos recurren a la protesta por escrito cuando el espectáculo o actividad no se desarrolla en su integridad o en la forma, condiciones y horarios anunciados. También cuando los precios de las localidades o de los artículos que se expenden en el establecimiento exceden de los marcados en las listas expuestas al público, o cuando se infringe la obligación de exponer dichas listas.

Asimismo, es causa de reclamación el hecho de que el local carezca de los servicios exigidos u omita las medidas de seguridad, higiene y comodidad impuestas en los reglamentos; o cuando no tenga las correspondientes licencias de obra y de apertura y funcionamiento o cualquiera de esas funciones se realice defectuosamente. Las licencias deben estar expuestas al conocimiento público en lugares preferentes y selladas por la Administración competente.

Se puede exigir el libro de reclamaciones si en la celebración del espectáculo o en la realización de la actividad se omiten las medidas de seguridad inherentes a su propia naturaleza. También está justificada su petición en los casos en los que no se exhibe, con la debida visibilidad, la clasificación por edades o ésta es inadecuada a juicio del espectador.

Daños y responsabilidad
Por su parte, la empresa está en la obligación de responder por los daños que, en relación con la organización o como consecuencia de la celebración del espectáculo o la realización de la actividad, se produzcan a los que en él participen o a los que lo estén presenciando. Este tipo de daños pueden imputarse a la empresa por imprevisión, negligencia o incumplimiento de las obligaciones establecidas en la legislación vigente.

Lógicamente, para que la empresa pueda desarrollar su actividad tiene que cumplir con las obligaciones impuestas por la legislación en materia de propiedad intelectual, además de poseer las licencias necesarias para llevar a cabo ésta.

En cuanto a la entrada a determinados espectáculos o recintos, muchos de ellos exhiben carteles en los que se expresa claramente que “Queda reservado el derecho de admisión”, con lo que, la empresa que organiza el espectáculo en cuestión, puede prohibir la entrada al interior de su recinto a aquellas personas que no cumplan unas normas específicas impuestas por la propia sala; este es el caso de muchas discotecas donde sólo se permite el paso a aquellas personas que van vestidas de una determinada manera.